Rechazo a Ortega en los BRICS demuestra que Rusia y China lo ven como «un peón insignificante que no vale la pena defender ante Brasil»

El reciente rechazo a la entrada del régimen de Nicaragua al grupo de los BRICS es una derrota más a la dictadura sandinista y demuestra claramente que los supuestos aliados «estratégicos» de Pekín y Moscú en realidad ven en el dictador Ortega «un peón insignificante que no vale la pena defender frente a Brasil», sostiene el analista político y dirigente opositor Félix Maradiaga.
Consultado por Artículo 66 sobre las repercusiones políticas y económicas que encarna el veto de Brasil a la entrada de Nicaragua al grupo BRICS, y que fue respetado por China y Rusia, Maradiaga opina que la dictadura está en serios problemas para buscar una «tabla de salvación», pues quedó demostrado que tanto los chinos como los rusos no tienen la paciencia para lidiar con una dictadura que no es capaz de mantenerse a sí misma.
Maradiaga recordó que, definitivamente el dictador Ortega no ha sido tomado en serio por los países integrantes del BRICS, que originalmente son Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica, que iniciaron sus encuentros en 2010. Recientemente se han sumado Irán, Etiopía y Egipto. «Regímenes como los de Daniel Ortega, en Nicaragua, y Nicolás Maduro, en Venezuela; ambos acorralados por sanciones internacionales».
«La realidad es que, al menos este año, no hay lugar para los que ya ni siquiera pueden ocultar su decadencia. Ni Venezuela, ni Nicaragua, ni Afganistán, pasaron el filtro para su adhesión a los BRICS, tras ser vetados por Brasil», refiere el politólogo desterrado por la dictadura tras mantenerlo más de un año encarcelado.
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El exreo político analiza que la exclusión de Nicaragua del BRICS en la cumbre de Kazán, Rusia, es otra señal del «aislamiento global» de la dictadura sandinista.
«Al excluir a Nicaragua, Brasil refuerza la idea de que el BRICS debe centrarse en economías más robustas, en lugar de dictaduras que buscan desesperadamente quién las puede apadrinar. La diplomacia de Ortega, que alguna vez fue cercana a Lula da Silva y al Partido de los Trabajadores, de Brasil, ha perdido cualquier atractivo para su antiguo aliado», sostiene Maradiaga.
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ejerció su poder de veto, aunque de una manera informal, para impedir que las dictaduras de Ortega y de Nicolás Maduro formaran parte del bloque BRICS, y de esa manera, el mandatario brasileño «quien alguna vez lo consideró un compañero ideológico, ahora deja claro que no compromete la reputación de Brasil ni del BRICS por un régimen “guarango”, como lo definió el Papa Francisco», apunta el analista político.
Desde el 2023, Ortega ha manifestado públicamente su intención de incorporar a Nicaragua a ese bloque que busca hacerle contrapeso el G7, donde convergen las potencias económicas occidentales, lideradas por Estados Unidos.
Sin embargo, según Maradiaga, la intención del dictador nicaragüense es unirse a los BRICS como a una «tabla de salvación de su régimen» y para ello envió a su nuevo canciller Valdrack Jaentschke a Kazán, sin embargo, el bloque lo dejó fuera «en una nueva muestra de rechazo que recuerda humillaciones anteriores, como cuando Jaentschke fue vetado como candidato a secretario del Sistema de Integración Centroamericano (SICA)».
Otra derrota a la diplomacia sandinista
El dirigente opositor y presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua sostiene que el veto a Nicaragua en el BRICS es una nueva derrota para la diplomacia de la dictadura, y ni siquiera el respaldo de Rusia y China fue suficiente ante el veto informal de Brasil.
«Esa decisión coloca a los Ortega-Murillo en la misma categoría que los talibanes de Afganistán. Pekín y Moscú no ven en Ortega más que un peón insignificante que no vale la pena defender frente a Brasil», sentenció el politólogo.
Ni rusos ni chinos le darán sombra a Ortega
El analista sostiene que el dictador nicaragüense esperaba que el BRICS fuera «un árbol donde buscar sombra, pero encontró hacha».
Señala que China «no tiene aliados incondicionales, solo intereses», y es por ello que Pekín ha comenzado a retirarse de sus compromisos con Cuba, frustrada por la incompetencia económica de la dirigencia del Partido Comunista en la isla.
«Atrás quedaron los discursos de la vieja solidaridad entre comunistas. De manera similar, Ortega descubre que, a pesar de su servilismo hacia Rusia y China, sus aliados más cercanos, éstos están más interesados en usar a su régimen como una piedra en el zapato de Estados Unidos, que en brindarle apoyo genuino a Nicaragua», destaca el politólogo.
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Asimismo, apunta que la exclusión de Nicaragua del foro político y económico que encabezan Brasil, China y Rusia, evidencia la falta de seriedad con la que se percibe a Ortega en el ámbito internacional y su incapacidad para forjar alianzas duraderas.
«La dictadura sandinista enfrenta un futuro en el que el apoyo internacional será cada vez más una quimera. Como los cubanos, Ortega descubrirá que China no tiene paciencia para regímenes que no pueden sostenerse por sí mismos. Y cuando su régimen caiga, ni China ni Rusia moverán un dedo para salvarlo», concluyó Maradiaga.

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