De Camboya a EE.UU.: las relaciones diplomáticas nicaragüenses entre mantener su imagen y lidiar con la presión

Nicaragua oficializó este 1 de octubre la acreditación de Pho Sam Ang como embajador de Camboya ante Nicaragua, después de que el diplomático presentara sus copias de estilo el 29 de septiembre en una ceremonia virtual.
Es importante señalar que Sam Ang también es embajador de Camboya en Cuba, por lo que su representación en Managua será concurrente desde La Habana.
En paralelo, el Senado de Estados Unidos confirmó a Natasha Franceschi, diplomática de carrera, que tiene rango de ministra consejera, como su embajadora ante Nicaragua durante la sesión del 30 de septiembre.
Ambos movimientos diplomáticos ocurren en momentos muy diferentes para Managua: mientras la relación con Camboya representa, según analistas consultados por Artículo 66, una forma de mantener vínculos con gobiernos que no suelen condicionar su posición con respeto a los derechos humanos, la llegada de una embajadora estadounidense de carrera abriría a un escenario de mayor presión y negociación con uno de los principales socios económicos y políticos de Nicaragua.

Camboya: una relación diplomática de bajo costo
Para el exembajador de Nicaragua ante la OEA Arturo McFields, la decisión de Managua de estrechar vínculos con Camboya responde, entre otros factores, a la afinidad entre ambos gobiernos.
En declaraciones a Artículo 66, McFields señaló que Camboya mantiene un sistema de partido único, dominado por el Partido Popular Camboyano (CPP), y aseguró que en ese país existen fuertes restricciones a la oposición, la libertad de prensa y los derechos humanos.
«Si Camboya está en esa línea, como lo está, entonces inmediatamente lo convierte en un potencial amigo o socio diplomático de Nicaragua», sentenció.
La representación de Pho Sam Ang en Nicaragua, además, no supone la apertura de una embajada residente, por lo que el diplomático atenderá la relación desde Cuba como embajador concurrente, algo que McFields considera que ocurre por una cuestión económica.
«La dictadura no tiene las condiciones para suplir una presencia en una embajada, que implica un montón de gastos: de vivienda, de transporte, de seguro médico, entonces, como no puede cumplir con eso, lo que hace es tener a un embajador itinerante», explicó.
Por su parte, el analista nicaragüense Alex Aguirre coincide en que la utilización de misiones concurrentes refleja una política exterior con una presencia diplomática reducida y, en su interpretación, busca principalmente mostrar que Nicaragua mantiene relaciones con otros países, aunque esas representaciones tengan poca capacidad para generar resultados concretos.
Aguirre sostiene que estas representaciones permiten al régimen mantener relaciones formales sin asumir el costo de una embajada residente.
«Ponen diplomáticos de adorno solo para decir que tienen un servicio exterior, pero ese servicio exterior es inexistente e inoperante», afirmó.
Enrique Martínez, vicepresidente suplente de relaciones internacionales, en el partido Ruta del Cambio, también cree que en estas designaciones hay una estrategia de «diplomacia de bajo costo».
Según Martínez, una misión concurrente permite a Managua exhibir nuevas relaciones internacionales sin que necesariamente exista una embajada permanente, una agenda económica de gran alcance o nuevos mecanismos de cooperación.
«La dictadura intenta convertir el protocolo en propaganda», afirmó Martínez.
A su juicio, cada nueva acreditación puede ser utilizada por el régimen para reforzar el mensaje de que Nicaragua mantiene relaciones internacionales y no se encuentra aislada; sin embargo, advierte que el número de embajadores acreditados no equivale necesariamente a una mayor capacidad de obtener inversiones, cooperación o influencia internacional.

Una diplomacia marcada por el aislamiento
Los tres entrevistados coinciden en otro punto: el contexto internacional de Nicaragua condiciona la forma en que el régimen construye sus relaciones diplomáticas.
Aguirre considera que Managua ha reducido su margen de maniobra internacional y que, en ese escenario, cobra importancia mantener vínculos con gobiernos que no cuestionen públicamente su política interna.
«Nicaragua ha quedado como una paria internacional con un margen diplomático superreducido». sostuvo Aguirre, quien considera que el régimen busca conservar los canales de relación con los países que todavía mantienen una relación estrecha con Managua.
McFields plantea una lectura similar desde otro ángulo: Ortega y Murillo buscan relacionarse con países que atraviesan situaciones políticas comparables o que mantienen una posición crítica frente a las democracias occidentales.
Para Martínez, estas relaciones funcionan principalmente como una herramienta para contrarrestar el relato de aislamiento.: «El régimen acumula banderas porque está perdiendo puentes; colecciona credenciales diplomáticas para disimular su creciente aislamiento» afirmó.

Estados Unidos: un canal que Managua no puede cerrar
La confirmación de Natasha Franceschi ocurre después de más de tres años sin un embajador estadounidense confirmado en Managua.
Franceschi es una diplomática de carrera del Servicio Exterior Superior y tiene rango de ministra consejera. Su nominación fue recibida por el Senado el 7 de agosto y finalmente aprobada el 30 de septiembre.
Durante su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el 24 de septiembre, Franceschi afirmó que, de ser confirmada, mantendría la presión diplomática y buscaría llevar a gobiernos autoritarios a la mesa de negociación.
Su trayectoria incluye experiencia en escenarios internacionales complejos, entre ellos Siria, Irak, Pakistán, Rusia y Bosnia, según información publicada durante el proceso de nominación.
En ese sentido, Alex Aguirre estima que su llegada puede generar una relación caracterizada por una mayor tensión, especialmente en asuntos relacionados con derechos humanos, libertades civiles y presos políticos.
«A mí no me sorprendería ver una relación marcada por tensiones retóricas, especialmente si la embajadora adopta una postura activa en relaciones y en asuntos de derechos humanos, de presos políticos, de libertades civiles», señaló.
Pero Aguirre también considera que el orteguismo tiene incentivos para evitar una ruptura con Washington: «El régimen sabe que una ruptura total con Estados Unidos tendría costos económicos y diplomáticos que no pueden asumir», comentó.
En su interpretación, McFields también observa una posición de cautela por parte de Managua, pues piensa que el régimen estaría intentando reducir la tensión mientras observa cómo se desarrolla la relación con la nueva representante estadounidense.
«No veo apetito en este momento para que la dictadura haga un movimiento sorpresa (…) como patear la mesa e ir hacia adelante, no aceptar a la embajadora y aumentar la confrontación con Estados Unidos», dijo.
El exdiplomático considera que la dictadura estaría intentando «descompresionar» la relación con Washington sin realizar cambios estructurales en el ejercicio del poder.
Entre la presión y la necesidad de negociar
Martínez coincide en que la llegada de Franceschi representa un escenario diferente al de las relaciones que Nicaragua mantiene con gobiernos políticamente cercanos.
El dirigente considera que la diplomática estadounidense no tendrá un papel meramente protocolario y que su trayectoria puede darle herramientas para negociar con un gobierno autoritario.
«La trayectoria de Natasha Franceschi indica que Washington no está enviando una figura ceremonial, sino una diplomática acostumbrada a gobiernos autoritarios, conflictos complejos y negociaciones difíciles», afirmó.
Sin embargo, Martínez también advierte que una embajadora por sí sola no puede producir un cambio político en Nicaragua, al tiempo que sostiene que su papel puede estar relacionado con la coordinación de la política estadounidense hacia Managua, el seguimiento de la situación interna y la interlocución con el régimen.
La relación entre ambos países, por tanto, podría moverse entre la presión pública y la negociación privada: «El régimen Sandinista probablemente combinará agresividad controlada en público con negociación reservada en privado», explicó Martínez.

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