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«Llegará el momento en que los tiranos sean derrotados» advierte monseñor Silvio Báez en su homilía

En su mensaje, Báez habló del sufrimiento de los pueblos oprimidos, del desconcierto ante la aparente ausencia de Dios frente al mal y de la certeza de que la injusticia no prevalece eternamente.
Por Artículo 66 octubre 5, 2025
«Llegará el momento en que los tiranos sean derrotados» advierte monseñor Silvio Báez en su homilía. Foto: Cortesía.
Monseñor Silvio Báez volvió a criticar al régimen de Nicaragua en su homilía | Foto: Cortesía.

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, dedicó su homilía de este domingo 5 de octubre en la iglesia Santa Ágatha de Miami a reflexionar sobre la profecía del libro de Habacuc, una de las más breves y contundentes de la Biblia.

En su mensaje, Báez habló del sufrimiento de los pueblos oprimidos, del desconcierto ante la aparente ausencia de Dios frente al mal y de la certeza de que la injusticia no prevalece eternamente. Sin mencionar a ningún país en particular, su mensaje resonó con una fuerza que se puede leer como una advertencia contra los regímenes que se sostienen mediante la violencia y la represión, como el caso de Nicaragua.

«Llegará el momento en que queden silenciadas para siempre las lenguas cínicas y las armas criminales de los tiranos arrogantes. Un día terminarán derrotados», afirmó el prelado, retomando las palabras del profeta Habacuc y aplicándolas a la condición humana y a los sistemas de poder que oprimen a los más débiles.

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La oración del profeta ante la injusticia

En su homilía, monseñor Báez explicó que Habacuc fue un profeta distinto a los grandes denunciadores del Antiguo Testamento, porque su voz fue una oración de lucha y esperanza. «Su profecía se parece más a una oración apasionada y solidaria», dijo. «El profeta se queja y protesta ante Dios».

Recordó que en el siglo VII antes de Cristo el imperio de Babilonia se imponía con la fuerza de las armas, mientras en el reino de Judá las autoridades locales «oprimían al pueblo, lo despojaban de su libertad y lo empobrecían cada día más».

En medio de esa realidad, Habacuc cuestionó directamente a Dios: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio, sin que me escuches, y denunciaré a gritos la violencia que reina, sin que te dignes salvar? ¿Por qué, Señor, me haces ver la injusticia y te quedas mirando indiferente la opresión?».

«No podemos ser indiferentes»

Para Báez, esas palabras expresan la oración de quien no se resigna a la injusticia ni acepta el silencio como respuesta. «Este profeta nos enseña que no podemos ser indiferentes ante los tiranos que imponen su voluntad de poder con la fuerza de la represión y la violencia», advirtió. «Nos enseña también que no debemos resignarnos a que los malvados nos amedrenten con sus discursos cínicos».

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Aunque no lo menciona, la reflexión de monseñor Báez se podría aplicar a la realidad de represión, tiranía y violencia dictatorial que padece el pueblo nicaragüense a manos de la dictadura bicéfala de los Ortega-Murillo. Una sociedad que sufre la represión, el exilio y la censura, pero que aún levanta la voz frente al poder. Su homilía reafirma que la oración y la fe no son gestos de resignación, sino actos de resistencia ética y espiritual frente a esa opresión.

La memoria como camino hacia la justicia

Báez explicó que Dios no respondió al profeta con una solución inmediata, sino con una invitación a la paciencia y la confianza: «Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tablillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará».

Esa exhortación a “escribir la visión” puede interpretarse hoy como un llamado a documentar la verdad y preservar la memoria histórica. En un contexto como el de Nicaragua, donde la dictadura ha intentado borrar los registros de la represión y silenciar a las víctimas, el mensaje de Báez adquiere una resonancia profunda.

La invitación a dejar constancia, a escribir y esperar, se asemeja a la tarea que asumen las víctimas, periodistas y defensores de derechos humanos: documentar, denunciar y mantener viva la esperanza de una justicia futura.

«Dios promete intervenir y hacer justicia, asegurando que el opresor y el tirano desaparecerán por completo, sin dejar huella en la historia», dijo Báez. Y añadió que «esperar no es dejar que las cosas ocurran, sino confiar en la promesa del Señor y colaborar con él para que ocurran los cambios históricos».

Ese mensaje conecta con el concepto de justicia transicional que la oposición nicaragüense ha mencionado como horizonte: un proceso que solo será posible si hoy se preservan las pruebas, los testimonios y la memoria de los crímenes cometidos.

Unidad y esperanza frente al poder injusto

En otro pasaje, monseñor Báez recordó que la fe, aunque pequeña, puede transformar la historia: «Una fe pequeña y humilde es capaz de cambiarnos la vida, darnos una nueva mentalidad y dinamizar nuestro compromiso por la justicia». Esa reflexión también puede entenderse como una exhortación a la unidad de los justos y de los creyentes frente al poder del mal.

«La fe no nos conduce a desentendernos y dejar todo en manos de Dios, sino que nos da la valentía para denunciar el mal y no resignarnos jamás a la injusticia», afirmó el obispo, quien llamó a no caer en divisiones ni en el desaliento.

«Luchemos con esperanza, sin cansarnos nunca, sin ponernos zancadillas y sin caer en el pesimismo», dijo el jerarca católico en lo que pareciera ser una advertencia contra el desgaste interno y la fragmentación que también afecta a las fuerzas opositoras nicaragüenses.

En su mensaje final, Báez aseguró: «Dios nos asegura el triunfo del bien y de la justicia. Bastan un puñado de corazones humildes y solidarios, un granito de fe y ojos nuevos de esperanza».

Monseñor Báez: seis años y cinco meses en el exilio

Monseñor Báez está desterrado de Nicaragua desde el 23 de abril de 2019, cuando el fallecido papa Francisco le pidió que saliera de Nicaragua por las amenazas de muerte que el régimen habría lanzado contra el líder católico.

Según informó en su momento, el propio Báez dijo que había recibido información por la entonces embajadora de Estados Unidos en Managua, Laura Dogu, de que la dictadora sandinista preparaba un plan para asesinar el obispo.

Desde que abandonó el país, Báez ha permanecido en Estados Unidos y en la mayor parte de estos años ha oficiado misas en la iglesia Santa Ágatha, en Miami.

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