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«El dictador que se cree eterno»: Monseñor Báez llama a no rendirse ante la represión en Nicaragua

El obispo auxiliar de Managua en el exilio advirtió que los pueblos pueden sentirse intimidados y agotados por la represión, pero insta a conservar la «rebeldía espiritual» frente a los poderes autoritarios y a seguir soñando con una sociedad justa y libre
Por Artículo 66 agosto 9, 2026
«El dictador que se cree eterno»: Monseñor Báez llama a no rendirse ante la represión en Nicaragua

Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, retomó este domingo el Evangelio de Mateo en el que refiere el pasaje bíblico de Jesús caminando sobre las aguas. El religioso utilizó esa reflexión para lanzar un mensaje de esperanza frente a los momentos de miedo, incertidumbre y sufrimiento que atraviesan los pueblos, en particular, Nicaragua.

En su homilía del XIX Domingo del Tiempo Ordinario, pronunciada en Miami, vinculó la imagen de la barca sacudida por el viento con las dificultades que enfrentan las personas y los pueblos sometidos a situaciones de opresión.

Báez advirtió sobre la incertidumbre que genera en los ciudadanos el sufrimiento, el cansancio y los intentos fallidos por alcanzar un cambio. «A veces el futuro de los pueblos es incierto: hay mucho sufrimiento y cansancio; pueden intimidarnos los gritos altaneros del dictador que se cree eterno», afirmó el obispo, en un análisis que remite directamente a la realidad de Nicaragua y al poder autoritario que Daniel Ortega y Rosario Murillo mantienen desde hace años décadas.

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El religioso comparó ese escenario con la tormenta que enfrentaron los discípulos en el lago de Galilea. Así como Pedro comenzó a hundirse cuando dejó de mirar a Jesús y concentró su atención en la fuerza del viento, Báez llamó a los pueblos a no permitir que el miedo y el agotamiento terminen paralizándolos. «Son los dolores de parto de una nueva sociedad», sostuvo, al plantear que las dificultades actuales no necesariamente representan el final del camino, sino que pueden preceder una transformación.

En su mensaje, el obispo, obligado al exilio desde 2019, también cuestionó la resignación ante los sistemas represivos. Consideró necesario conservar una «rebeldía espiritual» que impida aceptar como normal una realidad construida mediante la intimidación y el control. «En esos momentos no hay que caer en el desánimo; hay que conservar la rebeldía espiritual para no acostumbrarse a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor», expresó.

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La referencia adquiere especial significado en Nicaragua, donde la Iglesia católica ha enfrentado persecución, encarcelamientos, expulsiones y intentos frecuentes por silenciarla por parte del régimen sandinista. Báez presentó precisamente a la Iglesia como una barca que atraviesa aguas turbulentas y que debe mantenerse fiel a su misión aún cuando los poderes políticos intenten eliminarla.

«La pequeña barca de la Iglesia también navega entre las aguas agitadas de poderes autoritarios y represivos que la persiguen y la agreden porque no toleran la verdad de Dios que ella anuncia», afirmó. Con esta imagen, el obispo situó a la institución religiosa dentro de los sectores que han sufrido las consecuencias de la represión y que, pese a ello, mantienen la obligación de anunciar la verdad y acompañar a quienes padecen injusticias.

Báez recordó que, en el relato de Mateo, Jesús aparece durante la noche caminando sobre las aguas y dice a sus discípulos: «Tranquilícense y no teman. Soy yo». Para el obispo, esas palabras adquieren fuerza en los momentos en que el miedo amenaza con dominar a las personas y a las comunidades. «Antes de que lo busquemos, Jesús siempre se acerca a nosotros», afirmó, al destacar que la esperanza cristiana no depende de que desaparezcan primero las dificultades.

El obispo también utilizó la figura de Pedro para explicar el desafío que enfrentan quienes buscan avanzar en medio de una realidad adversa. Pedro abandona la barca después de escuchar a Jesús decir «Ven», pero comienza a hundirse cuando siente miedo ante la violencia del viento. Báez interpretó este episodio como una advertencia para quienes fijan la mirada únicamente en las amenazas y terminan perdiendo la confianza necesaria para continuar.

Monseñor Báez: «No dejemos que el mal y la injusticia se impongan por nuestra indiferencia». Foto: Artículo 66 / Cortesía, Winston Potosme
Monseñor Báez: «No dejemos que el mal y la injusticia se impongan por nuestra indiferencia». Foto: Artículo 66 / Cortesía, Winston Potosme

«Jesús nos llama a caminar siempre, no solo en los momentos luminosos y alegres, cuando todo parece claro, sino también en los momentos de duda, de crisis o incertidumbre», dijo. En el caso de los pueblos sometidos a gobiernos autoritarios, esa invitación supone, según sus palabras, a no abandonar la aspiración a un futuro distinto aunque el cambio parezca lejano y aunque los esfuerzos anteriores no hayan producido los resultados esperados.

La homilía también llamó a no renunciar a la capacidad de imaginar una Nicaragua diferente. Báez sostuvo que, frente a la imposición del miedo y la resignación, los pueblos deben conservar la capacidad de «soñar con una sociedad justa y libre». Para el religioso, esa esperanza no significa ignorar los obstáculos, sino enfrentarlos sin permitir que la represión determine para siempre el futuro de una sociedad.

El llamado se conecta con otro momento central del Evangelio: cuando Pedro comienza a hundirse, clama «¡Señor, sálvame!», y Jesús extiende la mano para rescatarlo. Báez presentó esa mano como símbolo de la protección y del acompañamiento de Dios en medio de las dificultades. «No dejemos que el miedo nos domine», pidió, al advertir que el temor puede agrandar los problemas, encerrar a las personas y hacerlas sentir incapaces de avanzar.

Al trasladar la enseñanza del Evangelio a la realidad de los pueblos, el obispo planteó que la historia todavía puede tomar otro rumbo. «Hay que lanzarse al mar de la historia y caminar como Pedro, con confianza, humildad y esperanza», exhortó. Su llamado coloca la fe no como una invitación a la pasividad, sino como una fuerza para resistir el miedo y mantener viva la aspiración de cambio.

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