EE. UU. denuncia al régimen de Nicaragua por «negar al pueblo el derecho a profesar su fe al prohibir las procesiones» de Semana Santa

El vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, cuestionó abiertamente las restricciones impuestas por la dictadura sandinista al prohibir las expresiones públicas de fe propias de la Cuaresma y la Semana Santa 2026 en Nicaragua.
«La Semana Santa es un tiempo sagrado para las familias de todo el mundo, incluida la mía. En toda América Latina, la gente se reúne en las calles de sus ciudades para profesar su fe y conmemorar la Pasión. Pero, una vez más este año, la dictadura Ortega-Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe de esta manera al prohibir tales procesiones públicas», afirmó Landau en un pronunciamiento que pone el foco internacional sobre la situación.
El mensaje del político estadounidense fue compartido por la embajada de Estados Unidos en Managua. El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo volvió a restringir de forma severa las tradicionales procesiones religiosas en las calles. Por quinto año consecutivo, la administración del Frente Sandinista limitó estas manifestaciones a los recintos cerrados de iglesias y catedrales, impidiendo que cualquier actividad traspasara sus muros.
Esta medida, que afecta profundamente a una de las tradiciones religiosas más arraigadas del país, ha generado críticas tanto a nivel nacional como internacional.
El funcionario estadounidense subrayó además el valor cultural y religioso de estas celebraciones en el país centroamericano, recordando que «Nicaragua ha acogido históricamente algunas de las procesiones más bellas y famosas de la región (por ejemplo, en Granada y León)», lo que resalta el contraste con las actuales restricciones impuestas por el régimen.
La publicación la acompañó con fotografías de los años cuando las procesiones sí salían a recorrer las calles de los distintos puntos del país.
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La prohibición no solo limita la libertad religiosa, sino que también impacta en la vida social y cultural de las comunidades, que durante generaciones han mantenido vivas estas tradiciones en el espacio público. Este año, como en los anteriores desde el endurecimiento del control estatal, los fieles se vieron obligados a concentrar sus actividades dentro de templos vigilados, bajo estrictas condiciones.
Los sacerdotes fueron obligados a entregar sus programas de Semana Santa y las misas son resguardadas por agentes policiales o civiles encubiertos.
Cruzada contra la Iglesia
Diversas organizaciones han denunciado que estas medidas forman parte de una política más amplia de persecución contra la Iglesia y contra cualquier expresión autónoma de la sociedad civil. La dictadura sandinista ha intensificado en los últimos años el control sobre actos religiosos, procesiones y manifestaciones públicas, considerándolos potenciales focos de disidencia.
El señalamiento de Estados Unidos se suma a otras voces internacionales que advierten sobre el deterioro de los derechos fundamentales en Nicaragua. La insistencia en calificar la situación como una negación de la libertad religiosa refleja la gravedad de un contexto donde incluso prácticas tradicionales y pacíficas resultan restringidas.
Landau cerró su mensaje con la esperanza de que llegará «el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa».

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