Monseñor Báez llama “raza de víboras” a los poderosos opresores y a los religiosos que se callan por miedo o diplomacia

En su homilía de este II Domingo de Adviento, pronunciada en la iglesia Santa Agatha de Miami, monseñor Silvio José Báez utilizó una de las expresiones más duras del Evangelio —“raza de víboras”— para señalar, desde la figura de Juan el Bautista, tanto a los poderes políticos que oprimen a los pueblos como a una religión que se arrastra temerosa ante los poderosos y renuncia a la defensa de la dignidad humana.
Báez recordó que Juan predicó lejos de los centros de poder político y religioso, sin buscar alianzas ni privilegios. «Juan era muy crítico de la religión acomodada de Jerusalén y de la sociedad desigual e injusta de Judea. Por eso se había ido lejos, al desierto. Era un hombre inconforme y rebelde frente a un mundo y una religión vacías de Dios», expresó.
El obispo subrayó que la raíz de esa actitud profética brotó de una libertad radical. «Lo más impactante de Juan era su libertad. No estaba atado a nada, y vivía con la convicción de que no tenía que rendirle cuentas a nadie más que a Dios», afirmó.
Libertad frente a los ídolos, el miedo y los regímenes de terror
Báez trasladó ese mensaje al presente con un llamado directo a romper la mediocridad espiritual y la resignación social. «Hoy necesitamos la libertad y la autenticidad de Juan Bautista. No debemos conformarnos con nuestra vida mediocre y nuestra existencia llena de ídolos que suplantan a Dios», sostuvo.
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Luego llamó a ejercer pensamiento crítico frente a los sistemas que normalizan el miedo. «Debemos atrevernos a pensar con libertad y con espíritu crítico frente al sistema dominante. Debemos rechazar como normales regímenes de terror que quieren obligarnos a ser indiferentes, miedosos y silenciosos», proclamó.
En el pasaje más contundente, añadió: «Es necesario alzar la voz en nombre de Dios y denunciar los crímenes de los opresores, animar a los decaídos, iluminar a los confundidos, cuidar de los pobres y defender a las víctimas».
Aunque Báez no mencionó de forma explícita a Nicaragua ni a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, este llamado conecta directamente con el contexto de persecución política, represión social y cerco contra la Iglesia que vive el país desde 2018, una lectura que surge de manera inevitable desde la realidad nacional.
La fuerza de una voz que no se somete
Báez exaltó también el valor de quien rompe el silencio impuesto por el poder. «Una sola voz que se atreva a hablar en nombre de Dios para dar esperanza a los decaídos y decir la verdad con valentía, tiene una fuerza asombrosa, aunque sea solo una voz en el desierto».
Luego insistió: «¡Qué necesarias son hoy las voces que se alzan en la sociedad para denunciar a los poderes mundanos que oprimen a los pueblos, que adoran el dinero y maltratan a los más débiles!».
Estas palabras adquieren una dimensión especial en Nicaragua, donde el poder político ha criminalizado la crítica, ha encarcelado y desterrado sacerdotes y ha intentado someter a la Iglesia al silencio, mientras algunos sectores eclesiales optan por la diplomacia y la cautela.
Una crítica frontal al poder y a la religión sometida
Báez recordó que Juan nunca practicó una fe acomodada. «La predicación de Juan Bautista no era diplomática ni temerosa, sino profética y clara».
Luego utilizó el lenguaje más severo del Evangelio para describir a quienes traicionan esa misión. «La religión que se sirve de Dios para gozar de privilegios, que se desentiende de la dignidad humana, ignora el dolor de los pobres y se arrastra temerosa ante los poderosos del mundo es una “raza de víboras”».
Aunque el líder católico en el exilio tampoco mencionó a jerarcas de su propia iglesia que han adoptado una postura dócil frente a la dictadura sandinista, en el país ha habido fuertes señalamientos contra obispos que se muestran tibios y justifican algunas acciones del régimen, u otros que incluso son vistos como aliados abiertos y defensores del sandinismo, como el caso del obispo de León, monseñor Sócrates René Sándigo, quien no tiene el mínimo problema de recibir en su catedral a connotados represores oficiales.

Enseguida, Báez añadió: «Los poderes políticos que enarbolan la mentira con cinismo, manipulan la religión para sus intereses, se endiosan con altanería y se imponen con crueldad sobre el pueblo, también son “raza de víboras”».
El obispo auxiliar de Managua tampoco se refirió a nadie en especial, pero todo apunta a que su mensaje tiene un blanco claro: Rosario Murillo y su manoseo de los símbolos religioso para tratar de imponerse como una sacerdotisa.
Un llamado final a la conciencia y a la esperanza
Báez también invitó a una revisión personal. «Hoy Juan nos diría: pónganse frente a Dios, no se engañen, no jueguen con su vida, no se contenten con la buena imagen que los demás tienen de ustedes y vayan al fondo de su corazón».
Y cerró con un mensaje de esperanza centrado en Jesús como fuerza liberadora. «Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo», citó, al recordar que la fe cristiana no nace del miedo, sino de la verdad y de la esperanza.

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