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«Nos encontramos a una madre, Nicaragua estaba en manos de una madre sencilla, inteligente y firme», así recuerda el obispo Báez a doña Violeta Barrios en los 90 

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio José Báez, expresó su profundo pesar, gratitud y admiración hacia la expresidenta nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro, fallecida la madrugada del 14 de junio en el exilio en Costa Rica. A través de un mensaje en redes sociales y un artículo de opinión publicado en Confidencial, … Continuar leyendo
Por Artículo 66 junio 15, 2025

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio José Báez, expresó su profundo pesar, gratitud y admiración hacia la expresidenta nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro, fallecida la madrugada del 14 de junio en el exilio en Costa Rica. A través de un mensaje en redes sociales y un artículo de opinión publicado en Confidencial, Báez destacó la integridad, fe y legado de paz y democracia de la exmandataria.

«Mi recuerdo cariñoso, mi gratitud y mi oración por doña Violeta. Mujer íntegra, valiente y creyente. Ahora ya vive eternamente en el corazón de Dios, en quien creyó y a quien amó», escribió el obispo en su cuenta de X. «Mis condolencias a sus hijos y a toda su familia en este momento de dolor. ¡Gracias, doña Violeta!»

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Además del mensaje público, Báez compartió una columna de opinión titulada Encuentro con una madre en Roma, donde relata una experiencia cercana con la expresidenta a mediados de los años noventa, cuando estudiaba en Roma su doctorado en Sagrada Escritura. En ese texto, el obispo revela el lado más humano y maternal de Barrios de Chamorro, que para él marcó profundamente su visión de liderazgo.

«Ella misma nos recibió en la puerta de la embajada (de Nicaragua ante la Santa Sede) con una cariñosa sonrisa y un gran abrazo», recordó Báez. «–¡Qué alegre verlos mis muchachitos lindos! –nos dijo. –¡Qué gusto me da verlos! ¡Pasen adelante!– Y luego se dirigió a algunos del personal de la embajada: –Ve, tráiganles una coca colita y un pedazo de queque a los padres–».

El obispo relató que aquel encuentro fue mucho más que una cita con la mandataria de su país. «Habíamos llegado a visitar a la presidenta de nuestro país, pero nos encontramos a una madre», escribió. «Estábamos atentos al protocolo diplomático que había que observar, pero no había ninguno, solo acogida humana y cariñosa».

Durante la reunión, hablaron no solo sobre los retos de la gestión presidencial, sino también sobre sus estudios, sus necesidades como estudiantes en el extranjero y el estado de sus familias. «Transcurrieron un par de horas de conversación amena y sencilla», escribió Báez. «Ella parecía sinceramente interesada en nuestras vidas».

La figura de doña Violeta, para Báez, encarnaba algo mucho más grande que el poder político. «Inolvidable aquel encuentro. Comprendí que Nicaragua, en aquel momento herida por largos años de guerra y dolor, de autoritarismo y pobreza, ahora estaba en manos de una madre», escribió. «Aquella mujer sencilla, inteligente y firme, estaba luchando por hacer de nuestra sociedad una gran familia».

En su artículo, Báez también subrayó la necesidad de rescatar hoy los valores que ella representó. «En la profunda crisis política y social que hoy vivimos sentimos tan necesario y urgente su estilo tan humano, su gestión tan honesta y sus grandiosos ideales de paz y democracia», afirmó.

Finalmente, monseñor Báez cerró su tributo con palabras de fe y agradecimiento: «Doña Violeta vivirá eternamente en el corazón de Dios a quien amó y adoró y será recordada siempre como admirable protagonista de una de las páginas más gloriosas de la historia de Nicaragua. ¡Gracias, doña Violeta!».

El legado de una mujer histórica

Violeta Barrios de Chamorro fue la primera mujer presidenta de Nicaragua y de América Latina elegida democráticamente. Llegó al poder tras derrotar en las urnas a Daniel Ortega en las elecciones de 1990, encabezando la coalición Unión Nacional Opositora (UNO). Su triunfo marcó el fin de una década de guerra civil entre la dictadura sandinista y la contra armada por Estados Unidos, y dio inicio a un proceso de transición democrática y reconciliación nacional.

Viuda del mártir de las libertades públicas, el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal —asesinado por la dictadura somocista en 1978—, Doña Violeta fue un símbolo de dignidad, moderación y valentía en tiempos de crisis. Su figura, austera y serena, logró aglutinar a una oposición heterogénea y profundamente dividida, y lideró con mano firme el complejo proceso de desmilitarización, pacificación y reconstrucción económica del país.

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Durante su mandato (1990-1997), enfrentó enormes desafíos, incluyendo una economía colapsada, un ejército aún bajo el control del sandinismo y la presión de sectores radicales que exigían justicia sin transiciones. Pese a las críticas, logró preservar la paz, garantizar la alternancia democrática y sentar las bases de la institucionalidad republicana.

Su retiro de la política activa no borró su influencia. Doña Violeta fue reconocida a nivel internacional como una figura trascendental en la historia democrática latinoamericana. Su imagen quedó asociada a la posibilidad de un país reconciliado, gobernado desde el respeto a la libertad y la dignidad de sus ciudadanos.

Su fallecimiento ocurre mientras Nicaragua atraviesa una nueva etapa de represión, exilio y supresión de derechos. El régimen que ella derrotó en las urnas ha vuelto al poder desde 2007, bajo la férrea dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. En ese contexto, el gesto de la familia de conservar sus restos en el exilio hasta que Nicaragua «vuelva a ser República» subraya el carácter político y simbólico de su legado.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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