Se cumplen 40 años de la primera masacre cometida un 30 de mayo por el FSLN

«Sabíamos que los sandinistas eran capaces de cualquier atrocidad, pero lo que hicieron en La Penca superó cualquier cálculo de terror», relata un veterano exguerrillero de la antigua Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), que funcionó como el brazo armado del otrora «comandante Cero», Edén Pastora.
Jubilado de la política y alejado de la vida pública, el antiguo colaborador de Pastora sobrevivió a la bomba que la primera dictadura sandinista mandó a detonar durante una conferencia de prensa, realizada por los guerrilleros antisandinistas en el Río San Juan.
Este atentado terrorista ocurrió el 30 de mayo de 1984, aproximadamente a las 7:00 de la noche, en un campamento guerrillero ubicado en La Penca, una antigua comarca pantanosa cercana al río, fronterizo con Costa Rica.
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El Objetivo «oculto» de la conferencia
De acuerdo con la memoria del exguerrillero, el vocero de ARDE y sobrino del «Comandante Cero», Orión Pastora, fue el encargado de telefonear a los medios costarricenses y agencias de prensa internacional para convocarlos a una reunión.
En ese entonces, Costa Rica, que acababa de declarar internacionalmente su neutralidad en el conflicto de Nicaragua, prohibió a Pastora brindar declaraciones en territorio tico, con el fin de no comprometer al país en su búsqueda de un acuerdo de paz regional.

El veterano cuenta que «muchas cosas estaban pasando en el ámbito internacional que afectaba la lucha de ‘Cero’ contra los sandinistas». En mayo, ARDE había tomado el pueblo de San Juan del Norte y bombardeado posiciones sandinistas en el sur de Nicaragua.
El Ejército atacó con aviación y fuerzas navales en los puntos donde se encontraba Pastora, provocando una masacre de civiles, guerrilleros e indígenas. Cientos de pobladores huyeron a Costa Rica para salvar sus vidas.
«Estados Unidos estaba presionando para que Edén Pastora se integrara a la dirigencia de la Contra que operaba en el Norte, pero él decía que esos eran somocistas y él era sandinista. No estaba dispuesto a ceder», dice el exguerrillero.
Ataque sorpresa a periodistas
«La CIA estaba afectando el suministro de armas, Costa Rica quería expulsar a Pastora por diplomacia y había fuerzas políticas desde Washington D.C., que consideraban que el liderazgo de Pastora no estaba provocando los efectos deseados a los sandinistas. Habían invertido mucho dinero en la guerra y Pastora no estaba ganando, al contrario, estaba teniendo muchas bajas», recuerda el exmilitante, desde Estados Unidos.
Pastora, que planeaba viajar a Venezuela para buscar nuevas fuentes de financiamiento, convocó a la prensa para denunciar las presiones de la CIA y San José contra ARDE. Aquella noche, unos 23 periodistas costarricenses y extranjeros salieron en caravana de San José a San Carlos y luego a Boca Tapada, donde zarparon en cayucos a La Penca.

«No estaba en los planes de nadie que atacaran a los periodistas. Nadie lo esperaba, no creíamos que fueran capaces de eso… Teníamos dos anillos de seguridad en un área de hasta cinco kilómetros alrededor de la base de La Penca, uno dentro de Nicaragua y otro a lo largo de la ribera del río, en las márgenes del sur y norte», asegura el exguerrillero.
«Los periodistas llegaron y Pastora los recibió, pero acordaron que iban a entrevistarlo hasta el día siguiente porque necesitaban mejor luz. Edén iba explicar unas operaciones con un mapa, pero algunos reporteros empezaron a preguntarle cosas y de pronto se armó una rueda», recuerda.
El veterano y otros guerrilleros estaban fuera de la cabaña «haciendo posta», pero un jefe de tropas le hizo una seña para que llevara un documento que «Cero» iba a mostrar, así como el mapa de operaciones donde los sandinistas habían provocado una masacre unos días antes.
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«Fui a traer los papeles en una ‘champa’, a unos 12 metros, y ya iba entrando cuando explotó la bomba», cuenta. Primero detonó una explosión sorda que iluminó todo el perímetro y después se levantó en una columna roja hacia el cielo.
Luego despertó con quemaduras y heridas de esquirlas en el cuerpo, mientras lo jalaban para montarlo en una panga que lo llevaría a San Carlos. «Me ardía todo, como si tuviera despellejado todo el cuerpo y me hubiera echado alcohol. Luego vi que había cuerpos alrededor de la base, heridos y lamentos por todos lados y me di cuenta de que el jefe (Cero) iba bien fregado, pero aún vivo», relata.
Los periodistas víctimas
En esa masacre murieron ocho personas, entre ellas los costarricenses Jorge Quirós, periodista, y Leónidas Martínez, camarógrafo. Linda Frazier, corresponsal estadounidense del periódico The Tico Times en Costa Rica, también falleció. Las otras cinco víctimas eran guerrilleros.
De igual manera, más de 22 personas resultaron gravemente heridas por culpa del atentado terrorista, que marcó el principio del fin de ARDE, organización que dos años después del suceso se desarticuló como fuerza guerrillera.
Una investigación de una comisión especial de Costa Rica, e información revelada después de la tragedia, indican que lo que ocurrió en La Penca fue «un atentado terrorista planificado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN».
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Según el Instituto de Estudios Internacionales y de Seguridad (IUA, por sus siglas en inglés), el principal autor del atentado fue el argentino Vital Roberto Gaguine, un revolucionario de extrema izquierda que operó bajo la identidad falsa del periodista danés Per Anker Hansen.
Aunque el IUA recoge otras teorías sobre la autoría del atentado, considera a Gaguine y a la extrema izquierda argentina colaboradora del sandinismo como responsables del ataque en La Penca.
Según los informes, Gaguine fue llevado a La Penca por el periodista sueco Peter Torbiörnsson, quien más tarde admitió en Nicaragua haber llevado al supuesto autor del atentado en La Penca, donde le perdió el rastro tras la explosión.

Sandinismo detrás del crimen
Jorge Masetti, quien fue responsable de la seguridad del Estado del régimen sandinista, afirmó años después que «el operativo se realizó bajo la dirección de Lenin Cerna, jefe de inteligencia, Renán Montero y Tomás Borge, exministro del Interior y director de la Seguridad del Estado del sandinismo».
En su documental de 2010 denominado «El último capítulo», Torbiörnsson también acusa a Borge de ser el causante del atentado, aunque este replicó que Torbiörnsson fue «cómplice con su silencio».
Gaguine supuestamente murió en el asalto a La Tablada, Argentina, en 1989, pero no aparece en la lista de muertos del Departamento de INTERPOl ni de la Policía Federal Argentina, Debido a que actualmente se desconoce su paradero o su estado actual, se dictó una orden de captura internacional contra él, que aún sigue vigente.
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El atentado tuvo profundas repercusiones, no solo por la violencia y las muertes que causó, sino también por las revelaciones posteriores sobre la implicación de diversos actores internacionales. En 2011, Edén Pastora, ya trabajando como funcionario de la segunda dictadura sandinista, acusó a Torbiörnsson de ser «parte de un comando terrorista bajo el mando de la CIA» y exoneró al FSLN de la acción terrorista.
Desde el año 2010, cada 30 de mayo se conmemora el Día Nacional del Periodista en Costa Rica, en honor a los hombres y mujeres de prensa que perdieron la vida o resultaron heridos en el atentado organizado por el FSLN.
La efeméride se celebra con diversos actos conmemorativos, incluyendo ceremonias oficiales, charlas y seminarios sobre el papel del periodismo en la sociedad y la importancia de proteger la libertad de prensa. La celebración sirve como un recordatorio del valor del periodismo independiente y la necesidad de defender los derechos de los comunicadores en todo el mundo.
Segunda masacre
34 años después del atentado terrorista en La Penca, el FSLN volvió a provocar otro baño de sangre un 30 de mayo en Nicaragua, cuando se celebraba el día de las madres nicaragüenses en medio de una brutal represión desatada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Después de 43 días de protestas sociales en todo el país, se registraron más de 60 personas asesinadas por disparos de policías y paramilitares organizados, leales a la familia dictatorial, con el respaldo y asesoría del Ejército sandinista.
Según cálculos de diversas organizaciones humanitarias, cerca de medio millón de nicaragüenses salieron a marchar ese día exigiendo el fin de la represión y demandando justicia por las masacres de las fuerzas de seguridad sandinistas. 19 personas fueron asesinadas, ocho de ellas en Managua, siete en Estelí y una en Masaya.

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