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“Mía o de nadie”: el último video del femicida de Villa Reconciliación revela la cara del machismo en Nicaragua

Villa Reconciliación amaneció el sábado 22 de junio de 2025 como cualquier otro barrio de Managua. Nadie imaginaba que, en una de las casas de esta comunidad, Bayardo José Morales Osorio, de 43 años, cometería uno de los crímenes más atroces: asesinó a su exesposa, Julissa Asunción Montoya Chavarría, de 46 años, y a su … Continuar leyendo
Por Artículo 66 julio 4, 2025
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En lo que va de 2025, se han registrado 51 femicidios en toda Nicaragua | Foto: Internet

Villa Reconciliación amaneció el sábado 22 de junio de 2025 como cualquier otro barrio de Managua. Nadie imaginaba que, en una de las casas de esta comunidad, Bayardo José Morales Osorio, de 43 años, cometería uno de los crímenes más atroces: asesinó a su exesposa, Julissa Asunción Montoya Chavarría, de 46 años, y a su hija adolescente. Luego, se suicidó.

Nueve días después, salió a la luz un video que desató la indignación de muchos y sobre todo una urgente pregunta: ¿cuántas señales de advertencia más deben ignorarse para que el Estado nicaragüense actúe con firmeza contra el feminicidio?

En las imágenes, que se hicieron virales a través de las redes sociales, Morales aparece llorando. Su rostro refleja angustia y pérdida de control. «Mi esposa era mía. Solo para mí», repitió una y otra vez, como si buscara justificar el crimen, como una declaración de propiedad, mientras con el mismo celular mostraba los cuerpos de su expareja y de su hija tendidos sobre la cama, ya sin vidas.

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La escena fue la culminación de un ciclo de violencia que sufrió Julissa Asunción Montoya Chavarría y que el sistema judicial de Nicaragua dejó avanzar de manera impune.

Una fuente del Observatorio de Violencia Contra las Mujeres en Nicaragua, que pidió omitir su nombre por seguridad, lo describe con claridad: «Ese hombre se creía el dueño de ese territorio. Sos mía o de nadie, es una frase del machismo. Hizo una atrocidad, disfrazada de acto romántico y cobarde».

Un sistema que ignoró a Julissa y a su hija

Julissa había denunciado. En enero de 2025, Morales fue procesado por intimidación y amenazas. Durante algunas semanas estuvo en prisión preventiva, pero el 31 de enero, el juez Harold Leal Elías autorizó la suspensión condicional del juicio, argumentando que el acusado no tenía antecedentes penales y que el delito «era menos grave», detalló el portal La Lupa Press. Salió libre y cinco meses después mató a Julissa y a su propia hija.

«No hay conciencia de género, no hay protección. El femicidio, como tantos otros que han ocurrido, se pudo haber evitado si se hubiera aplicado la ley 779. No hay y no existe el compromiso real de los que están arriba», lamentó.

Según cifras del Observatorio de Violencia, ya van 42 femicidios en lo que va de 2025. Las autoridades, sin embargo, no emiten datos oficiales. Nicaragua es uno de los países latinoamericanos que no informa de manera transparente sobre los crímenes por razones de género. Las estadísticas son construidas por organizaciones independientes o medios de comunicación, denunció la activista anónima.

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Un Estado machista

El video que grabó Morales no fue solo una confesión. Es el testimonio de un doble crimen machista, planificado y con un mensaje claro a la sociedad de Nicaragua: se protege a los agresores, violadores y al femicida.

«Pide perdón, como si hubiese cometido un pecado, pero no es un pecado, es un delito. Ese video refuerza la violencia. Estamos al borde del abismo. El enemigo está dentro de la casa y el gobierno le está dando impunidad. Lo están normalizando», denunció la vocera.

Alertó a demás que la falta de datos es también una forma de impunidad, de silenciar la magnitud de una crisis que crece a puertas cerradas, dentro de las casas. «Lo que hicieron con la suspensión condicional de este caso fue una canallada. Taparon el grado de violencia. El lugar más inseguro para una mujer en Nicaragua es su casa».

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Desde el anónimato, la activista cuestionó que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo quiera vender al mundo la imagen de un país «seguro y en paz», cuando dentro de las casas muchas mujeres viven con miedo de morir y de denunciar y cuando finalmente se atreven a hablar, como lo hizo Julissa, el sistema les responde con impunidad, indultando al agresor.

Según datos oficiales, en Nicaragua se han abierto más de 400 Comisarías de la Mujer, que deberían ser, en teoría, unidades policiales especializadas en violencia de género. Pese a esto, las mujeres en Nicaragua siguen muriendo, bajo la sombra de la impunidad.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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