La familia Ortega-Murillo convierte el Hotel Seminole en exclusivo complejo residencial

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo transformó el antiguo Hotel Seminole en un exclusivo complejo residencial. La propiedad, ahora reconvertida en apartamentos, ha pasado a ser gestionada de forma privada, bajo el nombre «Apartamentos Jacaranda».
La estructura, que durante décadas destacó por una arquitectura y decoración de corte clásico y sobrio, luce ahora una fachada blanca, minimalista y un diseño moderno que busca atraer a nuevos inquilinos.
Sus antiguas 80 habitaciones han sido remodeladas para ofrecer apartamentos que prometen «confort, estilo y tranquilidad» en una ubicación considerada estratégica cerca de la confiscada Universidad Centroamericana (UCA).
Una cuenta oficial en Facebook, habilitada desde el pasado mes de abril, confirma el giro radical: el inmueble abandonó su antiguo perfil ejecutivo para centrarse exclusivamente en un ambiente residencial.
Donde antes se alojaban viajeros de negocios, diplomáticos y observadores electorales, hoy se promocionan áreas verdes y espacios pensados para el bienestar familiar bajo el lema «vive mejor, vive en Jacaranda».

«Descubrí el equilibrio perfecto entre confort, estilo y tranquilidad en Apartamentos Jacaranda», se lee en, al menos, nueve publicaciones en las que se ofrecen los espacios en renta.
De activo de Albanisa a residencia privada
En 2009, el Hotel Seminole pasó a manos de la empresa mixta ALBANISA tras ser adquirido por el régimen por un monto aproximado de 11 millones de dólares, en una operación que incluyó también la adquisición de dos haciendas y 3 mil cabezas de ganado.
En aquel momento, el propio Daniel Ortega confirmó que la compra se financió con excedentes del acuerdo petrolero con Venezuela, bajo el mandato del fallecido presidente Hugo Chávez.
Esta adquisición vinculó la propiedad a una estructura señalada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de los Estados Unidos de operar como una red de corrupción y opacidad financiera.

A pesar de que el mandatario aseguró en aquel entonces que el sitio se convertiría en un centro de mejoramiento genético ganadero, el lugar se mantuvo como un área hotelera que contaba con un restaurante especializado en cortes de carne y disponía de salones de conferencias destinados a eventos corporativos, además de áreas de esparcimiento que incluían un gimnasio y un casino.
Jacaranda bajo opacidad
La crisis de 2018 obligó al cese de sus actividades hoteleras, pero ocho años más tarde el edificio resurge bajo el mismo modelo de opacidad. La actual transformación carece de informes sobre el financiamiento de las obras y la identidad de sus administradores.
Así, el patrimonio económico de Albanisa se reconvierte en activos inmobiliarios de lujo, consolidándose como una herramienta de enriquecimiento para el círculo íntimo del régimen.

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