Rafael Solís pide más presión contra Ortega: «Hay que llegar al derrocamiento por la vía política»

El exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, Rafael Solís Cerda, considera que la salida a la crisis política de Nicaragua debe pasar por una mayor presión internacional y no por una intervención militar.
Para el exasesor cercano de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), prevista para el 2 de octubre, será un momento clave para medir hasta dónde están dispuestos a llegar los países del hemisferio.
Solís, quien fue cercano a Daniel Ortega y Rosario Murillo y rompió con el régimen en 2018, sostiene que las opciones políticas, diplomáticas y económicas todavía deben agotarse.
«Hay que tratar de llegar al derrocamiento de la dictadura por la vía política», afirmó durante una entrevista con Artículo 66.
El exmagistrado considera que la vía armada no tiene perspectivas en el corto ni mediano plazo y que Nicaragua no debería repetir los episodios de violencia y derramamiento de sangre de su historia reciente.
Su apuesta está ahora en la presión internacional. Mencionó las acciones que puedan adoptar Estados Unidos, los países europeos y otros gobiernos, pero puso especial atención en la reunión de cancilleres de la OEA.
Solís espera una resolución «contundente»
Para Solís, la reunión no debería terminar en una nueva declaración diplomática sin consecuencias. Plantea que los cancilleres adopten una resolución que declare ilegítimo al régimen de Ortega y Murillo y que también se pronuncie sobre las reformas constitucionales aprobadas en enero de 2025 y en primera vuelta el 1 de septiembre de 2026.
«La resolución probablemente sea contundente, sea fuerte, que no se quede solamente en declaraciones, sino que también se meta al campo de algunas acciones», dijo.
Según su planteamiento, después de la reunión cada país podría adoptar medidas por separado y luego coordinar acciones. Solís retomó el concepto de «unilateralismo colectivo» mencionado por el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, como una posible vía para aumentar la presión.
El exmagistrado también considera posible que la OEA cree una comisión de seguimiento para evaluar el cumplimiento de las decisiones que se adopten.
Solís no ve, por ahora, una intervención militar como parte del escenario. Recordó que incluso el primer borrador de resolución presentado por Estados Unidos, según dijo, no contemplaba una referencia al uso de fuerzas militares.
«Por ahora no lo veo sinceramente en el escenario», afirmó. Sin embargo, señaló que el tema podría discutirse nuevamente en 2027 si las circunstancias cambian.
Dos fechas que Solís pone sobre la mesa
El exmagistrado plantea que el 10 de enero de 2027 será una fecha importante. Recordó que ese día vence el período para el que Ortega y Murillo fueron electos en 2021.
Solís sostiene que las reformas constitucionales posteriores son nulas e inconstitucionales y cuestiona qué ocurrirá cuando llegue esa fecha. «¿Qué van a hacer ellos el 10 de enero cuando se les vence su periodo?», preguntó durante la entrevista.
Entre las posibilidades que menciona están una negociación, una salida del poder o que Ortega y Murillo decidan ignorar las resoluciones internacionales y permanecer en el Gobierno.
Otra fecha que considera relevante es el 18 de enero de 2027, cuando está prevista la segunda vuelta del proceso de reforma constitucional iniciado el pasado 1 de septiembre.
A su juicio, lo que ocurra entre enero y esas decisiones podría modificar el escenario político del país. Pero insiste en que los nicaragüenses deben tener un papel activo. «La solución de Nicaragua pasa por los nicaragüenses con el respaldo de la comunidad internacional», sostuvo.
«No hay que caer en la desesperación»
Solís también rechazó la idea de que los nicaragüenses deban limitarse a esperar una intervención extranjera.
«Yo no creo en esa teoría de que se pida una intervención militar y nosotros en palco esperando que lleguen a sacar a los dictadores», dijo.
También llamó a evitar divisiones entre los sectores de oposición. «Debemos de unirnos todos los nicaragüenses», afirmó, al considerar que las diferencias entre grupos de derecha e izquierda no deberían convertirse en un obstáculo para enfrentar al régimen.

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