Obispo Silvio Báez llama a no callar ante poderes arbitrarios: «La democratización de los pueblos está cerca»

El obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, desterrado de Nicaragua por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, lanzó este domingo un mensaje firme contra las dictaduras y los poderes represivos durante su homilía de este domingo, 25 de enero.
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Al reflexionar sobre el arresto de Juan el Bautista, Báez subrayó que la represión no logra silenciar los ideales ni la voz de Dios y advirtió que, aunque se intente callar a los profetas, la esperanza y la verdad siempre resurgen con más fuerza.
En un mensaje claramente vinculado a la realidad de Nicaragua y otros países de la región, el obispo afirmó que muchas naciones atraviesan «experiencias dolorosas de poderes arbitrarios que amenazan, reprimen y encarcelan», y sostuvo que no es tiempo de guardar silencio ni de caer en el desánimo.
«Para la Iglesia, no es el momento del silencio. Es el tiempo de hablar para iluminar la oscuridad del momento, alimentar la esperanza del pueblo y denunciar las estructuras opresivas que han prevalecido, pero que están a punto de desaparecer (…) la liberación y la democratización de los pueblos están cada vez más cerca».
Báez también alertó sobre un escenario internacional marcado por el uso de la fuerza, la negación del derecho y el desprecio hacia los sectores más vulnerables, así como por un sistema económico que coloca la riqueza por encima de la dignidad humana.
Llamó a «enrumbar la historia» y a volver a creer en la razón, la paz y la fraternidad, citando al papa León XIV cuando proclamó que «es la hora del amor».
Llamado a líderes políticos
En otro momento de su homilía, Báez dirigió un llamado directo a los liderazgos políticos para que no limiten su discurso a los organismos internacionales o a los medios de comunicación.
«Es el momento en que los líderes políticos hablen directamente a la gente, al pueblo, con sabiduría y solidaridad», afirmó.
El obispo insistió en la necesidad de escuchar a quienes permanecen dentro del país, acompañar sus procesos organizativos y sostener su esperanza.
«El futuro de nuestros pueblos no está únicamente en manos de las grandes potencias o de los líderes políticos, sino que está fundamentalmente en manos del mismo pueblo y en su capacidad de organizarse», dijo.
«No estamos destinados a vivir esclavizados ni atrapados en una vida oscura y sin sentido (…) es posible avanzar hacia comunidades más justas y pacíficas si se abandona la lógica del egoísmo y se adopta la lógica del amor y el respeto hacia los demás».

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