Obispo Silvio Báez llama a buscar justicia y paz frente a un mundo «cegado por ideologías»

Durante la homilía de la fiesta del Bautismo del Señor, celebrada este 11 de enero de 2026 en Miami, el obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, exhortó a los fieles a vivir una fe comprometida con la justicia, la paz y la valentía, inspirada en la humildad de Jesús, en un contexto mundial y nicaragüense marcado por la polarización, la injusticia y los egocentrismos.
Al reflexionar sobre el bautismo de Jesús en el Jordán, Báez subrayó que el Mesías no se presenta con poder ni privilegios, sino que «se mezcla con la muchedumbre» y asume la condición humana herida. Según el obispo, este gesto revela un modelo de liderazgo basado en la cercanía, el servicio y la renuncia al protagonismo, especialmente necesario en tiempos de crisis social y política.
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El prelado afirmó que Jesús muestra que «el auténtico liderazgo se caracteriza por la humildad y la cercanía a la gente», una enseñanza que interpela directamente a quienes ejercen responsabilidades públicas y sociales. El mensaje se aplica a grupos de oposición en Nicaragua que mantienen una disputa por posicionarse como espacio de poder sin reflejar proyectos que coloquen a la ciudadanía en el primer plano.
En un país como Nicaragua, sumido desde 2018 en una profunda crisis sociopolítica, estas palabras resuenan como un llamado a poner en el centro la dignidad de las personas y el bien común.
Báez recordó que el bautismo de Jesús marca el inicio de una misión guiada por el Espíritu, orientada a «pasar haciendo el bien» y a liberar a los oprimidos. En ese sentido, invitó a no dejarse arrastrar por ideologías que dividen y deshumanizan, y a optar por el discernimiento y la compasión como caminos para construir una paz verdadera.
El obispo alertó que las ideologías, cuando se absolutizan, «simplifican y etiquetan a las personas» y terminan justificando estructuras de opresión. Frente a ello, propuso dejarse conducir por el Espíritu para tener la valentía de denunciar las injusticias, acompañar a las víctimas y trabajar activamente por una sociedad más justa y reconciliada.

Desde su experiencia, Báez habló con la autoridad de quien conoce el costo del compromiso evangélico. El obispo permanece en el exilio desde 2019, tras ser forzado a salir de Nicaragua en medio de la represión contra la Iglesia y las voces críticas al régimen. Su palabra, pronunciada lejos de su país, mantiene viva la denuncia profética y la esperanza de un futuro distinto.
En la homilía, Báez insistió en que Dios no actúa desde la distancia, sino que «se abaja hasta la humanidad herida para salvarnos». Esta cercanía divina, afirmó, anima a los creyentes nicaragüenses a no rendirse ante el miedo, la persecución o el cansancio, y a seguir trabajando por la justicia y la paz con espíritu humilde.
El obispo recordó que cada persona es llamada «hijo amado, hija amada» de Dios, una certeza que fortalece el compromiso cristiano en contextos adversos. Vivir desde esa identidad, concluyó, permite actuar con serenidad, valentía y alegría, sin apagar el gozo de luchar por un país y un mundo más humanos, reconciliados y en paz.

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