Marisol Castillo, la teniente coronel que ahora huye de Rosario Murillo junto a su esposo Lenin Cerna

El pasado 31 de julio, mientras se conocía la noticia de que la dictadura Ortega-Murillo apresaba al comandante de la revolución y miembro de la dirección nacional histórica del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Bayardo Arce Castaño, tras el allanamiento a su casa; en el kilómetro 11 de la carretera a Masaya, un numeroso contingente de efectivos de la Dirección de Operaciones Especiales Policiales (DOEP) también estaba cercando la casa del exjefe de la temida Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) de los años 80, Lenín Cerna Juárez.
Pero Cerna ya no estaba ahí. Se había fugado desde tres días antes. Una fuente de Artículo 66 que conoce lo avispado que es el secretario de organización del FSLN dijo que el otrora hombre fuerte del espionaje sandinista «olfateó» que venían tras sus huesos. «Alguien le sopló» que la codictadora Murillo finalmente había dado la orden de apresarlo, dice este informante.
Cerna, uno de los más temidos agentes represivos de la dictadura sandinista de los 80 y uno de los más inescrupulosos conspiradores leales a Daniel Ortega, habrían abandonado su casa desde la noche del 26 de julio para esconderse en casas de seguridad, pero no se fue solo, se fue con su esposa, Marisol Castillo, que, aunque hasta ahora no se dice que Murillo haya ordenado atraparla a ella también, no se quedó esperándola y se alzó con su esposo, pues sería cosa de horas para que también esa orden fuera dictada desde El Carmen, el centro de operaciones de la nueva mandamás del FSLN.
¿Quién es la esposa del exjefe de la DGSE que, al igual que su esposo, sería percibida por Murillo como un estorbo en sus pretensiones dinásticas? Aquí construimos un perfil de la mujer que se esconde junto a Cerna para ponerse a salvo de la cacería canibalesca desatada por la mujer de Daniel Ortega, que aspira a heredar el poder político del nuevo dictador de Nicaragua.
De la historia de vida de Castillo se desprenden los motivos por los cuales Rosario Murillo no iba a dejarla ilesa y por ello decidió irse a la “clandestinidad” junto a su esposo, Lenín Cerna, sobre el que pesan innumerables acusaciones de violaciones a los derechos humanos, desde su posición de militar sandinista y más recientemente como asesor, en la sombra, en temas de espionaje.
Cómplice de fraudes electorales y corrupción de Ortega y le sabe mucho
En el año 2000, durante la administración del exmandatario Arnoldo Alemán Lacayo se dieron los cuestionados acuerdos de gobernabilidad conocido como el “pacto de la impunidad” entre el caudillo liberal y el sandinista Daniel Ortega, mediante el cual se repartieron cuotas de poder en todos los entes del Estado.
Alemán buscaba mantener su influencia directa en todo el aparato gubernamental una vez que saliera de la Presidencia en enero de 2002 y Ortega buscaba colocar a fichas de su entera confianza y con gran capacidad organizativa y conspirativa, pero sobre todo leales a ciegas a su persona, en instituciones claves que le garantizaran su regreso al poder, como el CSE, y es precisamente ahí, en ese sensible ente encargado de organizar y fiscalizar elecciones que colocó a la militar en retiro Marisol Castillo Bellido como magistrada electoral.
Su perfil era ideal para Ortega, pues había sido la máxima jefa de la Dirección de Personal y Cuadros del Ejército Popular Sandinista (EPS) durante todos los años de la guerra de los 80. Es decir, fue la responsable, bajo órdenes directas de Humberto Ortega, de controlar la distribución, asignaciones, cargos, ascensos y preparación en el exterior de toda la oficialidad de un Ejército que en el momento pico de la guerra llegó a tener unos 60 mil efectivos entre reclutas del Servicio militar obligatorio y permanentes, según datos extraoficiales.
Desde esa posición, Castillo avaló las elecciones presidenciales de 2001 que perdió su jefe y las de 2006 que sí ganó. También participó en la organización y validación de las elecciones de 2011, que fueron cuestionadas como fraudulentas. Además en elecciones municipales y regionales que el sandinismo empezó a ganar como por arte de magia con la “aprobación” de Castillo junto magistrados tan cuestionados como el fallecido presidente del CSE Roberto Rivas Reyes.
Pero los servicios de Castillo a Daniel Ortega no se limitaron al tema electoral. Se mantuvo como magistrada del CSE desde el 2000 hasta el 8 de abril de 2014, cuando renunció oficialmente para convertirse en “controladora propietaria” de la República. Pasó de “fiscalizar” elecciones, que empezó a ganar solo su jefe, a “fiscalizar” los bienes del Estado, administrados a su antojo por su mismo “patrón” y jefe político.
En la Contraloría compartió funciones con cuatro contralores propietarios más, entre ellos la hija de Arnoldo Alemán, María Dolores Alemán Cardenal, y otros tres suplentes, pero entre todos ellos nunca lograron detectar ni un solo acto de corrupción de los funcionarios orteguistas y ni siquiera vieron pasar los miles de millones de dólares de la cooperación petrolera venezolana que, según diversas investigaciones periodísticas sirvió para enriquecer a la familia Ortega-Murilo.

Estando la contralora Marisol Castillo en el ente fiscalizador, esa institución se convirtió en un cascarón infuncional y pasivo frente a la corrupción sandinista. La esposa de Cerna se mantuvo en el puesto durante ocho años y renunció en el 2022.
En su renuncia enviada a la Asamblea Nacional, la teniente coronel en retiro argumentó que se retiraba porque se dedicaría a su familia y a sus proyectos personales.
“Yo, a estas alturas, necesito dedicar más tiempo a mi familia y a tareas pospuestas, sintiendo la satisfacción del deber cumplido”, dijo Castillo en su carta de renuncia dirigida a la Primera Secretaría de la Asamblea Nacional que aprobó su retiro el 17 de noviembre de 2022.

Asimismo, al renunciar, Castillo aseguró que Nicaragua había “evolucionado institucionalmente” y que se sentía “orgullosa de haber participado en ese proceso”. Hoy se esconde de ese aparato institucional que según ella había «evolucionado» y el cual con su ayuda se consolidó como una maquinaria dictatorial.
Nacida en “cuna somocista” para convertirse en sandinista
Marisol Castillo Bellido nació en cuna liberal-somocista. Es la primogénita de José María (Chema) Castillo Quant y Ana María Bellido, de nacionalidad Chilena. Su padre era funcionario del dictador Anastasio Somoza y fue asesinado por un comando sandinista durante una operación guerrillera que asaltó su casa el 27 de diciembre de 1974 con el objetivo de tomar rehenes y canjearlos por militantes sandinistas presos, entre los que se contaban el propio Lenín Cerna, su actual su esposo, y el ahora dictador Daniel Ortega.
En una entrevista concedida por Cerna el desaparecido periódico El Nuevo Diario en abril de 1999, señala que su actual esposa y su suegra fueron consideradas “sospechosas” de conspirar contra su propia familia para que el comando sandinista asaltara su casa en donde resultó muerto el propio Chema Castillo, sin embargo niega esa supuesta conspiración pero sí confirma que madre e hija mantenían amistad con guerrilleros de la época y que Marisol terminó involucrándose en actividades sandinistas después del asesinato de su padre.

Fue en esa época de colaboradora sandinista que conoció al guerrillero Edgard Lang, quien se convirtió en su primer esposo, según contó Cerna en su entrevista con el Nuevo Diario, aunque ese dato no aparece en ninguna biografía que los sandinistas han editado de Lang, quien fue asesinado por la Guardia somocista en abril de 1979 en León.
La teniente coronel y jefa de la Direccion de Cuadros del Ejercito sandinista
Tras el derrocamiento de Somoza, Castillo fue integrada con el grado de capitán al naciente EPS y casi de inmediato participó en la organización de ese cuerpo armado en el que ocupó el cargo de jefa de la dirección de Personal y Cuadros, la oficina encargada de trabajar el tema de ubicación, cargos, ascenso en grados, becas para estudios en el extranjeros y registro de todos los oficiales y soldados del cuerpo castrense.
De profesión socióloga, graduada en la Universidad de Georgetown, EE.UU. se convirtió en una de las únicas tres mujeres en ocupar cargos en la comandancia general del Ejército y en alcanzar el grado militar de teniente coronel, rango con el que se retiró de las Fuerzas Armadas a inicios de los años 90, tras la derrota electoral del sandinismo a manos de doña Violeta Barrios de Chamorro, como cabeza de la Unión Nacional Opositora (UNO).
Tras su retiro del Ejército se casó con el exjefe de la DGSE y siguió vinculada estrechamente al FSLN en la oposición. Cuando su esposo fungía como el secretario de organización y jefe de los llamados “comandos electorales” sandinistas, ella fue colocada por Ortega como magistrada del CSE. Su esposo dirigía la organización electoral en el Frente Sandinista y ella era una de las encargadas de organizar y fiscalizar los procesos votación.
Siempre se mantuvo leal a Ortega y al FSLN pero su esposo cayó en desgracia ante Rosario Murillo y se fugó, y con él, se fue ella. Huyen juntos de la cacería de Murillo, vuelven a la clandestinidad como en la época somocista, solo que ahora se le esconde a sus viejos compañeros. A quienes ahora están convertidos en la nueva dinastía familiar que oprime a propios y ajenos con tal de preservar el poder.

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