Bukele va por la reelección indefinida en El Salvador. Replica el modelo autoritario de Ortega en Nicaragua

El oficialismo en El Salvador, encabezado por el partido Nuevas Ideas de Nayib Bukele, ha presentado y aprobado con dispensa de trámite una propuesta de reforma constitucional que legaliza la reelección presidencial indefinida, amplía el mandato presidencial de cinco a seis años y elimina la segunda vuelta electoral. Con esta iniciativa, el Congreso salvadoreño —dominado por la bancada oficialista y sus aliados— da un paso más hacia la consolidación de un régimen con rasgos autoritarios, emulando el modelo impuesto en Nicaragua por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La reforma fue presentada este 31 de julio por la diputada oficialista Ana Figueroa, respaldada por 56 diputados: 53 de Nuevas Ideas y tres de los partidos aliados PCN y PDC. La iniciativa modifica los artículos 75, 80, 133, 152 y 154 de la Constitución de El Salvador y establece que quien haya sido presidente podrá postularse cuantas veces quiera, eliminando cualquier límite a la reelección.
«Solamente ustedes van a decidir hasta cuándo apoyan a su presidente y a todos los cargos de elección popular», dijo Figueroa al defender la propuesta. El oficialismo alega que la reforma busca «dar soberanía al pueblo» y «modernizar el sistema electoral».
Pero la oposición ha denunciado que se trata de un proceso exprés y sin debate democrático. La diputada Marcela Villatoro, del derechista partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) advirtió que «los diputados oficialistas ya se quitaron las máscaras. Han hecho una confesión pública de matar la democracia disfrazada de legalidad. Esta es la crónica de una muerte anunciada que lleva varios años fabricándose en esta Asamblea Legislativa».
Además de permitir la reelección indefinida, el decreto aprobado establece que el actual mandato presidencial —que inició el 1 de junio de 2024— terminará de forma anticipada el 1 de junio de 2027. A partir de ese año, se unificarán las elecciones presidenciales, legislativas y municipales, una fórmula que ya fue aplicada por la dictadura nicaragüense para consolidar el poder de Daniel Ortega.
La diputada Villatoro además tomó la palabra en el plenario legislativo salvadoreño para denunciar que con esa maniobra, «hoy ha muerto la democracia».
En Nicaragua, Ortega reformó la Constitución en 2014 para eliminar el límite de reelección presidencial y ha manipulado el marco legal para reelegirse indefinidamente desde 2007. También eliminó la segunda vuelta electoral y redujo el sistema democrático a una fachada que le ha permitido concentrar todo el poder en manos del Ejecutivo y su círculo familiar. La propuesta de Bukele sigue ese mismo libreto.
El Salvador había prohibido expresamente la reelección presidencial inmediata en al menos seis artículos de su Constitución. En marzo de 2021, el propio Bukele decía: «No, no hay reelección [en El Salvador] y yo estaría fuera de la Presidencia a los 42 años». Sin embargo, ese discurso cambió abruptamente tras la toma de control de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, cuyos magistrados fueron nombrados irregularmente por la Asamblea oficialista en mayo de 2021.
Fue esta Sala la que, el 3 de septiembre de 2021, reinterpretó el artículo 152 de la Constitución salvadoreña para permitir la reelección inmediata. Bukele anunció su candidatura el 15 de septiembre de 2022 y fue inscrito sin obstáculos legales por el Tribunal Supremo Electoral. Ahora, con esta nueva reforma, el proceso culmina con la legalización total de la reelección indefinida.
La reforma también elimina la segunda vuelta electoral, lo que, al igual que en Nicaragua, reduce el margen para que una oposición dividida pueda disputar el poder.
Los diputados oficialistas han celebrado la iniciativa como una victoria democrática. El presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, escribió en su cuenta de X: «El poder reside en el pueblo. Y solo el pueblo tiene el derecho a decidir. ¡DEMOCRACIA!».
Por su parte, el diputado Caleb Navarro expresó: «Hoy estampé mi firma para respaldar la propuesta de reforma constitucional que moderniza y sincroniza el ciclo electoral en El Salvador».
Navarro no tuvo el mínimo recato para enumerar públicamente las pretensiones de esta modificación constitucional: «Con esto buscamos: reelección presidencial indefinida, dar más poder de decisión al pueblo, reducir costos y burocracia, fortalecer la democracia, eliminar la segunda vuelta presidencial, unificar elecciones en 2027 para mayor eficiencia. ¡Seguimos haciendo historia!».
Sin embargo, para analistas y críticos del gobierno, lo que está en marcha es una transformación estructural del sistema político salvadoreño que reduce los contrapesos democráticos y concentra el poder en un solo partido y un solo líder, como ha ocurrido en Nicaragua. La diferencia, advierten, es de grados, no de modelo.
Aunque en El Salvador aún existen espacios de oposición política y medios críticos, el rumbo marcado por esta reforma apunta hacia una regresión autoritaria con precedentes en América Latina. La historia reciente de Nicaragua es una advertencia sobre lo que puede ocurrir cuando la reelección indefinida, el control del sistema judicial y la eliminación de garantías democráticas se combinan en manos de un régimen populista.

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