Murillo ordena instalar más «chayopalos» en Managua, pretendiendo que se olvide el rechazo popular a esos símbolos

El próximo domingo, 23 de junio, cuando en Nicaragua se celebra el Día del Padre, por órdenes de la vicedictadora Rosario Murillo, serán inauguradas en Managua otras 16 estructuras metálicas más, que representan al «árbol de la vida» o como los llama popularmente la población «chayopalos o arbolatas», en un intento de la vocera gubernamental por imponer esos símbolos de otras culturas ajenas a Nicaragua y por los que el pueblo ya expresó su rechazo derribando decenas de ellos durante las protestas sociales de 2018.
Este viernes, 21 de junio, la vocera gubernamental y segunda al mundo de la dictadura, durante su monólogo diario a través de los medios de la propaganda oficial, anunció que, el próximo domingo, en conmemoración a los mártires sandinistas y a Carlos Fonseca, que estaría cumpliendo año ese día, serán inaugurados 16 «árboles de la vida» en la capital.
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Las estructuras, de más de 10 metros de altura y que según diversas investigaciones periodísticas tenían un costo de aproximadamente 25 mil dólares, serán instaladas este fin de semana.
Al costo de construcción, instalación y mantenimiento de los arbolatas, se le debe sumar el valor de la energía eléctrica que consumen a diario las más decenas de bombillos con los que son iluminados.

«Este domingo, Día del Padre, 16 árboles de la vida estarán siendo instalados, como reconocimiento a la gesta heroica de tantos héroes y mártires que han dado su vida para que vivamos con dignidad, soberanía y derechos en nuestra Nicaragua», dijo Murillo.
Los llamados árboles de la vida empezaron a ser instalados en Managua en 2013, inicialmente en la Avenida Bolívar, luego fueron colocados en toda la capital. Se calcula que, para el 2018, cuando estallaron las protestas sociales que exigían el fin de la dictadura, habían en la ciudad capital al menos 140 «chayopalos» que habrían costado unos 3.5 millones de dólares al Estado. No se conoce ningún proyecto de reforestación que tenga un costo ni del 20% de lo que cuestan los arbolatas.
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Durante las protestas sociales, la población en rebeldía contra la dictadura Ortega-Murillo, arremetió contra las estructuras metálicas porque los consideran un símbolo de «poder maligno» de Murillo, quien es conocida por prácticas esotéricas, al punto de haber intentado organizar en Nicaragua un congreso mundial de brujería en 1990.
Algunos manifestantes expresaron en aquel momento que derribar los “chayolatas” es una manera simbólica del derrocamiento de la dictadura, la violencia, el derroche estatal y la represión.
«Empezamos a entregar estos 16. Son los que vamos a inaugurar este domingo, símbolo de vida, de paz, de fortaleza espiritual, de victoria, de esperanza invicta», concluyó la vicedictadora.

Siembren mas arboles naturales hay que pedir sabiduría a Dios