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La vejez en la historia

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MBA y Economista
La vejez en la historia. Foto: Internet
La vejez en la historia. Foto: Internet

(1) El período de mayor gloria para los ancianos tuvo lugar en el tiempo de las culturas primitivas. Entonces la longevidad era motivo de orgullo para el “clan” que consideraba a los ancianos depositarios del saber y la memoria que los conectaba con los antepasados. Los brujos y chamanes, que también ejercían labores de sanación, de jueces y de educadores, eran igualmente hombres mayores.

En las sociedades antiguas alcanzar edades avanzadas significaba un privilegio, una hazaña que solo podía lograrse con la ayuda de los dioses. Por tanto, la longevidad equivalía a una recompensa divina dispensada a los justos.

En la Grecia antigua cambió la percepción del papel del anciano en la sociedad a partir del momento en que el lenguaje se volvió escritura. Se advierte entonces el horizonte cultural de la excelencia (areté), la exaltación al heroísmo y a la plenitud, la concepción griega de sus héroes como semidioses.

Al producirse el giro del mito al logos, la percepción naturalista, el sentido de perfección de los griegos desplazan al viejo a una situación desmedrada.  Para los griegos adoradores de la belleza, la vejez, con su deterioro inevitable, significaba una ofensa al espíritu y motivo de mofa en sus comedias.

La excepción fue Esparta. Los espartanos despreciaban lo cómodo y lo agradable. El régimen espartano tenía un senado (Gerusía) compuesto por veintiocho miembros, todos con edades de más de sesenta años.

Atenas fue diferente. Los ancianos fueron perdiendo poder desde la época arcaica. En tiempos de Homero (mediados del S. VIII a.C.) “el consejo de los ancianos” sólo era un órgano consultivo. Las decisiones las tomaban los jóvenes. En el período de Solón (640-560 a.C.)  el poder se concentraba en el Areópago, institución aristocrática de personajes inamovibles compuesta de ancianos arcontes. Tenían amplios poderes parecidos a los de la Gerusía espartana.

Con la llegada al poder de los demócratas el Areópago perdió sus facultades políticas y judiciales quedándoles sólo las honoríficas. Los ancianos no volvieron a tener un papel importante. Atenas, en general, permaneció fiel a la juventud.

(2) La otra gran fuente cultural de nuestra civilización occidental proviene de la tradición hebreo-cristiana, cuya historia la encontramos en las 45 obras del Antiguo Testamento que abarcan un lapso de aproximadamente un milenio de acontecimientos.

Durante el nomadismo de los hebreos los ancianos cumplieron una función importante en la conducción de su pueblo.  Moisés tomaba las decisiones en consulta directa con Dios, que le dice: “Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles..”. Yahvé le ordena también “Vete delante del pueblo y lleva contigo a los ancianos de Israel”.

En Números, encontramos la creación del Consejo de Ancianos: Yahvé dijo a Moisés: “Elígeme a 70 varones de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo para que te ayuden a llevar la carga y no la lleves tú solo”. Los ancianos fueron investidos de una misión sagrada, ser portadores de un espíritu divino. En cada ciudad el Consejo de Ancianos era todopoderoso y sus poderes religiosos y judiciales incontrarrestables.

Después del 935 a.C. comienza la discrepancia con el Consejo de Ancianos. Durante el período de los reyes, los soberanos respetaban las atribuciones de los ancianos y hay múltiples referencias de armonía entre el soberano y el Consejo.

A la muerte de Salomón, tras cuarenta años de reinado, lo sucedió su hijo Roboam, quien tuvo una actitud diferente y desechó la opinión de los ancianos. La imagen de los viejos comenzó a deteriorarse.

El exilio fue una de las experiencias más traumáticas para el pueblo Israelita. La derrota militar (586 a.C.) y la conquista de Jerusalén por los babilonios significó el término de seiscientos años de reinado davídico. Sólo durante los ochenta años de gobierno asmoneo (120-60 a.C,), los judíos conocieron una independencia política que no volverían a conocer sino hasta la proclamación de la independencia del Estado de Israel (1948).

El exilio mejoró la posición de los ancianos. Pero no solo los ancianos sino también varones maduros intervinieron en la vida pública. Este modelo se mantuvo en la organización de la sinagoga, presidida por un colegio de ancianos que formaban también parte del “sanedrin” compuesto por 71 miembros representantes de la aristocracia laica (ancianos) intérpretes de la ley (escribas) y de las grandes familias sacerdotales.

Después del siglo V los ancianos van perdiendo influencia política.  Pero en términos generales el anciano en el mundo hebreo ocupó un lugar relativamente importante basado en la dignidad que se le otorgaba en la Torá.

(3) Otra fuente importantísima de nuestra civilización occidental a consultar en cuanto al trato a los ancianos, es la cultura romana.

La época de oro para los ancianos fue la República. En el siglo I antes de nuestra era, Augusto, el sobrino y heredero de Cesar, tras cruenta lucha por el poder, inauguró un nuevo período, floreciente para las artes y la economía, aunque también, comenzó la declinación del poder del Senado y los ancianos, el cual se mantuvo menguado durante todo el Imperio.

Al perder el poder familiar y político y luego de haber concentrado la riqueza, la autoridad y la impopularidad, los ancianos cayeron en el desprecio y sufrieron los rigores de la vejez.

Sin embargo, los romanos habían construido un mundo desprejuiciado y tolerante, donde se luchaba por el poder, pero en el que no había segregación por razones de raza, religión o ideología. Los romanos; criticaron a los individuos, pero no así a un período de la vida, como la vejez o ancianidad, por tanto mantuvieron la dignidad de los ancianos.

En términos generales el imperio romano le dedicó mucha atención a los ancianos y se plantearon los problemas de la vejez desde casi todos los aspectos: políticos, sociales, psicológicos, demográficos y médicos.

Desde el siglo VI la Iglesia fue casi la única institución de unión de una adolescente Europa Occidental, emergente de los escombros del Imperio. Fue una época de contrastes y confusión, de yuxtaposición de costumbres bárbaras y romanas. Primó la ley del más fuerte, por tanto, los ancianos estaban desfavorecidos.

La Iglesia no tuvo una consideración especial para los viejos. Un ejemplo es La “Regla del Maestro”, reglas monásticas del siglo IX ( que desplaza a los ancianos a labores de portero o pequeños trabajos manuales.

Alrededor del año mil, la Iglesia impusó a la población rural y luego a la aristocracia, la monogamia y la exogamia (no casarse con una prima), lo cual se tradujo en una familia estable y, por ende, más protectora de los ancianos.

(4) En el mundo moderno (comienza en el S. XV), el pensamiento liberal y sus consecuencias políticas revolucionarias derivaron en la formación de repúblicas (entrada en vigor de la constitución de los EE.UU. en 1789) lo que significó un cambio de poder, pero también la aparición de un nuevo contingente de ciudadanos: los burócratas.

Antes de las revoluciones liberales el poder se asentaba en los reyes y sus familiares, y en el círculo próximo de la nobleza. El Estado se identificaba con personas concretas. En cambio, el Estado moderno era impersonal, reglamentado y el poder era representativo. Se entiende que en este sistema surgiera la progresiva despersonalización y el creciente predominio de los burócratas.

Un hito significativo es la jubilación, palabra tomada del latín “jubilare” que significaba “lanzar gritos de júbilo”. En su origen nació como recompensa a los trabajadores de más de cincuenta años. Ya en 1844 se conocen pensiones otorgadas en los Países Bajos a los funcionarios públicos. En Francia los primeros en obtenerlos fueron los militares y funcionarios públicos; luego los mineros y otras labores consideradas peligrosas.

De una gratificación benevolente se pasó a un derecho adquirido para dar una pensión vitalicia después de cierta edad, en la cual, probabilísticamente, hay una declinación de rendimiento. Así se crearon los sistemas de seguros sociales y todo un modo de estudio de probabilidades de sobrevida.

(5) En nuestro mundo contemporáneo conviven múltiples tradiciones que expresan una gran complejidad, destacando tres características relevantes.

–La complejidad, que hace inevitable el pluralismo. El abigarramiento en grandes mega-ciudades en las cuales nunca antes cohabitaron tantas generaciones simultáneamente (subproducto del aumento de la esperanza de vida).

–La secularización, producida desde la creación de los Estados modernos que ha contribuido a una concepción más autonómica de las personas.

–La Tecno-ciencia, que ha modificado todos los ámbitos de la vida humana. Esta cultura tecno-científica es la que más ha influido en la vida de los viejos.

Entre las sociedades democráticas neo-tecnológicas el grupo de mayor velocidad de crecimiento es la población sobre los 85 años. La prolongación del lapso pos-jubilación conlleva un empobrecimiento progresivo, y mayor necesidad de asistencia médica. El porcentaje de menores de 15 años disminuye y las tasas de fecundidad y natalidad continúan descendiendo.

Pero lo que más destaca en nuestro tiempo es la actitud de desprecio, burla y desvalorización hacia los viejos, de parte de la sociedad actual y especialmente de los jóvenes inconscientes que todavía no realizan que ellos llevan encima a un viejo. A esos jóvenes les recomiendo leer el poema “Canción de otoño en primavera”, de nuestro Inmortal poeta, Rubén Darío.

Alguien dijo en tono irónico (estoy seguro que fue un viejo), que la juventud es una enfermedad que solo el tiempo se encarga de curar. La verdad es que es una bella etapa de la vida que debemos disfrutar con responsabilidad, sabiendo que cada día somos mas viejos.

Pero también corresponde que los ancianos lleven con dignidad su vejez. Muchos se tiñen el cabello y alisan su piel con operaciones cosméticas, buscando aparentar ser más jóvenes, sin darse cuenta de que pueden caer en el ridículo.

Recuerden que Eclesiastés dice que si contemplamos la existencia humana desde la perspectiva del aquí y el ahora, no tenemos otra alternativa que asumir una postura totalmente pesimista y fatalista: “Vanidad de vanidades… todo es vanidad. “Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo”. “Lo que es, ya ha sido, y lo que será, ya fue. “No hay nada mejor para el hombre que gozarse en sus obras, porque esa es su suerte. Porque ¿quién le hará ver lo que sucederá después de él?”.

Me gustó el video “Llegar a viejo” del cantante español, Joan Manuel Serrat, que me envió mi sobrino Martín Loredo Márquez, y que comparto con mis amigos de FB como parte de este artículo. Les invito a escuchar el discurso y la canción de Serrat.