Rosario Murillo dice que añora procesiones pero prohibió más de seis mil en Semana Santa

La codictadora nicaragüense Rosario Murillo volvió a emitir un discurso cargado de contradicción durante el Viernes Santo y el Sábado de Gloria, en los que exaltó la paz y el amor cristiano, mientras lanzó ataques velados contra sus detractores.
En su alocución del Viernes Santo, Murillo apeló al perdón cristiano, pero utilizó un tono confrontativo contra quienes critican al régimen. «El odio no tiene explicación, ni justificación… és un tóxico en la vida de quienes no solo lo sienten, sino que lo practican», afirmó.
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«Ahí van usando palabras, usando una retórica que nada tiene que ver con la hermandad. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, no dimensionan ese odio que los atrapa, esa envidia que los atrapa, esos celos, esa arrogancia, son estúpidas, los carcomen, los disminuye, los reduce y por supuesto que no luce a personas que conocemos faltos de amor o de respeto hablar como si fueran redentores», criticó.
También señaló que algunos opositores están «vendidos… ni siquiera por 30 monedas», en una clara alusión bíblica que sugiere traición de Judas a Jesús.
Durante la jornada del Sábado de Gloria, Murillo persistió en su narrativa confrontativa. «Aquellos que hablan desaforados, con lenguas de fuego en la boca, pero de fuego infernal, nunca, nunca pasarán», sentenció tras descalificar a quienes cuestionan su gestión desde el exterior al asegurar que «desde lejos están inventando toros».
Pese a que evitó mencionar nombres propios, el contenido de su alocución apunta directamente contra la diáspora nicaragüense y las voces críticas dentro de la Iglesia católica.
«Uno los recuerda y ahora ve los sapos y culebras que salen de las bocas, y, sobre todo, cómo la misión de servicio de esas personas es rendir pleitesía a los imperios y hablar como súbditos de los imperios, y pretender descomponer, desarraigar, conflictuar, atacando la paz. Atacando para volver a fragmentar o a fracturar a un pueblo», insistió.
Murillo reiteró que «nadie cuerdo quiere conflicto» y sostuvo que en el país impera «la paz de Cristo». Sin embargo, esta afirmación choca frontalmente con las múltiples denuncias de represión religiosa y el asedio policial documentado durante la celebración de la Cuaresma y Semana Santa.
El cinismo de Rosario Murillo
Durante su discurso, Rosario Murillo recurrió a la nostalgia para evocar las procesiones del Santo Entierro y el fervor de su infancia en las calles de Managua durante la Semana Santa.
«Recordamos nuestra Infancia, las procesiones del Santo Entierro en nuestros pueblos, aquí en Managua rumbo a la Catedral; el olor de los estrenos de Semana Santa, los que podíamos estrenar. También damos Gracias a Dios, a nuestros familiares, a nuestros padres, madres, tías, abuelas, que nos enseñaron a vivir la solidaridad; que teníamos los estrenos, que íbamos a las procesiones luciendo impecables», dijo tratando de conectar con la identidad religiosa del pueblo nicaragüense.
Sin embargo, su discurso es contradictorio, pues mientras ensalza las tradiciones que supuestamente marcaron su vida, su administración mantiene una prohibición absoluta sobre las manifestaciones externas de fe en todo el país.
Más de seis mil procesiones prohibidas
La libertad de culto que Murillo asegura defender en sus mensajes se ve anulada por la realidad de Nicaragua donde las actividades religiosas están bajo vigilancia y las procesiones que ella dice recordar con cariño han sido borradas del espacio público.
La abogada Martha Patricia Molina denunció que desde el inicio de la Cuaresma hasta el pasado 4 de abril se prohibieron 6952 procesiones en todo el territorio.
La también autora del informe Nicaragua, una iglesia perseguida reportó la suspensión de cuatro misas cristales y multas de tránsito a más de 100 laicos que asistieron en vehículos a actividades religiosas.
Durante la Vigilia Pascual, una de las celebraciones más importantes del calendario litúrgico, las parroquias funcionaron bajo vigilancia policial.
Feligreses relataron que agentes se apostaron en los alrededores de los templos para tomar fotografías y videos de las personas que entraban y salían de varias iglesias pertenecientes a la Arquidiócesis de Managua.

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