Monseñor Báez compara a los tiranos actuales con Herodes: «Matan antes de perder el poder»

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, denunció este domingo en Miami que las dictaduras contemporáneas reproducen la lógica criminal del rey Herodes al perseguir, expulsar y despojar de derechos a miles de personas inocentes. Durante la homilía celebrada en la Iglesia Santa Ágata, con motivo del Día de los Santos Inocentes, afirmó que la historia bíblica de Jesús, María y José revela una experiencia que hoy viven millones de familias forzadas al exilio.
Báez recordó que la Sagrada Familia debió huir de su tierra para salvar la vida del niño Jesús y subrayó que esa condición no constituye una excepción en la historia cristiana, sino un signo profundo del modo en que Dios se acerca a quienes sufren persecución. «La familia de Jesús fue una familia de refugiados y Jesús mismo fue un hijo de emigrantes», afirmó el líder religioso que también enfrenta el destierro por decisión de la tiranía sandinista.
Con el evangelio en manos, el jerarca católico comparó lo que vivió Jesús con la realidad política actual, al advertir que el abuso del poder sigue generando violencia, miedo y desplazamientos forzados.
Herodes en el espejo de los tiranos
Báez describió al rey Herodes como un gobernante dominado por el miedo a perder el poder, capaz de ordenar la muerte de niños inocentes para preservar sus privilegios. Señaló que ese mismo patrón se repite en los regímenes autoritarios actuales, donde la represión se convierte en una herramienta de control político.
«Como los tiranos de hoy, Herodes eligió matar antes que perder su poder y sus privilegios», afirmó el obispo, al subrayar que la violencia estatal no surge por debilidad, sino por la obsesión de quienes se creen dueños absolutos del destino de sus pueblos.
Para Báez, la matanza de los Santos Inocentes no pertenece solo al pasado, sino que se actualiza cada vez que un Estado reprime, encarcela, expulsa o silencia a ciudadanos inocentes para sostener un proyecto de poder basado en el miedo.
Cuba, Venezuela y Nicaragua: países marcados por el destierro
Al ampliar su reflexión, el obispo afirmó que no podía dejar de pensar en el drama que atraviesan miles de familias latinoamericanas obligadas a huir de sus países. Mencionó de forma explícita a Cuba, Venezuela y Nicaragua como escenarios donde la persecución política empuja a comunidades enteras al exilio.
«¡Cuántas familias se han visto forzadas al exilio a causa de la persecución y la represión de dictaduras criminales para salvar sus vidas!», expresó, al señalar que el destierro expone a las personas a riesgos, humillaciones y peligros en tierras extranjeras.
Báez sostuvo que los actuales gobernantes autoritarios actúan como nuevos Herodes, al imponer el exilio como castigo político y utilizar el desarraigo como un mecanismo de control social y castigo colectivo.
Una acusación directa contra la dictadura nicaragüense
El obispo dedicó una parte central de su homilía a denunciar la situación de Nicaragua. Afirmó que la dictadura no solo expulsa a ciudadanos honestos e inocentes, sino que ha perfeccionado métodos represivos que prolongan el castigo más allá de las fronteras.
«No se limitan a forzar al exilio, sino que también prohíben el ingreso a su propio país, confiscan bienes y amenazan y hostigan a los familiares», denunció. Añadió que el régimen mantiene la persecución incluso contra quienes ya viven fuera de Nicaragua.
Báez enumeró prácticas como la vigilancia a exiliados, la negación de servicios consulares y la no renovación de pasaportes, acciones que dejan a miles de personas en condición de apátridas de hecho. También denunció la privación arbitraria de la nacionalidad como parte de un plan sistemático de represión institucionalizada.
El exilio no termina con la huida
Al retomar el relato bíblico, Báez recordó que la Sagrada Familia no encontró una solución inmediata tras huir a Egipto. Incluso después de la muerte de Herodes, José debió cambiar de destino por miedo al nuevo gobernante, lo que prolongó la incertidumbre y el desarraigo.

Desde esa experiencia, el obispo afirmó que el exilio no concluye con la salida del país, sino que deja una herida profunda que acompaña a las personas durante años. Sin embargo, sostuvo que el destierro también puede convertirse en un tiempo para acoger nuevos sueños y fortalecer la confianza en Dios.
«El exilio, aunque lo parezca, no es necesariamente el final», afirmó, al presentar a san José como un hombre que supo soñar incluso en medio de la huida y la inseguridad.
Llama a los exiliados a respetar leyes del país de acogida
En la parte final de su homilía, Báez dirigió un mensaje directo a las personas que viven fuera de su país a causa de la persecución. Les pidió respetar las leyes del país que los acoge, trabajar con honestidad y fortalecer la solidaridad entre comunidades migrantes.
«Por nuestra parte, seamos respetuosos de las leyes del país que nos acoge, vivamos y trabajemos con honestidad y seamos solidarios entre nosotros», exhortó, al subrayar que la dignidad no depende de la nacionalidad ni del estatus migratorio.
El obispo concluyó con un llamado a no perder la fe ni la esperanza, y a caminar con dignidad y libertad incluso en medio del destierro, convencido de que Dios acompaña a quienes luchan por la vida y la justicia.

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