Regresa el terror a Colombia: atentado con coche bomba en Cali deja muertos y decenas de heridos

Colombia volvió a vivir escenas de terror el 21 de agosto con un atentado terrorista perpetrado frente a la Base Aérea Marco Fidel Suárez, en la ciudad de Cali.
Una camioneta cargada con explosivos fue detonada en las inmediaciones del recinto militar, dejando al menos seis personas muertas y más de 60 heridas, según confirmaron medios de comunicación colombianos y autoridades locales.
La brutalidad de este ataque hace recordar los años más duros de la violencia en el país. Equipos de emergencia trasladaron a los heridos a distintos hospitales, mientras las autoridades acordonaban la zona. Horas después, un segundo vehículo con cilindros bomba fue hallado en el mismo perímetro, aunque no explotó y fue desactivado por especialistas antiexplosivos del Estado colombiano.
Todo apunta a las disidencias de las FARC
El presidente Gustavo Petro y fuentes de inteligencia señalaron que los principales sospechosos del atentado son integrantes del Estado Mayor Central de las FARC, una de las estructuras disidentes que rechazó el acuerdo de paz de 2016 y que en los últimos meses ha recrudecido sus acciones violentas en distintas regiones del país.

Este atentado ocurre casi al mismo tiempo de una serie de hechos sangrientos que han devuelto a Colombia a la incertidumbre. En paralelo al ataque en Cali, un helicóptero de la Policía fue derribado en Antioquia mediante drones explosivos, lo que dejó más víctimas mortales y evidenció la capacidad operativa de los grupos ilegales que operan bajo la comandancia de alias «Iván Mordisco».
Control criminal del narcotrafico en la selva colombiana
El conflicto armado colombiano, que durante más de medio siglo enfrentó al Estado con guerrillas como las FARC y el ELN, parecía haber entrado en una nueva fase tras los acuerdos de paz firmados en 2016.
Sin embargo, el incumplimiento de compromisos, la falta de control estatal en vastas zonas rurales y el fortalecimiento del narcotráfico han dado oxígeno a las disidencias, ahora abiertamente delincuenciales.
Los grupos que se marginaron del proceso de paz han retomado tácticas propias de los años noventa, como los atentados con coche bomba, recordando episodios de terror que parecían superados. Este ataque en Cali, uno de los más graves de los últimos años, revive aquel fantasma de la guerra interna y las tensiones políticas se recrudecen.
Otros hechos violentos que parecen tener el mismo origen
El regreso de la violencia a gran escala no solo se ven en ataques como este del atentado de Cali. Apenas dos meses atrás, Colombia fue sacudida por el atentado criminal contra el senador Miguel Uribe Turbay, del derechista partido Centro Democrático (del expresidente Álvaro Uribe).
Uribe Turbay resultó gravemente herido y permaneció hospitalizado durante semanas hasta fallecer a consecuencia de las heridas el pasado 11 de agosto. Ese episodio, que conmocionó a los colombianos, puso en evidencia la vulnerabilidad de figuras públicas frente al accionar de estructuras armadas ilegales, en su afán de medir fuerzas con el Estado.
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Ahora, con este nuevo ataque en Cali, el país suramericano enfrenta un cambio en el escenario político. La violencia se suelte a meter en el centro del debate político en esa nación, gobernada por la izquierda, aunque tradicionalmente ha estado conducida por presidentes de derecha, que precisamente se enfrentaron con estos grupos terroristas por décadas.
El gobierno del presente Gustavo Petro ha prometido responder con firmeza y reforzar la seguridad, pero ahora también tendrá que cargar con las críticas por la falta de capacidad para contener a los grupos armados que se benefician del narcotráfico y de la debilidad institucional en regiones apartadas.

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