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Laureano Ortega implora el ingreso de Nicaragua como observador en bloque euroasiático liderado por Rusia y otras dictaduras

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha solicitado oficialmente que Nicaragua sea admitida como país observador en la Unión Económica Euroasiática (UEEA), un bloque regional impulsado por Moscú y conformado casi exclusivamente por regímenes autoritarios. La petición fue anunciada este jueves, 26 de junio de 2025, por Laureano Ortega Murillo, hijo de la … Continuar leyendo
Por Artículo 66 junio 26, 2025
Laureano Ortega implora el ingreso de Nicaragua como observador en bloque euroasiático liderado por Rusia y otras dictaduras
Laureano Ortega implora el ingreso de Nicaragua como observador en bloque euroasiático liderado por Rusia y otras dictaduras

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha solicitado oficialmente que Nicaragua sea admitida como país observador en la Unión Económica Euroasiática (UEEA), un bloque regional impulsado por Moscú y conformado casi exclusivamente por regímenes autoritarios. La petición fue anunciada este jueves, 26 de junio de 2025, por Laureano Ortega Murillo, hijo de la pareja presidencial y quien funge como canciller de facto del régimen.

«Este es un objetivo fundamental para nosotros. Y estamos dispuestos a cumplir con todos los trámites y requisitos necesarios para obtener dicho estatus», afirmó Laureano Ortega durante una intervención en el Foro Económico Euroasiático, realizado en Minsk, Bielorrusia. Aseguró, además, que Nicaragua ya se siente parte de la UEEA: «Trabajamos activamente con la Federación Rusa y Bielorrusia en grandes proyectos en los sectores de la medicina, los productos farmacéuticos y el suministro de equipos».

Como si de una declaración de alineamiento político se tratase, el funcionario agregó que su país valora profundamente la existencia de este bloque, al que definió como un espacio que «garantiza una paz justa y el beneficio mutuo».

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La Unión Económica Euroasiática y sus integrantes

La UEEA es una estructura de integración comercial y económica creada en 2015, que agrupa a Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguistán como miembros plenos. El bloque permite la libre circulación de bienes, servicios, capitales y trabajadores entre los países miembros, bajo un sistema aduanero y regulatorio común diseñado bajo el liderazgo absoluto del Kremlin.

Como observadores, figuran hasta hoy tres países: Cuba, Moldavia y Uzbekistán, cada uno con motivaciones distintas pero en su mayoría interesados en estrechar lazos políticos y comerciales con Rusia en el contexto del aislamiento occidental de Moscú tras la invasión a Ucrania. Es decir, Nicaragua busca insertarse en un círculo diplomático compuesto principalmente por aliados estratégicos del autoritarismo ruso.

La inclusión de Cuba como país observador es especialmente significativa, pues evidencia que la UEEA funciona también como una plataforma de coordinación entre regímenes antidemocráticos, replegados frente a sanciones y condenas internacionales. De ser aceptada, Nicaragua estaría oficialmente entre gobiernos cuestionados por crímenes de lesa humanidad, represión sistemática, persecución a la disidencia, pero sobre todo, países bloqueados comercial y financieramente por las potencias occidentales.

¿Qué gana el régimen Ortega-Murillo al integrarse?

Para la dictadura de Ortega y Murillo, el ingreso como observador en la UEEA representa mucho más que una oportunidad económica: es una jugada política de supervivencia y legitimación internacional, en momentos en que su régimen ha sido aislado por organismos democráticos como la OEA, el Parlamento Europeo y la ONU.

En términos prácticos, el estatus de observador no garantiza acceso pleno al mercado euroasiático, pero sí permite participar en discusiones, acceder a regulaciones técnicas, y en algunos casos establecer acuerdos bilaterales o multilaterales en sectores como energía, salud, agricultura y tecnología. No obstante, la asimetría entre Nicaragua y las grandes economías del bloque —particularmente Rusia y Kazajistán— convierte la supuesta cooperación en una relación de dependencia política disfrazada de integración económica.

El economista Marco Aurelio Peña señala que esta maniobra del régimen sandinista responde más a la búsqueda de protección política que a un interés económico real. «Rusia no tiene mucho que ofrecerle a Nicaragua en materia de cooperación económica ni de inversiones productivas. Más bien, los vínculos con Rusia tienen que ver con labores de espionaje, asistencia militar y seguridad. Económicamente, Nicaragua no tiene nada en común con los cinco países que integran ese bloque. Ni geografía, ni idioma, ni cultura, ni volumen de comercio. Esto es parte de su estrategia para sobrevivir en un mundo que les da la espalda por sus violaciones a los derechos humanos». La entrada a Nicaragua a ese bloque, insiste, «no va a cambiar las reglas del comercio mundial ni va a convertir a Nicaragua en un emporio comercial por arte de magia».

Marco Aurelio Peña, Economista. Foto: Tomada de X.

Consultado sobre si ese acercamiento le serviría a Nicaragua ante un eventual endurecimiento de sanciones o bloqueo de las economías occidentales, el analista financiero dice con contundencia: «No mucho».

«Las relaciones comerciales no cambian solo por voluntad política ni por caprichos ideológicos. La UEEA apenas suma 200 millones de personas y un PIB regional de unos 2,4 billones de dólares. En cambio, el mercado estadounidense por sí solo supera los 20 billones. Rusia no es un gran socio económico global, y mucho menos lo son Armenia, Kirguistán, Kazajistán o Bielorrusia. El acercamiento le puede servir al régimen para propaganda o para comprar seguridad y servicios de inteligencia, pero no para sustituir la dependencia estructural que Nicaragua tiene del comercio con EE. UU., Centroamérica o Europa», concluye.

Por su parte, la defensora de derechos humanos Haydee Castillo advierte que este tipo de alianzas no solo son antidemocráticas, sino profundamente perjudiciales para el pueblo nicaragüense. «La dictadura busca aliados donde los encuentre, por el nivel de aislamiento en que se encuentra. Pero también se siente cómoda haciendo negocios con países autoritarios donde los derechos humanos se violan a diestra y siniestra. Allí no se respetan derechos laborales, sociales ni ambientales. Nicaragua no tiene ninguna afinidad económica con estos países, y cada vez que se alía con regímenes que no respetan ni la vida humana, los perdedores son siempre los nicaragüenses».

Castillo también advierte que estos pactos son funcionales a la estrategia de impunidad del régimen Ortega-Murillo. «Se alía con países que son un espejo de lo que sufrimos en Nicaragua: represión, desplazamiento, pobreza, y destrucción de nuestros recursos naturales».

Desesperación por «escupir en rueda»

El intento por «colarse» en la Unión Económica Euroasiática refleja su desesperación por encontrar legitimidad en cualquier escenario donde no se hable de derechos humanos, represión o presos políticos. A falta de aliados democráticos, el régimen Ortega-Murillo se acoge a lo que le queda: un círculo de autocracias con intereses comunes, donde los crímenes contra la disidencia se silencian y la represión es parte del modelo de gobernanza.

La solicitud fue presentada en Minsk, la misma capital desde la que Bielorrusia exporta tácticas de control social y vigilancia, muchas de las cuales han sido adoptadas por el sandinismo. En ese entorno, Nicaragua espera ser aceptada como un par, sin importar que su economía sea insignificante frente a los gigantes del bloque o que su peso político esté reducido a una obediencia servil a Moscú. Queda por ver si el secretariado de la UEEA concede la petición.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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