Guerra: El papa no teme ser criticado si su labor evita exponer a los católicos de Nicaragua a mayores riesgos

El secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, Rodrigo Guerra, aseguró en la prensa católica española que «todo el país vive una situación difícil» bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que ha provocado una «descomposición» de la sociedad.
«Tanto los católicos como el resto de la población en Nicaragua viven una difícil situación de restricción de libertades y de desconfianza hacia el sector gubernamental. La situación de la Iglesia católica está enmarcada en un proceso de descomposición más generalizado que ha conducido a que diversos medios de comunicación críticos con el Gobierno o de inspiración religiosa sean clausurados y que muchos de los líderes opositores sean encarcelados», expresó Guerra en entrevista con el periódico de la Asociación de Propagandistas Católicos de España.
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Guerra aseguró que las tensiones entre la Iglesia y el régimen orteguista iniciaron en 2007, con el retorno de Daniel Ortega al poder; pero no fue hasta 2018 que inició una escalada de ataques contra la fe cristiana.
«En 2018, la Iglesia defendió a quienes protestaron pacíficamente ante una reforma de la ley del seguro social. Esto fue interpretado de manera ideológica como complicidad con la oposición. Posteriormente, la cúpula gubernamental públicamente acusaría a diversos sacerdotes de terrorismo y golpismo. En época más reciente, en julio de 2018, se atacó el templo a la Divina misericordia, en Managua. Luego se gestionó la salida del país del obispo Silvio Báez en 2019. En julio de 2020 se incendió un antiguo Cristo en la catedral de Managua. Y en 2022 tenemos la expulsión del nuncio Sommertag y de las misioneras de la caridad, fundadas por la Madre Teresa de Calcuta», detalló el funcionario de la Santa Sede.

Guerra criticó nuevamente a los sectores políticos y periodísticos opositores dentro y fuera de Nicaragua que han criticado el supuesto «silencio» del papa Francisco ante la coyuntura de Nicaragua y refirió que el papa no teme ser criticado «si con ello no se facilita el no poner al pueblo en riesgo» .
«El papa Francisco a través de sus palabras nos ha mostrado el pasado domingo la enorme preocupación que tiene por el pueblo nicaragüense. Su ‘silencio’ durante varios días no es omisión en modo alguno. En una coyuntura así de delicada es preciso entender que no todo se logra con declaraciones, sino creando condiciones para recuperar la posibilidad de diálogo sincero y de pacificación (…) El Papa Francisco no teme ser criticado si con ello se facilita el no poner al pueblo en riesgo. Él es el primer convencido de que hay que hacer hasta lo imposible por salvaguardar la vida de las personas reales», subrayó el teólogo de origen mexicano.
El funcionario vaticano destacó que mucha de las gestiones que realiza la Iglesia para proteger a sus miembros no se hace «bajo los reflectores de los grandes medios» y que se debe dejar de ver la labor del Papa como la que hace «un político más» ya que es el pastor de Iglesia universal.
«Mucha de la labor de la Iglesia se realiza de manera discreta y no bajo los reflectores de los grandes medios. La misión del Papa es eminentemente evangélica y, por lo tanto, no debe ser interpretada en términos políticos convencionales (…) La velocidad para reconstruir puentes rotos no es la que marca Twitter sino la que lentamente se construye con paciencia (…) Con esta convicción, la Iglesia continuará anunciando con radicalidad su voluntad de encuentro y diálogo, siempre privilegiando los medios pacíficos. La lógica del evangelio no es la confrontación sino el anuncio alegre de la libertad integral que Jesucristo ha venido a traer, más allá de cualquier ideología. La eventual liberación del obispo Álvarez habrá que contemplarla en este amplio contexto», puntualizó el también miembro del Consejo Directivo de la Academia de Líderes Católicos.
La tentación de «manipular» la fe cristiana
Según Rodrigo Guerra, en los años de la revolución sandinista (1979-1990), el gobierno nicaragüense «cayó en la tentación» de querer manipular la fe cristiana del pueblo de Nicaragua.
«Desde el triunfo del sandinismo en 1979 algunos sectores radicalizados de la Iglesia se sumaron al apoyo del nuevo gobierno. (…) Sin embargo, el sandinismo cayó en la tentación de la manipulación de la sensibilidad religiosa. Esto fue particularmente visible en la misa que presidió San Juan Pablo II en Managua en el año 1983. En plena celebración litúrgica y con un altar con imágenes revolucionarias, algunos agitadores lanzaron consignas favorables al sandinismo que visiblemente molestaron al Papa por ser irrespetuosas de la santa misa», remarcó Guerra.

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