Iglesia Católica borra las huellas del ataque armado de 2018 en la parroquia Divina Misericordia

La Iglesia Católica, a través de la Arquidiócesis de Managua, ordenó restaurar completamente la parroquia Divina Misericordia, ubicada en el sector de Villa Fontana, en la capital nicaragüense. La decisión implica la eliminación total de las huellas del ataque armado ejecutado por la dictadura de Daniel Ortega entre el 13 y 14 de julio de 2018, cuando más de cien personas —entre ellas estudiantes, sacerdotes y periodistas— se refugiaron en ese templo durante una brutal represión estatal.
La denuncia fue hecha pública por la abogada y defensora de derechos humanos Marta Patricia Molina, quien publicó este lunes fotografías del templo ya restaurado, sin los impactos de bala que durante seis años sirvieron como testimonio visual del crimen. «Completamente restaurada quedó la Parroquia Divina Misericordia de la Arquidiócesis de Managua. La dictadura no quiere ver nada que recuerde la represión y asesinatos cometidos a partir de 2018», escribió Molina en su cuenta oficial de X (antes Twitter).

La abogada cuestionó la decisión de la jerarquía eclesiástica, señalando que sugiere una claudicación ante las presiones del régimen. «La memoria histórica de los nicaragüenses no debe de olvidar jamás este acto terrorista que cometió la dictadura sandinista junto a los policías y miembros del Ejército de Nicaragua el 13 de julio de 2018 durante 18 horas de ataque armado», expresó Molina
Crimen impune y vestigios borrados
Durante el ataque, dos jóvenes —Gerald Vásquez y Francisco Flores— fueron asesinados dentro de la iglesia por francotiradores apostados en los alrededores del templo. Decenas de personas más resultaron heridas. El sacerdote Raúl Zamora, párroco del templo en ese momento, junto al padre Erick Alvarado, arriesgaron sus vidas para asistir a los heridos y mantener con vida a quienes estaban sitiados.
Las balas dejaron huellas imborrables en los muros del templo, incluyendo la imagen de Cristo de la Misericordia, que quedó perforada. Por años, esas marcas fueron conservadas por la parroquia como un símbolo de la barbarie represiva del régimen y como homenaje a las víctimas. Sin embargo, con la reciente restauración ordenada por la Iglesia Católica, esos vestigios han desaparecido.
Hasta ahora, la Arquidiócesis de Managua no ha ofrecido ninguna explicación pública sobre los motivos de la restauración ni sobre si esta fue una iniciativa propia o una imposición desde el poder político. Lo que sí es evidente, es que con esta decisión, la dictadura ha logrado que aquellas huellas de sus crímenes desaparezcan de las paredes y ventanales al mismo tiempo en que el régimen hace todos los esfuerzos posibles para imponer su narrativa de que en realidad las víctimas son las estructuras sandinistas, mientras que los opositores que sobrevivieron a aquella masacre son «conspiradores», «golpistas», «terroristas» y «vendepatria».
Esta decisión de borrar las huellas de la criminalidad de Ortega y Murillo también habría sido aceptada por la iglesia católica al mismo tiempo en que el régimen ha desterrado a cuatro de sus obispos, a más de 100 sacerdotes y religiosas; ha confiscado propiedades de la iglesia católica y ha impuesto un cerco sobre los templos criminalizando hasta las procesiones católicas.

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