Dora María Téllez: «A Avilés y sus dos generales se los va a volar Rosario Murillo porque tienen demasiado poder»

La comandante guerrillera Dora María Téllez advierte que el asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam, ocurrido el 19 de junio en Costa Rica, fue ejecutado por orden directa de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ante el temor de que su voz crítica estuviera siendo escuchada dentro del Ejército de Nicaragua. Téllez sostiene que la estructura militar del país atraviesa una fractura profunda, marcada por el autoritarismo, el estancamiento institucional y un creciente malestar en sus filas.
«Este crimen no es de venganza. Es una preocupación profunda de los Ortega Murillo en relación a las voces críticas que se ejercen desde el exilio», afirmó Téllez durante la entrevista con el programa En Contacto, conducido por el periodista Álvaro Navarro, director de Artículo 66. A su juicio, el asesinato de Samcam marca un punto de quiebre, no solo por su carácter político, sino porque el régimen teme que su discurso haya calado en sectores activos del Ejército. «Era un mayor retirado, un militar activo en los años ochenta, que podía tener alguna escucha dentro del Ejército. Eso les parece peligroso ahora», señaló.
Noticia relacionada: Perfil | Roberto Samcam: del Ejército sandinista a una muerte con sicarios en el exilio
Consultada sobre si en el complot para asesinar a Roberto Samcam podría haber participado el Ejército, Téllez respondió tajantemente que ni la institución castrense ni la Policía actuarían sin una orden expresa desde el poder central. «Nadie ejecuta un crimen como esto sin la autorización expresa de Daniel Ortega y Rosario Murillo», sentenció. Recalcó que el régimen dispone de recursos suficientes para contratar sicarios profesionales, incluso extranjeros, sin necesidad de comprometer a oficiales activos o estructuras militares formales.
La cúpula castrense: poder acumulado y decadencia institucional
Téllez describe a la actual jefatura del Ejército como una cúpula «mafiosa», que ha destruido por completo la institucionalidad castrense y ha sometido a la institución a los intereses de la familia Ortega Murillo. Se refiere directamente al comandante en jefe, general de Ejército Julio César Avilés, y a sus dos hombres más cercanos: el jefe del Estado Mayor, general Bayardo Rodríguez, y el inspector general, general Marvin Corrales. Los últimos dos ostentan el rango de coronel general.
«Estos tres generales son el gran tapón de la institucionalidad. Han arrodillado el Ejército. Un Ejército sin ascenso y sin escalafón no existe», afirmó. Téllez acusa a esta cúpula de bloquear el desarrollo profesional de los oficiales, mantener congeladas las promociones y usar sus cargos como plataforma para el enriquecimiento ilícito: «La cúpula mafiosa que está al frente del Ejército hace dinero desde ahí. El Ejército es su fuente principal sobre la que se asientan para hacer negocios. Es un tema de corrupción pública».
Para Téllez, ese poder acumulado durante más de una década representa una amenaza incluso para Rosario Murillo, a quien atribuye una desconfianza creciente hacia Avilés y sus generales. «A Avilés se lo van a volar. Lo van a sacar de circulación. Lo van a mandar a su casa en pijama…», dijo. E insistió: «Estos tres generales pueden contar con que se los van a volar… porque tienen demasiado poder».
Descontento interno y malestar creciente
Téllez asegura que dentro del Ejército existe un descontento generalizado, especialmente entre mandos medios y oficiales jóvenes, que se sienten atrapados en una institución sin futuro. A esto se suma el control personal que ejerce el régimen sobre sus vidas familiares y su libertad de movimiento.
«¿Vos creés que para los coroneles y los generales es alegre que les retengan los pasaportes a ellos y a su familia? Que estén permanentemente con temor a ofender al poder porque les puede pasar algo a ellos, a sus familias y a sus propiedades. Nadie está contento con eso», expuso. Añadió que lo que Ortega y Murillo intentan presentar como un mensaje de fuerza, en realidad podría tener un efecto contrario: «El malestar no se va a quitar con eso. El malestar va a empeorar dentro de la fila del Ejército».
En ese sentido, considera que la ejecución de Samcam no silenciará las fisuras internas del régimen, sino que podría reactivarlas. «Silenciar por la vía del asesinato a Roberto Samcam no silencia la inquietud y el malestar creciente que hay dentro de la fila del Ejército y la Policía», subrayó.
La generación académica y la quiebra del profesionalismo militar
Téllez advierte que la dictadura se ha visto obligada a reemplazar a los viejos cuadros guerrilleros por oficiales jóvenes formados en academias militares, muchos de ellos sin una lealtad ideológica directa al sandinismo. Esto, según su lectura, representa un riesgo potencial para el control del régimen.
«Los oficiales militares que pasan por la academia aspiran a un Ejército profesional… y lo que se encuentran es que no hay un ámbito institucional en el cual desarrollarse. Eso le molesta a cualquiera», afirmó. Denunció que estos oficiales enfrentan una estructura cerrada, manejada por «unos viejos que… han liquidado completamente la profesionalidad del Ejército».
A su juicio, el desprestigio institucional, el estancamiento profesional y el maltrato personal están generando condiciones propicias para una ruptura interna.
El Ejército frente a la transición democrática
La comandante también abordó el papel que podría jugar el Ejército en una eventual transición. Aunque reconoce que no será la institución la que la impulse, cree que muchos de sus miembros terminarán apoyándola cuando llegue el momento crítico.
«La inmensa mayoría de la oficialidad militar va a abonar camino para una transición democrática. ¿Y por qué lo digo? Porque la vida para ellos es invivible. Y la democracia es… un espacio en el cual se pueden desarrollar como militares profesionales», expresó.

Comentarios