Ortega y Murillo despiden con cinismo al Papa Francisco tras años de insultos, persecución y destierros contra la Iglesia

- El régimen sandinista emitió un mensaje oficial tras la muerte del pontífice, ocultando su historial de ataques contra la Iglesia Católica. En el pasado Ortega llamó “mafia” al Vaticano y expulsó al nuncio.
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo emitió este 21 de abril un mensaje oficial de condolencias tras la muerte del Papa Francisco, en un acto de evidente y repulsivo cinismo y manipulación. El comunicado contrasta radicalmente con el historial de insultos, persecución y represión que el régimen ha desatado durante años contra la Iglesia Católica y sus representantes en Nicaragua, pero también es un intento de lavarse las manos y culpar a otros por sus acciones criminales contra el catolicismo.
«Nuestras relaciones, como nicaragüenses creyentes, devotos y fieles a la Doctrina de Cristo Jesús, fueron difíciles, accidentadas, desgraciadamente influidas por circunstancias adversas y dolorosas que no siempre se entendieron», cita el documento firmado por Ortega y Murillo, intentando disfrazar de “malos entendidos” lo que en realidad fue una campaña de represión sistemática contra obispos, sacerdotes y estructuras eclesiásticas del país.
El mismo régimen que ahora envía oraciones por «el eterno descanso del Papa Francisco», persiguió con brutalidad a la Iglesia Católica nicaragüense. Ortega llegó a calificar al Vaticano como «una mafia» y cuestionó el proceso de elección del pontífice. En marzo de 2023, en un discurso televisado, dijo: «¿Y quién elige al Papa? ¿Cuánta mafia hay en los procesos de elección?».
Por su parte, el Papa Francisco no fue indiferente ante los atropellos del régimen. En una entrevista con Infobae, en marzo de 2023, calificó al gobierno de Ortega como una «dictadura grosera» y lo comparó con las de Hitler. «Es una dictadura grosera, guarangos. Con mucho respeto, no me queda otra que pensar en una dictadura hitleriana», declaró Francisco, en lo que fue su condena más directa a los abusos del sandinismo.
Una Iglesia perseguida
Desde el estallido social de abril de 2018, la Iglesia Católica nicaragüense ha sido una de las instituciones más castigadas por el régimen Ortega-Murillo. Al menos cuatro obispos han sido desterrados, entre ellos monseñor Silvio Báez, quien fue forzado a exiliarse desde 2019 por orden del Vaticano ante amenazas directas de la dictadura. Tres obispos más, incluyendo a monseñor Rolando Álvarez, fueron encarcelados y luego desterrados.
Más de 100 sacerdotes han sido encarcelados o expulsados del país, muchos enviados al Vaticano y otros repartidos en distintos países de la región. Iglesias fueron rodeadas por policías, se prohibieron procesiones religiosas incluso durante Semana Santa, se cerraron cuentas bancarias de diócesis, se confiscaron bienes de la Iglesia y se cancelaron organizaciones de caridad católicas, como Caritas Nicaragua.
La represión también alcanzó al cuerpo diplomático del Vaticano: en 2022, el régimen expulsó al nuncio apostólico Waldemar Stanisław Sommertag, representante del Papa en Managua, y desde entonces el país no tiene relaciones diplomáticas activas con la Santa Sede.
El descaro del mensaje oficial
Pese a todos estos antecedentes, la nota oficial del régimen intenta lavarse las manos de sus ataques. Ortega y Murillo escriben que «a pesar de lo complejo y duro, a pesar de las manipulaciones que tod@s conocemos, a pesar de los pesares, mantuvimos nuestra Esperanza en alto desde la Fé Cristiana». Añaden que supieron «comprender la confusión generada por voces altisonantes que entorpecieron todo intento de verdadera interacción», una frase que parece responsabilizar a terceros por el deterioro de las relaciones con el Vaticano.

En uno de los pasajes más cínicos del mensaje, los dictadores afirman: «Admiramos sus recorridos por el Mundo promoviendo Paz, e intentando generar una Iglesia comprometida con el Deber y la responsabilidad de crear Concordia». Estas palabras contradicen las constantes descalificaciones que el mismo Ortega profirió contra la figura del Papa y la jerarquía eclesial, tildándolos de “golpistas” y “demoníacos”.
Finalmente, el comunicado afirma que confían en que «Dios permitirá que la Iglesia Católica llame a la Verdadera Paz, a la Comprensión, a la Armonía, al Respeto, y a la Cooperación Solidaria y Complementaria», como si el Papa Francisco y la Iglesia hubiesen estado ausentes de esos valores, y no fueran precisamente ellos quienes han clamado por justicia, libertad y democracia en Nicaragua durante años.
Oportunismo repulsivo
El mensaje vuelve a hacer de cuentas como que si nunca tuvieron ningún tipo de confrontación contra la jerarquía. En una jugada propagandística para lavarse la cara ante la comunidad internacional y ante los propios creyentes nicaragüenses, a quienes Ortega ha privado de libertad religiosa durante años, los cabecillas de la dictadura cierran su comunicado invocando la paz que ellos han atropellado.
«El Mundo Mejor que debemos construir, y la Verdadera Fraternidad, como predica el Evangelio con la Fuerza del Gran Maestro, Jesucristo, Nuestro Señor», dicen los tiranos con desenfrenado descaro. Los hechos recientes demuestran que la dictadura ha hecho todo lo contrario: perseguir, encarcelar, desterrar, callar.
La historia recordará que mientras el Papa Francisco clamaba por misericordia y justicia, en Nicaragua los templos fueron convertidos en trincheras de resistencia pacífica ante un poder que persiguió la fe.

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