Así será el cónclave para elegir al sucesor del Papa Francisco: Consensos, intrigas, votaciones y secretos del proceso más reservado de la Iglesia

Tras la muerte del Papa Francisco este lunes de Pascua, 21 de abril de 2025, la Iglesia Católica se encuentra en la víspera de uno de los momentos más solemnes y simbólicos de su tradición: el cónclave. Esta palabra —de raíces latinas que significan literalmente “con llave”— encierra uno de los procesos más secretos y ritualizados del mundo moderno: la elección del nuevo pontífice. En juego no solo está la dirección espiritual de más de 1,300 millones de católicos, sino también el rumbo político, social y moral de una institución con poder global.
Todo inicia con el luto y la espera
Antes de que el humo blanco se eleve sobre la Capilla Sixtina, el Vaticano vive un periodo de duelo. Los funerales del pontífice se celebran durante nueve días (novemdiales), y se abre un espacio para las últimas exequias y los homenajes públicos. La normativa establece que el cónclave debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, para garantizar la presencia de todos los cardenales electores.
Durante ese tiempo, la Curia romana entra en modo de administración interina, y los cardenales comienzan discretamente los cabildeos. No está permitido hacer campaña abierta, pero las afinidades, las ideas y los perfiles empiezan a circular con fuerza entre pasillos, recepciones privadas y almuerzos en la residencia de huéspedes de Santa Martha. Al menos así era hasta antes de la elección de Francisco. Está por verse ahora, porque fue en esa residencia donde falleció el pontífice.
¿Quiénes votan?
Actualmente, hay 135 cardenales menores de 80 años con derecho a voto, pese a que el reglamento limita el número ideal a 120. Este grupo, conocido como los “cardenales electores”, representa diversas geografías y corrientes internas de la Iglesia: desde los tradicionalistas conservadores, hasta los progresistas más afines a las reformas impulsadas por Francisco.
Cada uno lleva consigo no solo una nacionalidad, sino un conjunto de visiones sobre el futuro del catolicismo. Algunos ven necesario volver a una Iglesia doctrinal, firme frente a los cambios sociales. Otros apuestan por continuar el legado franciscano: una Iglesia en salida, pastoral, volcada en los márgenes, que insta a los jóvenes a «hacer lío» y que incluso se ha mostrado «amable» con la diversidad sexual.
La Capilla Sixtina, el sitio del encierro
El cónclave se realiza en la Capilla Sixtina, bajo los frescos de Miguel Ángel. Allí, los cardenales votan en estricto aislamiento del mundo exterior. Se les prohíbe cualquier tipo de comunicación. El Vaticano desactiva señales de teléfonos móviles, bloquea redes digitales y vigila cada acceso.
Los cardenales se alojan en la cercana Casa Santa Marta, pero solo pueden desplazarse escoltados hacia la capilla. El ambiente combina oración, contemplación y estrategia. Es un encierro de conciencia, pero también un espacio de alianzas y negociaciones.

Para ser elegido Papa, un cardenal debe obtener una mayoría de dos tercios de los votos. Las votaciones se realizan dos veces por la mañana y dos por la tarde. Si no hay resultado, se repite el proceso al día siguiente.
Cada papeleta es escrita a mano y depositada en una urna especial. Tras cada ronda, se queman las papeletas: el humo negro indica que no hubo consenso; el humo blanco, que ya hay un nuevo Papa. En cuanto se logra la elección, el nuevo pontífice es invitado a aceptar el cargo. Si dice “sí”, eligiendo un nombre, se le cambia de vestimenta y es presentado al mundo con el tradicional anuncio desde el balcón de San Pedro: “Habemus Papam”.
Intrigas, bloques y “papables”
Aunque en teoría todos los cardenales son elegibles (incluso un laico, en teoría), en la práctica hay un reducido grupo de “papables”, los que suenan con mayor fuerza.

Recogiendo análisis y proyecciones de distintos especialistas y periodistas que cubren la fuente vaticana, Artículo 66 realizó una lista de 14 «papables» que estarían entre los cardenales más potables para alcanzar el cargo más importante de las iglesias cristianas.
Entre estos 14 papables figuran nombres como el actual canciller del Vaticano, Pietro Parolin (Italia); el presidente de la Conferencia Episcopal italiana, Matteo Zuppi; el prefecto de evanglización de los pueblos y muy cercano a Francisco, el cardenal Luis Antonio Tagle (Filipinas); o el africano Peter Turkson (Ghana).
Cada uno representa apuestas diferentes: continuidad, giro conservador, apertura internacional, reforma estructural o regreso al centralismo doctrinal.
¿Cuánto puede durar el cónclave?
No hay un tiempo límite. Algunos cónclaves han durado horas (como el que eligió a Francisco), y otros han tardado semanas. Todo dependerá de la capacidad de los cardenales para construir consenso en medio de sensibilidades teológicas, bloques regionales e intereses curiales.

La elección de un nuevo Papa no solo marca una transición religiosa. Es un hecho geopolítico. Define el tono moral de la Iglesia frente al mundo, su rol ante las crisis migratorias, las guerras, la desigualdad, la corrupción y los desafíos éticos de la modernidad.
Este cónclave será además una evaluación al pontificado de Francisco. Su estilo sencillo, su opción preferencial por los pobres, sus choques con sectores conservadores, sus reformas internas y su impulso de sinodalidad serán puestos en balanza por los electores.
El próximo Papa podrá ser continuidad o ruptura. Pero su elección —sellada con el humo blanco y el “Habemus Papam”— marcará el rumbo del catolicismo del siglo XXI.
Las posibilidades del cardenal Leopoldo Brenes
Las probabilidades de que un cardenal centroamericano sea elegido Papa son mínimas, considerando tanto el tamaño y peso político del episcopado regional como las dinámicas internas del Colegio Cardenalicio. Aunque todos los cardenales electores —incluyendo a los dos centroamericanos que participarán en el próximo cónclave— tienen el derecho de ser elegidos, la posibilidad real de que uno de ellos resulte electo es remota.

Este escenario se ve aún más limitado por el hecho de que ya hubo un Papa latinoamericano con el pontificado de Francisco, lo que, según analistas vaticanos, podría inclinar al cónclave hacia lo tradicional, la elección de un papa europeo.
Consultado este mismo 21 de abril en Managua por periodistas locales sobre la posibilidad de que un papa centroamericano sea electo, el cardenal Leopoldo Brenes respondió sin ambigüedades: «No, mejor que busquen por otro lado. Estoy tranquilo aquí en Nicaragua, trabajando con nuestra gente, viviendo en nuestra cercanía y también viviendo tranquilo en el barrio Altagracia» de Managua.

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