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La difícil pregunta de los niños nicaragüenses en el exilio: «¿Por qué no podemos volver al país?»

«¿Por qué no podemos regresar a Nicaragua?» Es la pregunta que ronda en la mente de los pequeños niños nicaragüenses en el exilio. Sus padres conocen la respuesta, pero saben que explicar la situación es más complicado de lo que parece. Son menores inteligentes y han vivido mucho pese a su corta edad, pero podría costarles … Continuar leyendo
Por Artículo 66 junio 5, 2024

«¿Por qué no podemos regresar a Nicaragua?» Es la pregunta que ronda en la mente de los pequeños niños nicaragüenses en el exilio. Sus padres conocen la respuesta, pero saben que explicar la situación es más complicado de lo que parece. 

Son menores inteligentes y han vivido mucho pese a su corta edad, pero podría costarles creer que existe tanta maldad en el mundo. Han oído decir que en su país una pareja de septuagenarios, con la edad de sus abuelos, ordenaron persecución y cárcel contra sus padres y por eso ahora viven en otro país.

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¿Qué delitos cometieron sus padres? ¿Y cómo es para ellos enfrentar lo que están viviendo? Han dejado atrás su hogar, sus escuelas, sus amigos, sus abuelos y otros parientes, y se ven obligados a llevar una vida que no eligieron.

Llegar a Estados Unidos inició como una aventura, pero al pasar del tiempo se ha convertido en una pesadilla, principalmente por las diferencias de idioma, la cultura y el «reinicio» de sus vidas. Sin embargo, con resiliencia y el amor de sus padres, los niños han logrado poco a poco vencer cualquier barrera para finalmente adaptarse al que será, por muchos años, su nuevo hogar. 

El más pequeño de su salón

A la edad de cinco años, Andrés Galeano llegó a Miami, Florida, junto a sus padres. Salió de Nicaragua el 22 de diciembre de 2018, tras girarse una orden de captura en contra de su padre, el periodista Luis Galeano, quién fue un blanco del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

«Cuando entramos al aula, todos me quedaron viendo raro y cuando me fui a sentar, alguien me habló en inglés y yo dije: ‘I don’t speak English’, cuando eso pasó, todos me empezaron a hablar en español, pero en el segundo día de escuela me empezaron a acosar por ser el más pequeño», relata Galeano.

Su papá cuenta que, inicialmente, el pequeño se rehusaba a ir a clases y decía que esa no era su escuela, sino el kinder «Jardín de María», en Managua, donde tenía a sus amigos y su maestra. «Los primeros días fueron muy duros, el llanto de él con el nuestro. La frustración y el dolor son cosas que no se las deseo a ningún niño ni a ningún padre», afirma el director del programa «Café con Voz». 

Andres Galeano, hijo del periodista Luis Galeano. El comunicador dice que comparte tiempo de calidad con su hijo para infundir confianza y seguridad en su vida como exiliado.

Bullying por no saber inglés

Alejandra Maradiaga Valle, hija del politólogo y excarcelado Félix Maradiaga, vivió una situación similar. Junto a su familia, la niña tuvo que salir de Nicaragua, en junio de 2018, sin tener una fecha de retorno. 

Berta Valle, mamá de Alejandra, narra que iniciar la escuela en Estados Unidos significó un desafío grande por la forma «tan abrupta» en la que salieron del país, sumado al idioma y el bullying que sufrió por ser la alumna nueva que no hablaba inglés. 

«Alejandra era una niña nueva en la escuela que estaba aprendiendo a hablar el idioma y se enfrentaba a otros niños que, de repente, hacían comentarios despectivos. Esa parte fue bien difícil», explica. 

Barreras del idioma

Margin Pozo, mamá de Alejandra Mendoza, cuenta que a su hija sí le gustó la integración en su nueva escuela.  El único obstáculo que entristeció a la pequeña fue que ni su maestra, ni ninguno de sus nuevos compañeros de clases hablaba español y eso dificultó que pudiera hacer nuevos amigos.

«Ella estaba contenta, pero cuando escuchó que no había más niños que hablaban español, eso la puso un poco triste, porque ella sentía que no podía interactuar mucho con los demás niños y jugar. Ella era la única latina en el aula de clase», relata Pozo, esposa del cronista deportivo y desterrado político Miguel Mendoza. 

La mayor frustración de Alejandra era que sus compañeros no le entendían y ella tampoco comprendía lo que le querían decir por la barrera del idioma.

Una videollamada de despedida 

«Yo me quiero ir ya, yo no quiero tener esta vida aquí», dijo entre lágrimas Dayma Sophia Medina en una conversación con su mamá. Sus padres y ella fueron desterrados por la dictadura orteguista en julio de 2023, cuando les negaron su retorno a Nicaragua. Al igual que los otros niños, no pudo despedirse de sus amigos, compañeros de escuela ni de su maestra y le tocó empezar de cero junto a su familia en Estados Unidos.

Medina expresó su frustración por no poder regresar a Nicaragua y jugar con sus amigos mediante comportamientos como encerrarse en los roperos, hacer dibujos tristes e incluso escribir los nombres de todos sus compañeros de escuela en una cartulina.

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«Nos preguntaba por sus compañeritos de clase y de pronto encontramos cartulinas con todos los nombres de los ‘compañeritos’ y el de la profesora. Le hicimos videollamada para ver si ella se podía despedir, ya que todo fue drástico, de una forma repentina», cuenta Dayra Cruz, madre de la niña. 

Cuando Cruz habla de este tema, no puede contener las lágrimas.  Relata que uno de los momentos más tristes que les ha tocado vivir en Estados Unidos fue una crisis de llanto de Dayma, ya que una de sus nuevas compañeras de escuela, le dijo que nunca más volvería a Nicaragua. «Eso la afectó mucho, no paraba de llorar», relata

El efecto del exilio

La doctora Isabel Gómez, especialista en Psicología de la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por sus siglas en inglés), indicó que es importante la manera en la que los padres hablan con sus hijos sobre lo ocurrido y que les den la confianza de que el porvenir será mejor. 

«Debemos tener cuidado sobre cómo hablarles a los niños y decirles ‘sí, es malo lo que pasó, pero yo estoy contento porque estoy acá contigo, vamos a seguir adelante’. Depende de los adultos lo que ese niño reciba en su corazón y mente de que hay todavía esperanza para tener un mundo mejor», explica. 

La especialista señala que cuando crezcan la mayoría de los niños serán mucho más fuertes de carácter, debido a la experiencia que les tocó vivir a su corta edad. Sin embargo, aclara que no todos son iguales y que algunos pueden crecer con ansiedad, depresión e incluso sentimientos de ira.

Carta de la hija de Miguel Mendoza a sus padres.

 Por su parte, Ruth Quiroz, especialista en Psicología, explica que la infancia es un periodo muy importante para un ser humano, ya que durante esa etapa se desarrolla la personalidad. En el caso de estos niños, dejar atrás a sus amigos, su escuela, familia y su país es una marca para la historia de vida. 

«La reacción, el vínculo que tengamos con nuestros padres, con nuestros cuidadores, va a ser fundamental para cómo se desarrolle esa personalidad. Hay algo que se llama ‘pilares de la personalidad’ y si esos pilares no quedan bien establecidos en la infancia, pueden tener alguna dificultad para relacionarse a lo largo de la vida, conectar e interactuar», asegura la experta. 

Ambas destacan el rol importante de los padres de familia durante el proceso de adaptación de los menores y que deben hacerlos sentir seguros y alentarlos a cumplir nuevas metas. 

Oportunidades en otra patria 

A pesar de su difícil comienzo, estas cuatro familias han intentado «pasar la página» y, con mucho amor y unión, han aprendido a ver el lado positivo de la situación a la que fueron forzadas por el régimen nicaragüense.

Uno de los puntos positivos que ve Galeano es la calidad de la educación que está recibiendo el pequeño Andrés en Estados Unidos y que en el sistema escolar público de Nicaragua no es posible.  

«En Nicaragua hay que pagar para que tus hijos aprendan inglés, acá es el entorno el que te obliga a aprenderlo porque es el idioma de este país. Eso es una ganancia al final. Si lo mirás desde otra perspectiva, mi hijo tiene un activo a su favor, un idioma más, el español y el inglés», destaca el comunicador.

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«Si a eso le agregás que se abre un futuro si se forma con las reglas y educación de este país, que toca con la universidad y con diferentes instituciones que podrían ser en el futuro el empleo y desarrollo de la persona como tal», dice Galeano.

La visita a la universidad de Nueva York despertó en Alejandra Mendoza el objetivo de estudiar su carrera universitaria en esa prestigiosa institución. Incluso dijo a sus padres que conseguirá una beca y que al cumplir la mayoría de edad, conseguirá un empleo para costearse el hospedaje y otros gastos.

Alejandra Maradiaga Valle en compañía de sus padres Félix Maradiaga y Bertha Valle.

«El cariño de nosotros ha hecho que vaya aceptando que estamos ahora en un país nuevo, pero que va a ofrecerle a ella oportunidades en el futuro, de aprendizaje y desarrollo, entonces tiene muchas aspiraciones y nosotros siempre le ponemos al Señor en sus manos el presente y el futuro», cuenta emocionada la mamá de Alejandra. 

Berta Valle considera que la dura experiencia que vivió su hija a temprana edad le está dando la oportunidad de desarrollar habilidades y la capacidad de fortalecer su carácter. «Es una oportunidad para nosotros como padres de utilizar este contexto en el cual están viviendo nuestros hijos para enrumbarlos hacia una visión de oportunidad de crecimiento», expresa.

No todos al mismo ritmo

Por su parte, Dayma ha ido poco a poco adaptándose a la nueva escuela y está cada vez más motivada por los reconocimientos que le han entregado debido a su participación, excelencia académica y responsabilidad al momento de entregar las tareas. 

«Nosotros lo hemos ido llevando junto con ella, se ha ido superando, ha ido avanzando y ha ido levantando sus notas. Le han entregado diplomas y eso la ha animado bastante para seguir adelante y aprender más», relata su mamá.

Las cuatro familias coinciden en que el amor, la unión familiar y las ganas de salir adelante han sido claves para ir venciendo poco a poco las dificultades que se les han presentado a raíz de las acciones ilegales y arbitrarias del régimen Ortega-Murillo contra ellos y que han afectado directamente a sus familias.

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Mientras la familia Ortega-Murillo siga en el poder en Nicaragua, es incierto si Andrés, Alejandra, Dayma, Alejandra Mendoza y otros miles de niños podrán regresar al país que los vio nacer. La única certeza hasta ahora es que deben adaptarse a una nueva escuela, nuevos amigos y un nuevo hogar. Sin embargo, el futuro en el país de las oportunidades es prometedor y esperanzador.

Hasta el momento, no hay una cifra exacta de los niños que han sido empujados al exilio por el régimen de Daniel Ortega. Sin embargo, cifras de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) revelan que, entre 2018 y 2023, cerca de 935,065 nicaragüenses abandonaron el país, incluyendo miles de niños y niñas.

La mayoría de las familias que optan por salir de Nicaragua lo hacen debido a la persecución política y el asedio policial, así como por la crisis económica que ha afectado al país, una situación que se ha visto exacerbada durante la pandemia de COVID-19.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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