Año 2020: El gran capital

De acuerdo con la Comisión Económica Para América Latina (Cepal), en el 2008 el Producto Interno Bruto (PIB) de Centroamérica, incluyendo Panamá, fue de US$ 134,489.1 millones de dólares y el de Nicaragua fue de US$ 6,365.3 millones de dólares. Es decir, que Nicaragua teniendo más recursos naturales, más agua potable, más tierra cultivable, etcétera; representó solamente el 4.73 por ciento del PIB centroamericano.
Trece años después del pacto Ortega con el gran capital, Nicaragua sigue siendo el país más atrasado de la región centroamericana. En el 2017, según “The World Fact Book de la CIA”, la economía nicaragüense representa escasamente el 5.42 por ciento de la economía de Centroamérica y según el FMI el 4.55 por ciento en el 2019.
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Desde el 2007, el gran capital ha demostrado que no sabe vivir sin la teta del Estado. Nunca los empresarios y banqueros han tenido más ingresos provenientes del Presupuesto General de la República; es decir, del bolsillo de los nicaragüenses. En el período 2007 al 2020, el capital ha recibido por diferentes tipos de beneficios una cantidad superior a los US$ 13 mil millones de dólares, equivalente al PIB del país en un año.
El Consejo Monetario Centroamericano en una publicación oficial dice que en el 2016 la tasa de ganancia promedio de los bancos en Nicaragua era del 30 por ciento anual, superior entre cinco y cuatro veces a la ganancia promedio de los bancos de Panamá y Costa Rica que son mucho más desarrolladas las economías de esos países.
Las políticas económicas del régimen Ortega-Murillo no han sido diferentes a las implementadas por los gobiernos neoliberales anteriores (1990-2006); entre otras cosas, porque las personas encargadas de diseñarlas y ponerlas en práctica comulgan con las mismas ideas económicas neoliberales.
Ninguna de las atrocidades y mentiras que difunde el régimen para crispar la convivencia entre los nicaragüenses se podrían difundir sin el beneplácito de la cúspide del poder dictatorial para crear miedo en la población, mantener su alianza con el gran capital, con la clase política tradicional y para que altos funcionarios del Estado actúen y gobiernen en su beneficio.
La razón de fondo que explica la posición de los poderes fácticos económicos es que tienen miedo frente a la competencia regional e internacional por el atraso existente en la mentalidad de los empresarios. Ni las grandes empresas ni los bancos podrían obtener las ganancias extraordinarias sin colgarse a la teta del Estado.
Las grandes empresas y los bancos saben perfectamente que la lógica política económica vigente les obliga a estar constantemente en la cuerda floja producto una economía débil/castrada y bajo el dominio de las finanzas internacionales y que, por la falta de competitividad y productividad, necesitan tener de aliado a gobiernos dispuestos a ayudarlos en todo momento y sin mirar el monto del dinero público que se gaste en ello.
Los poderes fácticos económicos locales han creado una economía subordinada al capital financiero nacional e internacional que actúa contra ellos mismos. La crisis económica internacional que se avecina no sólo puede provocar más desempleo y pobreza, sino más empresas destruidas.
En la lógica de los empresarios locales, para sobrevivir, las grandes empresas no solo necesitan concentrarse más, dominar el mercado interno y acabar con la competencia de los empresarios medianos y pequeños, sino disponer, también, de todos los resortes del Estado, por eso la necesidad de aliarse al poder de turno, antes fueron los Somoza y ahora Ortega-Murillo.

Daniel Ortega junto a Rosario Murillo y dos de sus hijos. Foto: AFP
Sectores del gran capital impulsan y financian a politólogos y economistas para que propaguen las virtudes de la “futura reconciliación” con el régimen dictatorial; pues, en la realidad ellos no quieren que este desaparezca, sino que se establezca un nuevo acuerdo para asegurar sus ganancias, dominar el mercado y salvar/mejorar/recuperar, con la ayuda del Estado, la tasa de ganancia.
Muchos empresarios no podrían existir o serían marginales sin el apoyo material y financiero del poder político. El régimen sabe que muchas de las grandes empresas y los bancos tienen miedo; sabe que los empresarios necesitan un apoyo permanente (exoneraciones, exenciones y otros beneficios) y que necesitan tener el apoyo político-económico del régimen. Sobre todo, en una coyuntura de recesión y crisis sociopolítica como la que vivimos actualmente. Ortega no va a parar en utilizar todas las herramientas del poder hasta que consiga, nuevamente, la docilidad del empresariado.
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Pero no vale la pena culpar de lo que ocurre tan solo a los miembros del gran capital que, al fin y al cabo, no hace sino defender sus propios intereses. Es la oposición real, la que ha bajado la guardia, la que ha despreciado la lucha política en la población autoconvocada y la que no ha elaborado de una estrategia multidimensional que tome en cuenta esta realidad del gran capital y de la mayoría de la población.
Actualmente, sectores de la oposición elaboran estrategias, reproducen y toman decisiones basadas en la lógica de la cultura política tradicional de creer que se puede derrotar a la dictadura Ortega-Murillo bajo la dirección política de los representantes políticos del gran capital. Lo preocupante no es solamente la perversidad del régimen sino la inocencia y ceguera política del liderazgo de la oposición.


En los 70’s existía una oposición bien fuerte y popular liderada por el Dr. Fernando Agüero Rocha, sin embargo el Grupo Pellas-Chamorro se asoció con Anastasio Somoza y sus aliados dentro de medios de comunicación seudo opositores que aparentaban ser opositores, pero en privado negociaban beneficios con Somoza, y al final destruyeron a Agüero, a la oposición existente y Somoza, Pellas y Chamorros lograron que se consolidara el FSLN, ya que muchos conservadores se convirtieron en aliados del sandinismo, hasta que los sandinistas llegaron al poder, y acusaron a los conservadores de colaboradores de Somoza, sin embargo el sandinismo se nutrió de somocistas serviles que hasta el día de hoy continúan elaborando buen servicio al dictador Daniel Ortega. Es absurdo meter a todos los capitalistas en la bolsa de unos pocos vividores, hay capitalistas honestos, que existían en los 70’s y 80’s que fueron ahogados y destruidos económicamente por no comulgar con esta cultura muy común hoy en la empresa privada nicaragüense.
Todos son zorros del mismo piñal botan el pelo pero no las mañas y la verdad nadie se preocupa por el pobre todos velan por sus intereses