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El poeta Ernesto Cardenal fue sepultado casi en la clandestinidad para evitar otro agravio de Rosario Murillo

Las cenizas del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal fueron colocadas a la orilla de una roca, en la isla de Mancarrón, en Solentiname. Sus allegados sepultaron los restos del escultor, «en una ceremonia íntima», según publicó en Twitter el periodista Wilfredo Miranda, reportero de Confidencial, quien se encuentra en el sitio.«Fue una ceremonia muy íntima, … Continuar leyendo
Por Álvaro Navarro marzo 6, 2020
El poeta Ernesto Cardenal fue sepultado casi en la clandestinidad para evitar otro agravio de Rosario Murillo. Foto: Cortesía Wilfredo Miranda / Confidencial
El poeta Ernesto Cardenal fue sepultado casi en la clandestinidad para evitar otro agravio de Rosario Murillo. Foto: Cortesía Wilfredo Miranda / Confidencial

Las cenizas del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal fueron colocadas a la orilla de una roca, en la isla de Mancarrón, en Solentiname. Sus allegados sepultaron los restos del escultor, «en una ceremonia íntima», según publicó en Twitter el periodista Wilfredo Miranda, reportero de Confidencial, quien se encuentra en el sitio.

«Fue una ceremonia muy íntima, según su hijo espiritual Bosco Centeno. Ya descansa en su isla», escribió el periodista Miranda, a través de la red social.

«Decidimos hacerlo así sencillo, privado, hacer aquí su nicho, para evitarnos cualquier cosa porque había mucha información cruzada. Queríamos evitar una cosa parecida a eso (lo que ocurrió en Catedral el pasado cinco de marzo durante las exequias de Cardenal), no queríamos que sucediera, entonces hicimos esto, no tuvimos ningún problema, ya lo tapamos y aquí va a descansar Ernesto», dijo Bosco Centeno a Confidencial.

Noticia relacionada: Turbas sandinistas invaden Catedral de Managua en misa del poeta Ernesto Cardenal

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo intentó ultrajar las honras fúnebres del poeta y escultor en la Catedral de Managua lanzando una turba a atacar a los asistentes a la misa y a los periodistas que cubrían la ceremonia.

Durante el ataque, las huestes financiadas y transportadas por el gobierno golpearon a los periodistas Hans Lawrence Ramírez, de Nicaragua Investiga; a Leonor Álvarez, de La Prensa y David Quintana, del Boletín Ecológico. Además robaron equipos de transmisión y cámaras de televisión a estos reporteros y a otros que trataban de cubrir los hechos violentos de las hordas del régimen.

Después de esa acción criminal, al día siguiente, Rosario Murillo amenazó a través de su alocución de mediodía en los medios oficiales, que también enviarían a sus turbas a Solentiname, por lo que los allegados del poeta se adelantaron y sepultaron los restos de Cardenal casi en la clandestinidad.

«Nos unimos de manera particular con la comunidad de Solentiname, donde sabemos que se van a depositar sus cenizas, esa comunidad a la que tanto enseñó, tanto entregó esa comunidad que en 1977 fue ejemplo, fue inspiración de lucha de liberación, de lucha libertaria en nuestra Nicaragua», dijo Murillo a través de su intervención oficial.

 

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