Obispo Silvio Báez: El auténtico cambio en Nicaragua va a venir desde adentro del país

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, dijo en una entrevista exclusiva con el periodista Elmer Rivas para el medio Confidencial, que está seguro de que el cambio en Nicaragua vendrá de quienes están dentro del país, en quienes está esperanzando de que podrán lograrlo.
«El cambio en Nicaragua depende del pueblo de Nicaragua, especialmente del que está dentro del país. Tengo una gran esperanza y una gran confianza de los nicaragüenses que están dentro del país, y creo que el auténtico cambio va a venir de dentro», señaló el obispo que lleva siete años de exilio forzado por la persecución de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en su contra, después de su papel central en impedir la represión de la rebelión de abril de 2018.
En la conversación, en la que se abordaron pasajes personales de Báez -desde su infancia hasta su ministerio episcopal- el prelado insistió en que la esperanza verdadera parte de la confianza en Dios y no de un optimismo mundano.
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Afirmó también que su primer lugar al regresar al país sería visitar Masaya, el departamento donde nació, creció y se formó antes de escoger el camino sacerdotal con la orden religiosa de los Carmelitas descalzos.
Su esperanza es que haya «una nueva Nicaragua donde podamos compartir nuestras ideas y nuestros bienes sin temor, y en modo solidario y justo. Donde podamos construir una patria donde nadie se sienta excluido, donde pensar diferente no sea un delito, en donde entre todos construyamos un país en el que haya verdadera paz fundada en la justicia social. Y creo que es posible, estoy seguro que lo vamos a lograr», recalcó sobre ese deseo.
El exilio de Babilonia y la Cruz
Báez comparó al régimen con dos iconos bíblicos, al ser un estudioso de las Sagradas Escrituras con una tesis doctoral sobre la Biblia. Explicó que uno de ellos es el caso del exilio de Babilonia porque «el exilio no es solamente estar fuera de la tierra, se está fuera de la historia, si no cuentas en la construcción de tu país, si estás relegado por tu forma de pensar, de alguna manera estás relegado».
Y una segunda comparación es la de Jesús en la cruz, en su promesa de que la muerte no es el fin. «Porque el icono pascual de la cruz nos vuelve a mostrar lo mismo del exilio, para Dios no hay un momento final en el que se acaba todo, siempre puede brillar una nueva luz en la oscuridad», remarcó.

La Nicaragua que espera el obispo
Se paseó por la crisis de 2018 a petición del periodista que le mostró escenas de la represión y sus palabras en Masaya. Recordó que ese año fue especial para él, que lo lleva en su corazón y memoria, porque le permitió en carne propia «asumir los sufrimientos y las esperanzas del pueblo».
Sostuvo que las protestas fueron espontáneas, que nadie se lo esperaba y que las muertes, la sangre derramada y el exilio no serán en vano.
«Lo que ahora me pregunto y lo que deseo y lo que anhelo es que todo eso no haya sido en vano, ha sido mucha la sangre derramada, muchas las vidas sacrificadas, mucho el dolor y eso tiene un precio infinito. Yo espero que todo eso no sea en vano y confío en que el Señor recoja en sus manos bondadosas toda esa sangre, todo ese dolor, toda esa lucha y sea como un abono a una nueva etapa a la historia de Nicaragua», expresó.
Un doloroso exilio
El periodista también hizo que a monseñor se le quebrara la voz al preguntarle cómo fue para él irse al exilio por decisión del papa Francisco.
Báez contó que tuvo una larga discusión con el fallecido papa argentino porque en principio lo encaró al no entender porqué cuidaba al pastor, pero no a las ovejas, pero luego comprendió que era la mejor decisión porque el pontífice no quería otro obispo mártir en Centroamérica.
«Fue muy doloroso, yo discutí con el papa Francisco largamente, pero él estaba convencido que era lo mejor. A mí me afectó muchísimo sobre todo no estar cerca del pueblo de Dios, salí sin ver clara la decisión, sin estar convencido de que era la mejor decisión», puntualizó.

Y más adelante añadió que: «Ahora después de ocho años no me arrepiento de haber obedecido y aceptado la decisión del papa Francisco, fue un momento de lucha contra la oscuridad muy grande, pero allí pude descubrir la presencia de Dios en mi vida de nuevo, la presencia del Señor Jesucristo resucitado dándome fuerzas, fortaleciendo mi esperanza, ayudándome a descubrir nuevos horizontes».
Sobre cómo es un obispo auxiliar lejos del territorio, detalló que no estar físicamente implica estar lejos. En el caso de los sacerdotes, tiene la aprobación papal de hacer una reunión mensual virtual con los 200 presbíteros exiliados por la dictadura.
Papa León conoce lo que ocurre en Nicaragua
Del papa León XIV aseguró que conoce la situación del país, de la Iglesia, sus obispos y sacerdotes.
De la reunión que sostuvo el pontífice en agosto de 2025 con los obispos nicaragüenses exiliados, comentó que «me di cuenta que tiene un conocimiento muy detallado de la situación de Nicaragua, sabe lo que está ocurriendo, sabe de la situación de la Iglesia, conocía nuestra propia situación y creo que va a tomar decisiones. Sin embargo, el papa León es muy reflexivo, además de ser un hombre de Dios, es un hombre sabio, sabe escuchar y no se deja guiar por la espontaneidad. Estoy seguro que la Iglesia de Nicaragua, los sacerdotes y los obispos, estamos en su mente y su corazón.», insistió.

El silencio dentro de la Iglesia
Báez condenó el silencio dentro de la Iglesia, en especial si es para favorecer al poder en una clara crítica a lo que ocurre dentro del país, aunque sin señalar a nadie directamente.
«En la iglesia existe el silencio negativo de callar para no tener problemas. Para no tener dificultades con los grupos de poder, con el sistema establecido, lo más fácil es callar y la Iglesia cae en esta tentación cuando calla. Estamos llamados, como comunidad de Jesús, a ser una comunidad valiente, transparente, una comunidad de la palabra, somos una comunidad de la palabra», resaltó.
Aseguró que hizo lo que estuvo a su alcance para ayudar en la liberación del obispo Rolando Álvarez con quien después de su destierro ha tenido la oportunidad de compartir tres veces.

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