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sáb. 3 oct.
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«Nuestra lucha es impedir el olvido»: El luto eterno de Francisca Machado

A ocho años de las masacres de 2018, Francisca Machado mantiene viva la memoria de su hijo Franco Valdivia. Su testimonio revela el dolor de una familia fragmentada y la determinación de las Madres de Abril por lograr una fiscalía independiente que investigue los crímenes de la dictadura
Por Artículo 66 mayo 30, 2026
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Francisca Machado sostiene un cartel en el que exige justicia para su hijo Franco Valdivia. La fotografía fue tomada el 30 de mayo de 2018 | Foto: Cortesía

La última imagen que Francisca Machado guarda de su hijo, Franco Valdivia, se remonta al joven caminando hacia la puerta con un bolso rojo al hombro. Era jueves, 19 de abril de 2018. Franco, estudiante de tercer año de Derecho y apasionado del rap conciencia, salió de su casa en Estelí para acompañar a su abuela paterna esa noche.

«Que Dios te acompañe. Hasta mañana», fueron las últimas palabras que Francisca cruzó con su hijo. Horas después, la violencia estatal se encargaría de que ese mañana nunca llegara.

Al día siguiente, la rutina parecía normal. Ella fue al trabajo y él se suponía que iría a su labor en un taller de carpintería. Sin embargo, a las 3:00 de la tarde, el teléfono trajo la primera señal de alerta. Franco se había unido a la marcha convocada por los estudiantes.

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«Él se unió a la marcha por iniciativa propia. Él quería defender sus derechos, estaba convencido de que tenía que defender y denunciar las injusticias que cometía la dictadura contra los más vulnerables».

Francisca intentó llamarlo repetidamente sin éxito. A las 6:00 de la tarde, el ruido de los disparos y las bombas comenzaron a inundar las calles de Estelí. Mientras el alboroto crecía, las redes sociales mostraban lo que el silencio oficial callaba.

Durante la marcha, Franco logró publicar un video en las redes sociales en el que denunciaba el ataque perpetrado por la dictadurade Daniel Ortega. «Él decía que los estaban atacando y mostraba una bala. Dijo que andaban personas de la tercera edad y niños en una protesta pacífica».

Esa fue la última vez que Francisca lo vio con vida, a través de una pantalla. Pasó la noche en vela, esperando un regreso que no ocurrió. A las 2:00 de la madrugada, la noticia llegó por teléfono: Franco estaba en la morgue.

Lee también: Asociación Madres de Abril: «Ortega intenta borrar y negar los hechos de violencia de abril de 2018»

En el Hospital San Juan de Dios, la realidad la golpeó de frente. Sus hermanos recibieron la cartera, la cédula y el teléfono de su hijo. Al entrar a la morgue, Francisca levantó una sábana blanca.

«Estaba Franco acostado ahí. Lo agarré, lo senté y lo abracé. Tenía la espalda y el brazo raspado porque lo arrastraron como 200 metros en el parque de Estelí», recordó.

Una familia fragmentada por la masacre

Franco Valdivia fue asesinado el 20 de abril frente a la Alcaldía de Estelí. Es una de las 355 víctimas fatales que dejó la crisis política y social de Nicaragua en 2018 y que fueron contabilizadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El impacto para los Valdivia Machado fue total. Franco fue asesinado, su hermana Francis partió al exilio y Francisca quedó sola con un vacío que describe como inexplicable.

«Sentí que mi mundo se acabó, como que me arrancaron una parte de mi corazón. Me arrebataron a toda mi familia. Destruyeron mis sueños y los de Franco, que no logró completarlos», relata con una voz marcada por la impotencia.

Desde entonces, para Francisca, el 30 de mayo ha dejado de ser una fiesta. En Nicaragua, el Día de las Madres ahora es un recordatorio del luto nacional, así como fue declarado por la Asociación Madres de Abril (AMA).

El cuerpo de Franco Alexander Valdivia Machado, víctima de la represión de abril, fue enterrado en el Cementerio Municipal de Estelí, Nicaragua | Foto: Cortesía

«Es un día muy triste, muy difícil, de mucho dolor y mucha impotencia en saber que los culpables no han sido castigados», dice.

Esta organización, que agrupa a las mujeres que perdieron a sus hijos durante el estallido social, estableció el duelo tras la cruenta masacre perpetrada contra la marcha de las madres en 2018.

«El régimen ha negado sistemáticamente su responsabilidad. Al inicio nos acusó de que inventábamos a los muertos. Por eso, el 30 de mayo de 2018 salimos a las calles con los retratos de nuestros hijos», afirma Machado con firmeza.

Ocho años de lucha contra el olvido

A pesar del dolor, Francisca Machado no se ha quedado sentada. Como miembro de la AMA, ha liderado la demanda de justicia ante instituciones que, según denuncia, dieron la orden de «disparar a matar».

La responsabilidad de las masacres de abril y mayo de 2018 recae sobre una estructura estatal encabezada por Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes son señalados de dar la orden.

Esta cadena de mando se extiende a 126 responsables de violaciones de los derechos humanos. Entre los responsables está la jefatura de la Policía Nacional, bajo la dirección de Francisco Díaz y Ramón Avellán, y a la exministra de salud Sonia Castro, responsabilizada por la denegación de auxilio en hospitales públicos.

Integrantes del movimiento Madres de Abril participan en una protesta para exigir justicia por sus hijos, fallecidos durante las recientes manifestaciones tras el intento del presidente Daniel Ortega de reformar el sistema de seguridad social | Foto: AFP

Asimismo, se identifica como ejecutores directos a grupos parapoliciales y estructuras de la Juventud Sandinista, quienes, con el apoyo operativo de las alcaldías municipales, perpetraron actos de tortura y ejecuciones extrajudiciales que hoy permanecen en la impunidad bajo la protección del sistema judicial nicaragüense.

Francisca mantiene su norte claro: impedir que la impunidad se imponga sobre la sangre derramada por querer una Nicaragua libre, aún cuando han transcurrido ocho años de los asesinatos que enlutaron a cientos de familias.

Las demandas que no caducan

Para ella, la justicia no es algo que debe esperar a una transición política en Nicaragua. Su lucha comenzó el mismo 20 de abril de 2018, exigiendo que las autoridades cumplieran su deber, que entregaran los cuerpos de las víctimas sin chantajes y expedientes con forenses independientes.

Francisca explica que el camino hacia la verdad ha sido una batalla de resistencia frente al silencio institucional. «Fue una lucha que se libró caso a caso y, desde el primer día, nuestra tarea es trabajar por esclarecer la verdad, para que los organismos de derechos humanos internacionales cuenten con información pertinente», asegura.

Esa exigencia de justicia se fundamenta en la desconfianza absoluta hacia el sistema judicial actual. Ante la falta de garantías internas, la madre de Franco apuesta por la fiscalización externa como único camino para romper la impunidad.

«No creemos que aquí en Nicaragua existan autoridades honestas, pero con la ayuda internacional creemos que podemos lograr cambios en los poderes del Estado y la creación de una fiscalía independiente y especial que investigue los hechos», sostiene con determinación.

A pesar de los años y el asedio, su postura no ha variado. Al contrario, se ha vuelto el motor de su existencia. «Nada nos ha hecho retroceder. Somos una familia unida por el dolor y la sed de justicia. No permitiremos que esta vez se imponga la impunidad y el olvido; para que se conozca la dimensión de los crímenes que se ejecutaron con alevosía, ese es nuestro compromiso y lo estamos cumpliendo», dice esperanzada.

Francisca aún guarda en su memoria el recuerdo intacto de su hijo saliendo de casa con aquel bolso rojo, ajeno a que esa despedida sería el inicio de un luto que hoy alimenta su demanda de justicia. Por ella y por todas las madres de abril.

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