Monseñor Báez: Los dictadores usan a Dios «solo para confirmar su autoritarismo»

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, dedicó su homilía del domingo 26 de octubre a reflexionar sobre la parábola del fariseo y el publicano, centrando su mensaje en una advertencia sobre el uso político de la religión. Desde la iglesia Santa Ágata, en Miami, el prelado recordó que Jesús enseña que «no se puede alabar a Dios y condenar a sus hijos», y que la verdadera fe se manifiesta en la humildad, no en la arrogancia ni en la manipulación del poder.
Báez explicó que en la parábola, el fariseo representa a quien «practica lo que el Papa Francisco llamaba “la religión del yo”», un tipo de religiosidad en la que el individuo se adora a sí mismo y convierte su fe en un instrumento de soberbia. Esa actitud, advirtió, «aleja del camino del corazón» y transforma la oración en un ejercicio vacío de compasión.
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El obispo subrayó que esa lectura no solo se aplica a la vida espiritual, sino también a la realidad social y política. «La parábola no habla solo de la oración. Es una parábola sobre la vida, sobre Dios, sobre nosotros mismos y también sobre la sociedad», afirmó. Por ello, agregó, «es posible hacer una lectura social y política de la parábola, pensando en regímenes dictatoriales de nuestros países que continuamente mencionan a Dios e invocan su nombre, mientras oprimen, roban, irrespetan los derechos humanos y destruyen el futuro de nuestros pueblos».
«Usan la religión como sustento ideológico»
En uno de los pasajes más directos de su homilía, monseñor Báez advirtió que «como el fariseo de la parábola, estos regímenes autoritarios se sirven de la religión para sí mismos, para tranquilizar sus conciencias, usarla como sustento ideológico o ganarse la buena voluntad del pueblo sencillo y creyente».

«Invocan a Dios y le dan gracias por las supuestas bendiciones que reciben», añadió, pero esas bendiciones —según explicó— «en realidad son solo el resultado de sus políticas autoritarias y corruptas para afianzarse en el poder, enriquecerse cada día más y lograr sus propios intereses ideológicos».
El obispo comparó la arrogancia de esos regímenes con la del fariseo que se cree justo. «Como el fariseo de la parábola, los dictadores y quienes los apoyan creen que “no son como los demás”. Se creen una casta privilegiada y omnipotente, convencidos de que nacieron para mandar, que son dueños del país y superiores al resto de la sociedad a la que someten y agreden», expresó.
«Practican la religión del yo»
Báez profundizó en esa crítica al señalar que los regímenes autoritarios «practican la religión del “yo”, exigiendo culto a sus personas e imponiéndose sobre el pueblo con aires mesiánicos como si fueran pequeños dioses».
Afirmó además que «usan a Dios solo para confirmar su autoritarismo, pero nunca le piden perdón pues no reconocen ninguna culpa». Según el obispo, quienes actúan de esa manera «practican una religiosidad atea» porque «no sienten necesidad de la misericordia de Dios, ni reconocen su justicia».
Al final de su reflexión, el prelado recordó el mensaje central del evangelio: «Jesús nos enseña que la oración del soberbio no llega al corazón de Dios, pero la oración del humilde lo abre de par en par». Por eso pidió a los fieles «la gracia de conocernos, de no despreciar a nadie, de sentirnos pobres interiormente y necesitados de su misericordia», repitiendo la súplica del publicano: «Dios mío, ten misericordia de mí que soy un pecador».

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