Monseñor Silvio Báez: «En sociedades injustas, el silencio favorece a los opresores»

Desde la Iglesia Santa Ágata, en Miami, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, dedicó su homilía de este domingo 19 de octubre a reflexionar sobre la parábola del juez malvado y la viuda perseverante. En su mensaje, el prelado llamó a no guardar silencio ante la injusticia, a perseverar en la búsqueda de la justicia y a mantener la oración y la fe como formas de resistencia y esperanza.
«La viuda de la parábola acudía a aquel juez malvado, una y otra vez, gritando insistentemente: “¡Hazme justicia contra mi adversario!”. Lo que pide no es un privilegio ni un gusto personal; pide justicia, lo que piden todos los oprimidos de la tierra», dijo Báez, en referencia al pasaje del Evangelio de Lucas (18,1-8).

El obispo describió al juez como un hombre «perverso, sin escrúpulos, que no creía en Dios, no respetaba la ley, ni le importaba la gente», y subrayó que la mujer de la parábola «pese a estar desamparada, no se resigna ante la injusticia y enfrenta al juez malvado».
«El silencio favorece a los opresores»
Báez advirtió sobre las dos tentaciones que asaltan a las personas en situaciones de opresión: el silencio y la violencia. «El silencio no es la mejor opción cuando es atropellada la dignidad de las personas. En sociedades injustas, el silencio favorece a los opresores», recalcó.
Otras noticias: Monseñor Silvio Báez: «El mundo vive una nueva lepra con los regímenes autoritarios»
También destacó que la oración no es pasividad ni conformismo, sino una forma de protesta ante el mal y la injusticia. «La oración perseverante es también una forma de rebeldía frente al mal y la injusticia», expresó. «Al orar nos ponemos en manos de nuestro Padre Dios y nos negamos a sentirnos solos y débiles ante las fuerzas del mal».
Fe y esperanza frente al poder injusto
El obispo, exiliado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, dijo que la parábola es un llamado a la confianza y a la resistencia espiritual frente a las fuerzas del mal. «Podemos permitirnos una pausa, alguna duda, un paso atrás, pero nunca hay que desanimarnos del todo, no hay que bajar los brazos», afirmó.
Báez recordó que, aunque a veces «la maldad parece imponerse implacable», los pueblos oprimidos no están solos: «Dios conoce sus dolores y escucha sus gritos. Dios conoce muy bien las injusticias que se cometen contra los débiles y actuará con misericordia para defenderlos».
«La alborada de una nueva historia»
El obispo concluyó su homilía con una metáfora que resume su mensaje de esperanza y resistencia. «La oración —dijo— es como la alborada de una nueva historia, es como el horno en el que se va gestando el pan de la libertad».
Aunque sin mencionar directamente a la dictadura de Nicaragua, las palabras de Báez resonaron como un llamado a no resignarse frente a los poderes injustos y a mantener la fe activa, la protesta perseverante y la esperanza viva en medio de la adversidad.

Comentarios