Lenín Cerna: de oscuro matón de Daniel Ortega a perseguido por su propio régimen

Reinaldo Lenín Cerna es una de las figuras más temidas de la historia política de Nicaragua. Con más de medio siglo de vida ligada al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Cerna ha sido protagonista de los momentos más oscuros de la llamada revolución sandinista. Hoy, tras décadas de lealtad al dictador Daniel Ortega, es perseguido dentro del mismo régimen que él ayudó a consolidar.
Con una herencia de padres comunistas y refugiados salvadoreños, Lenín Cerna se integró al FSLN a los 17 años, en 1963. A partir de ahí, su vida estuvo marcada por la clandestinidad y la lucha contra la dictadura somocista. Fue encarcelado en 1968, pero gracias a una operación de rescate organizada por guerrilleros, fue liberado en 1974.

Esta liberación se produjo tras un asalto a la casa del influyente funcionario somocista José María Castillo, donde el intercambio de rehenes permitió la liberación de Cerna y de su compañero de celda Daniel Ortega, quienes fueron enviados en un avión a Cuba junto a otros prisioneros. Allí comenzó a forjarse entre ambos una lealtad y una alianza que parecía irrompible.
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El temido «jefe» de la Seguridad del Estado
Tras la caída de la dictadura somocista y durante el primer mandato de Ortega, en los años 80, Lenín Cerna se consolidó como uno de los hombres más poderosos del régimen. Fue nombrado jefe de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE), un organismo clave para la represión y control social contra opositores y campesinos en aquella época.
Cerna era conocido entre sus compañeros de lucha como «El jefe». Fue señalado de ser el responsable de casos de torturas y desapariciones forzadas. Además, de haber participado directamente en operaciones de inteligencia, como el asesinato en 1979 del exjefe de la Guardia Nacional somocista, Pablo Salazar, y de haber colaborado en la planificación del atentado contra el dictador Somoza Debayle, cuya muerte desencadenó el ascenso de Ortega al poder.
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Esto ayudó a que la figura de Cerna se consolidara como un símbolo de la «mano dura» del sandinismo, un hombre «dispuesto a todo por preservar el poder». Una muestra de esto es que la dictadura sandinista de los años 80 acumuló más de 14.000 denuncias de violaciones a los derechos humanos. En la mayoría de estos casos, las acusaciones apuntan directamente a Lenín Cerna y su DGSE, según el portal Divergentes.
De aliado cercano a enemigo del régimen
Cuando Ortega regresó al poder en 2007, Lenín Cerna seguía siendo una figura cercana al poder. Sin embargo, esto cambió cuando la codictadora y esposa de Ortega, Rosario Murillo, comenzó a tener más influencias y se comenzó a gestar la llamada «sucesión dinástica».
En 2011, Cerna fue expulsado del complejo presidencial de El Carmen y una posterior investigación por corrupción en la Dirección General de Ingresos (DGI) debilitaron aún más su posición.

En 2013, Cerna fue nombrado coordinador político del sistema judicial de Nicaragua y en 2018, durante las protestas antigubernamentales, fue reincorporado a labores de inteligencia, pero su poder ya estaba en retroceso.
En 2022, fue sancionado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos (EE. UU.), que lo acusó de estar vinculado a violaciones de derechos humanos y de ser responsable de «numerosos incidentes de violencia, homicidio y tortura». La sanción implicaba el congelamiento de sus activos en EE. UU. y una condena internacional que evidenció su pérdida de influencia y respaldo.
Poco después de esta sanción, su esposa Marisol Castillo renunció como contralora en la Contraloría General de la República, cargo que ocupaba desde 2014.
Hoy, Lenín Cerna es una figura perseguida dentro de su propio régimen. A pesar de su historial de lealtad y sus contribuciones a la consolidación del régimen de Ortega, ahora es considerado una pieza sacrificable en el juego del poder de Ortega y Murillo.

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