Rosario Murillo reconoce aporte a la paz de Violeta Barrios de Chamorro, pero calla el exilio que la obligó a morir en Costa Rica

La codictadora y portavoz del régimen sandinista, Rosario Murillo, se refirió este lunes, 16 de junio, al fallecimiento de la expresidenta de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro, a quien reconoció por su «aporte a la paz». Sin embargo, omitió mencionar que murió en el exilio, en Costa Rica, luego de que su familia se viera forzada a sacarla del país en 2023 ante el cierre del espacio democrático, la persecución a sus hijos y la falta de condiciones médicas y de seguridad.
Durante su alocución de mediodía en medios oficialistas, Murillo aseguró que el régimen sandinista reconoció los resultados de las elecciones de 1990 —en las que Barrios de Chamorro derrotó a Daniel Ortega—. Según Murillo, ese proceso permitió el fin de la guerra civil que desangró al país durante los años ochenta.
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Sin embargo, Murillo, esposa del dictador Daniel Ortega y cogobernante de facto del país, omitió toda mención a la política de desestabilización, caos y violencia que el Frente Sandinista impulsó contra el gobierno democrático de Barrios de Chamorro tras su derrota electoral.
«En el documento publicado el día sábado ante el fallecimiento de doña Violeta Barrios de Chamorro, a quien hemos reconocido su aporte a la paz en nuestra Nicaragua, primero cuando fue parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional al triunfo de la Revolución, y luego después del 90, donde se dieron esas elecciones…», dijo Murillo, en una intervención con constantes interrupciones técnicas.
Agregó que las elecciones del 25 de febrero de 1990, en las que Ortega fue derrotado, «reflejaron como resultado del infinito cansancio y sufrimiento de la guerra impuesta a Nicaragua por los imperialistas de la tierra». Según Murillo, con ese resultado «se tuvo la posibilidad de ratificar la conclusión de una guerra injusta, sangrienta, que representó tanto sufrimiento y tanto dolor para las familias nicaragüenses».
Además, insistió en que Daniel Ortega reconoció el resultado y se «dispuso a trabajar por la estabilidad y seguridad de las familias nicaragüenses». Y concluyó afirmando: «Así que nosotros una vez más le decimos que descanse en paz doña Violeta, y que esa paz que ella contribuyó a alcanzar, y esa paz que hoy resguardamos y defendemos todos, continúe brillando hermosa, hermosísima en nuestros cielos para avanzar hacia la liberación de la pobreza».
Lo que Rosario Murillo no dijo
A pesar del reconocimiento verbal de Murillo, su discurso omitió hechos fundamentales del contexto histórico y actual. No mencionó, por ejemplo, que doña Violeta murió el sábado 14 de junio de 2025 en San José, Costa Rica, a los 95 años de edad, después de una larga enfermedad.
Tampoco dijo que la expresidenta fue sacada del país en 2023, en medio de una escalada represiva que incluyó la confiscación del diario La Prensa, el exilio forzado de sus hijos y el cierre total del espacio democrático. Murió desterrada, impedida de vivir sus últimos años en su patria, condenada al silencio por un régimen que la adversó durante décadas y que persigue a toda su descendencia.
Murillo también silenció el rol del sandinismo —y del propio Ortega— como fuerza opositora violenta durante el mandato de Barrios de Chamorro. Tras perder el poder, Ortega proclamó que gobernaría «desde abajo» y, fiel a esa amenaza, impulsó asonadas callejeras, huelgas políticas, tomas de instituciones, sabotajes, barricadas y un uso sistemático de sindicatos, gremios magisteriales y estudiantiles para desestabilizar el gobierno electo.
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La exaltación oficial de una paz «resguardada hoy», como declaró Murillo, contrasta con el presente autoritario impuesto por el mismo régimen. Actualmente, Nicaragua mantiene a más de 120 personas presas por motivos políticos, ha ejecutado más de 300 asesinatos desde 2018, ha desterrado a más de 300 ciudadanos y ha obligado al exilio a más de 600 mil nicaragüenses, incluidos antiguos colaboradores del sandinismo.
Por lo tanto, más que un homenaje sincero a la única mujer presidenta que ha tenido Nicaragua, las palabras de Murillo terminan mostrando las contradicciones de un régimen criminal y autoritario que ha arrasado con toda posibilidad de libertad dentro del país. Y que convirtió en exiliada a doña Violeta.

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