«Le pagaron para matar»: el perfil del niño sicario, autor material del crimen que estremece a Colombia

El joven que disparó contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay el viernes 7 de junio en Bogotá es un adolescente de entre 14 y 15 años. Su participación directa en el atentado, confirmada por múltiples videos, ha sacudido a Colombia no solo por la magnitud política del crimen, sino por las preguntas que plantea su perfil: ¿quién lo envió?, ¿cómo lo reclutaron?, ¿y qué tipo de protección debe recibir alguien que, siendo menor, ejecuta un intento de magnicidio?
Niño sicario: le pagaron para matar
El menor llegó a un acto público en el barrio Modelia, localidad de Fontibón, donde Miguel Uribe hablaba con simpatizantes en un parque al aire libre. En imágenes ampliamente difundidas en redes sociales, se le ve apuntar con un arma tipo Glock y disparar en al menos dos ocasiones contra el político, impactándolo en la cabeza y en el muslo izquierdo. Luego intentó huir, pero ya estaba herido —posiblemente por la reacción de un escolta armado— y fue reducido por ciudadanos y simpatizantes del senador.
En videos posteriores, capturados por cámaras de seguridad de una calle aledaña, se observa al joven cojeando mientras es perseguido por varios hombres que finalmente lo inmovilizan. Ya en el suelo, algunos testigos le gritan: «¡¿Quién lo mandó?!», mientras él —visiblemente alterado— suplica: «¡No me peguen, déjenme dar los números!». Sin embargo, nunca llegó a entregarlos en ese momento. Fue entregado minutos después a la Policía de Bogotá.
Un chat que revela órdenes directas
Según el medio colombiano Zona Cero, en el teléfono móvil del menor se encontró un chat que podría ser clave para esclarecer el trasfondo del crimen. En una conversación con un individuo identificado como “Jhon Estiven”, este le ordena explícitamente: «Tiene que ser hoy sí o sí» y «A la hora que sea». Este intercambio sugiere que el menor no actuó solo, sino bajo instrucciones precisas, en lo que podría constituir una operación criminal premeditada.

Además, en los videos del acto político, el joven aparece hablando al oído con una mujer que cargaba una mochila en el pecho y también señalándose con otra mujer que estaba cerca. Las autoridades aún no han esclarecido si estas personas están relacionadas directamente con el crimen, pero no descartan que haya existido una coordinación logística mayor.
¿Quién es este menor?
El menor residía en la localidad de Engativá, en el occidente de Bogotá, bajo el cuidado de una tía. Su padre vive en el extranjero y su madre habría fallecido hace años. No tiene antecedentes penales conocidos ni historial público de violencia. Su caso ha generado una mezcla de consternación y alarma social: ¿cómo un adolescente termina involucrado en un intento de asesinato político?

Petro: «Le pagaron para matar»
La reacción más contundente vino del presidente Gustavo Petro, quien afirmó la noche del viernes durante un consejo de seguridad extraordinario:
«Lo primero que defendemos es la vida misma. La vida de la víctima, que está en buenas manos, y la vida del asesino, que es un menor de edad, un niño. Las leyes nos obligan a protegerlo por ser niño, porque si no cuidamos a los niños de la patria, no tendremos patria».
Petro también aseguró que el menor habría recibido pago para cometer el crimen, lo que refuerza la hipótesis de que hay autores intelectuales detrás del atentado. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, además de condenar el hecho como un intento de magnicidio, anunció que se ha dispuesto seguridad especial para el menor detenido, con el fin de garantizar su integridad y obtener información clave.
Justicia para adolescentes
Por tratarse de un menor de edad, el autor del atentado no será juzgado por la justicia penal ordinaria. Seguirá el proceso bajo el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, que contempla medidas pedagógicas y restaurativas. Su caso será presentado ante un juez de control de garantías especializado, quien podría imponer una medida de aseguramiento y proceder a la imputación.
Dependiendo del estado de salud del senador Uribe —actualmente hospitalizado en estado crítico—, el menor podría enfrentar cargos por tentativa de homicidio o por homicidio agravado, considerando además la indefensión en la que se encontraba la víctima. Si es hallado responsable, podría ser internado en un Centro de Atención Especializada (CAE) como El Redentor, en Bogotá, donde tendría acceso a estudios, formación técnica y una posible sanción no privativa si su conducta lo permite.
Una estructura criminal que usó a un niño
Más allá del acto en sí, lo que hoy conmociona a Colombia es el trasfondo. El atentado no parece haber sido un acto impulsivo ni solitario. Todas las señales —los chats, los contactos previos, las grabaciones, la coordinación logística— apuntan a que este menor fue usado por una estructura criminal con fines políticos, que se está aceitando en medio de la polarización y la violencia que empieza a calentarse en el país suramericano.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) rechazó de forma categórica «el uso, reclutamiento y manipulación de niños en la comisión de actos violentos» y anunció que acompañará al menor en el proceso judicial y en la restitución de sus derechos.
Mientras tanto, el senador Miguel Uribe Turbay lucha por su vida en cuidados intensivos, y su familia ha pedido respeto, silencio y oración. Colombia, en cambio, se enfrenta a su reflejo más oscuro: un niño armado, un crimen político y un país que aún no termina de escapar de su historia.

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