Nicaragüense es asesinado a tiros mientras trabajaba en construcción en Costa Rica

El ciudadano nicaragüense Josué Martínez Zapata fue asesinado la noche del miércoles cinco de junio en el barrio Irving, en La Cruz de Guanacaste, Costa Rica, cuando realizaba labores de construcción en una vivienda particular. El crimen también cobró la vida del costarricense Óscar Alonso Obando Rivera, de 34 años, quien trabajaba junto a Martínez en el mismo proyecto.
Según la versión preliminar brindada por las autoridades judiciales costarricenses, un hombre armado ingresó a la propiedad y abrió fuego contra ambos trabajadores, para luego huir de la escena. Josué Martínez recibió varios impactos de bala en el pecho y el abdomen, mientras que Obando fue alcanzado en el costado derecho del tórax y el abdomen. Ambos fallecieron en el lugar.
Las investigaciones revelan que el atacante habría llegado en motocicleta, la cual fue hallada posteriormente en llamas en las cercanías del sitio del crimen, lo que hace presumir que el autor del doble homicidio intentó borrar evidencias. Pocas horas después, en la zona de Santa Rosa, también en Guanacaste, un hombre sospechoso de este crimen murió en un enfrentamiento con la policía, aunque las autoridades aún no han confirmado oficialmente su identidad ni si se trata del responsable directo del ataque en La Cruz.
Con este nuevo hecho de sangre, Costa Rica acumula al menos 378 homicidios en lo que va del 2025, una cifra que ya supera en tres casos los registros del mismo periodo del año anterior, según estadísticas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). La tendencia apunta a que el país podría cerrar este año con más de 900 asesinatos por tercer año consecutivo, marcando un récord sostenido de violencia.

En este contexto, la población migrante nicaragüense ha resultado particularmente vulnerable. Solo en lo que va de 2025, se han reportado múltiples casos de nicaragüenses asesinados en territorio costarricense, incluyendo el caso de una madre y su hija en Los Chiles, y el de un joven ultimado a balazos en San Juan de Tibás. La falta de acceso a redes de protección, la informalidad laboral y el creciente clima de criminalidad afectan de forma desproporcionada a personas migrantes, especialmente aquellas que, como Josué Martínez, se ganan la vida en trabajos de alta exposición y bajo resguardo.
Criminalidad y sicariato crece en Costa Rica
Este país, tradicionalmente visto como un territorio pacífico en la región centroamericana, se enfrenta desde hace tres años a una escalada sostenida de homicidios vinculados al narcotráfico, ajustes de cuentas y presencia de bandas organizadas. Solo en 2023 se registraron 907 asesinatos, la cifra más alta en la historia del país, y las proyecciones para 2025 podrían superar ese récord, según el OIJ, que estima entre 925 y 975 homicidios al cierre del año. La mayoría de estos crímenes se concentran en zonas costeras, fronterizas y barrios periféricos, donde el control territorial por parte de grupos criminales se ha intensificado.
Uno de los fenómenos que más alarma ha generado es el crecimiento del sicariato, especialmente en provincias como Limón, Guanacaste y Alajuela. Las autoridades han advertido que muchos de los asesinatos están siendo ejecutados por personas contratadas para matar, incluso a plena luz del día y en espacios públicos. Este tipo de violencia no solo eleva el número de víctimas, sino que también genera un clima de inseguridad y temor constante en comunidades enteras. El Ministerio de Seguridad y el OIJ han intensificado operativos y estrategias de inteligencia, pero reconocen que el crimen organizado ha sofisticado sus métodos y se ha infiltrado en estructuras locales, aprovechando la fragilidad institucional y la falta de recursos para una respuesta integral.

Comentarios