Así estalló la guerra Trump-Musk, un choque de titanes que sacudió las redes y aquí te la mostramos minuto a minuto

La relación entre Donald Trump y Elon Musk terminó de romperse este 5 de junio con una guerra pública de publicaciones, insultos y acusaciones que dejó al descubierto la fractura entre el presidente de Estados Unidos y el magnate más influyente del país. En menos de seis horas, ambos protagonizaron un duelo en sus redes sociales —Truth Social y X— que pasó de las ironías a las amenazas, y culminó con insinuaciones graves sobre vínculos con Jeffrey Epstein, advertencias económicas y una ruptura definitiva.
De aliados estratégicos a enemigos declarados
La historia entre Trump y Musk no comenzó en el conflicto. Aunque distantes en la era de Barack Obama y durante el primer mandato de Trump, el vínculo entre ambos se fortaleció a partir de 2022, cuando Musk —tras comprar Twitter— comenzó a mostrarse como una figura clave en la batalla contra lo que ambos denominaban la «cultura woke». El empresario defendía la libertad de expresión irrestricta, restauró la cuenta de Trump en la red social ahora llamada X, y llegó a convertirse en un promotor silencioso del retorno republicano al poder.
Durante la campaña presidencial de 2024, Musk no endosó directamente a Trump, pero sí promovió activamente causas afines al trumpismo, cuestionó al Partido Demócrata, y se reunió en privado con figuras clave del círculo MAGA. Trump, por su parte, no ocultó su admiración por el empresario, a quien se refirió como un «hombre brillante» y «valiente». El vínculo parecía estratégicamente funcional para ambos: Musk ganaba influencia política y Trump una legitimación tecnológica.
El detonante: una ley fiscal y el ego herido
Todo cambió con la aprobación exprés de una nueva ley fiscal impulsada por Trump y su bancada republicana, conocida como el «American Prosperity Act», que incluye aumentos arancelarios del 10% al 60% y recortes al gasto público, incluyendo subsidios a energías limpias y vehículos eléctricos.
Elon Musk, cuyo emporio depende en parte de esos beneficios, reaccionó con dureza desde su cuenta en X. A las 11:20 de la mañana, compartió antiguos tuits de Trump criticando el déficit: «Sabias palabras», escribió. Veintiséis minutos después, publicó otro mensaje: «¡No podría estar más de acuerdo!», en tono sarcástico. A las 12:25 p. m., negó haber visto el proyecto: «¡Este proyecto de ley nunca me fue mostrado ni una sola vez y fue aprobado en plena noche tan rápido que casi nadie en el Congreso pudo siquiera leerlo!».
La respuesta de Trump no tardó. En una conferencia de prensa y luego en su red Truth Social, lo acusó de actuar por despecho: «Elon estaba ‘desgastado’, le pedí que se fuera, le quité su Mandato de Vehículos Eléctricos que obligaba a todos a comprar autos eléctricos que nadie más quería… ¡y simplemente se volvió LOCO!».
Musk replicó con una frase fulminante: «Qué mentira tan obvia. Qué triste».
La «bomba»
Lo que parecía una escaramuza personal se convirtió en un duelo frontal. Musk lanzó una encuesta preguntando si era hora de crear un nuevo partido que represente al centro político. Llamó a la ley de Trump el «Gran Feo Proyecto de Gasto» y predijo una recesión en EE. UU. si los aranceles se mantienen.
Pero fue más allá. A las 3:10 p. m., Musk soltó lo que llamó «la bomba realmente grande»:
«@realDonaldTrump está en los archivos de Epstein. Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos. ¡Que tengas un buen día, DJT!».
Trump, sin referirse a esa acusación, respondió defendiendo su proyecto de ley y menospreciando el quiebre: «No me importa que Elon se vuelva contra mí, pero debería haberlo hecho hace meses».
Musk continuó con otro tuit: «@SpaceX comenzará a desmantelar su nave espacial Dragon de inmediato», en aparente ironía tras las amenazas de Trump sobre cancelar contratos gubernamentales con sus empresas.
Una fractura con implicaciones globales
La ruptura entre Trump y Musk no es solo una disputa de egos. Representa una grieta dentro del mismo bloque que impulsó el retorno republicano al poder. Musk se había posicionado como un referente cultural y económico para las derechas del siglo XXI, y su enfrentamiento con Trump abre la puerta a una nueva reconfiguración del espectro político: la ultraderecha nacionalista contra el capitalismo libertario tecnocrático.
También hay implicaciones económicas: la amenaza de recesión, los aranceles generalizados y la incertidumbre en torno a empresas clave como Tesla y SpaceX podrían sacudir los mercados. Además, la acusación sobre Epstein —sin pruebas, pero con enorme impacto simbólico— ensucia aún más la imagen pública del presidente Trump, ya bajo presión judicial y mediática.
Fin de la alianza
Trump y Musk fueron, durante un tiempo, los dos polos de un mismo proyecto: romper con las élites tradicionales y redefinir las reglas del poder. Hoy, su divorcio político parece definitivo. Lo que empezó como una amistad de conveniencia terminó en una guerra de exhibición digital que puede marcar un punto de quiebre para ambos.

El dicho aquel dice algo como:
Dios los pone, Dios los quita.
En este caso, Elon lo puso, Elon lo quita.
El financió la campaña; prácticamente Elon compró la presidencia para Trump pensando en el futuro de sus empresas. Trump, hasta ahora sólo ha estado haciendo sus caprichos financieros y desenfrenando el odio racial contra quienes no son blancos de origen europeo. Producto de esos caprichos desenfrenados, Elon ha perdido gran parte de su fortuna y su prestigio por haber «comprado» esa presidencia.
Ahora, está por verse quién gana esta contienda y queda de pie.
Elon puso a Trump donde está, el podría quitarlo de ahí si se lo propone.