La abogada que defendió a presos políticos ahora libra su propia batalla contra un tumor cerebral

Durante años, la abogada Nohemí Guerrero Castrillo recorrió juzgados, delegaciones policiales y centros de detención para defender a presos políticos, sacerdotes, estudiantes y campesinos perseguidos en Nicaragua. Hoy, a sus 56 años, la mujer que acompañó a decenas de personas en momentos de incertidumbre enfrenta la batalla más difícil de su vida: una cirugía para extirpar un tumor localizado entre la base del cráneo y el cerebelo.
La intervención quirúrgica está programada para este 30 de julio en un hospital de Miami, Estados Unidos, país donde permanece desde mayo de 2023, después de que el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo le impidiera regresar a Nicaragua junto a sus tres hijos.
«Tengo temor, como cualquier ser humano», dice Guerrero a Artículo 66 desde el hospital donde espera la operación. «Soy una mujer con miedo ahorita», confiesa con voz pausada.
Así terminó en el exilio
Guerrero fue una de las abogadas que durante los años más duros de la represión posterior a 2018 representó legalmente a presos políticos y brindó defensa a miembros de la Iglesia católica, además de estudiantes y campesinos procesados por motivos políticos.

Su trabajo la convirtió en un rostro conocido dentro de la defensa de los derechos humanos en Nicaragua y participó también en organizaciones de abogados.
En mayo de 2023 decidió salir temporalmente del país junto con sus hijos para descansar después de años de tensión y miedo por las amenazas que enfrentan quienes se atrevieron a defender a las víctimas de Ortega.
«Habiendo sido liberados mis defendidos en el vuelo de los 222, decidí darme un tiempo para mí, para descansar después de todo el estrés de tantos años de lucha», recuerda.

Su intención era volver y continuar ejerciendo la abogacía. Pero no pudo hacerlo por una decisión que le fue notificada cuando intentó tomar un avión de regreso.
«Cuando quise regresar, las puertas de mi país fueron cerradas por el Gobierno», relata.
Desde entonces ha permanecido en Estados Unidos, donde ha debido empezar de nuevo.
De los tribunales a los trabajos para sobrevivir
Lejos de Nicaragua, Guerrero ya no pudo ejercer la profesión a la que dedicó gran parte de su vida.

Para sostener a su familia ha trabajado en un camión de comida, como guarda de seguridad y como empleada de la cadena de supermercados Walmart.
«He trabajado de todo un poco para poder subsistir», resume.
El diagnóstico que «me hizo sentir como si me habían matado»
La defensora supo que tenía un tumor cerebral luego de semanas de sentir intensos dolores de cabeza que no eran aplacados con ningún tratamiento, hasta que finalmente terminaron con un diagnóstico que la asustó.
«Cuando el médico me dijo que tenía esto sentí como que me habían matado. Literal. Sentí que me mataron, aunque estaba viva», confiesa.

Guerrero recuerda que los primeros síntomas aparecieron en marzo de este año. Semanas después tuvo que acudir de emergencia al hospital y los estudios empezaron a rebelar la causa. El tres de julio acudió a la cita donde le dijeron lo que tenía.
El médico concluyó que la lesión estaba creciendo que debían intervenirla quirúrgicamente. Según explica, el tumor se encuentra entre la base del cráneo y el cerebelo, del lado izquierdo.
Aunque los médicos consideran que existen buenas probabilidades de éxito y, en apariencia, la lesión no presenta características de malignidad, será la biopsia practicada después de la extracción la que determine con certeza su naturaleza.
«El doctor es bastante positivo de que puedo salir bien. Esa es mi esperanza», afirma.
El miedo de una madre
A pocas horas de ingresar al quirófano, Guerrero asegura que su mayor preocupación no es ella. Su mayor temor es no tener más tiempo para acompañar a sus hijos, uno de 20 años y el menor de 17.

«Lo único que tengo temor es de dejar a mis hijos. Quisiera estar con ellos más tiempo… Estamos solos en este país. Tengo muchas amistades que he creado aquí, pero no es fácil».
«Nicaragua volverá a ser República»
Antes de despedirse, Guerrero quiso enviar un mensaje a los nicaragüenses que permanecen dentro del país.
Dice comprender el temor que provoca la represión, pero cree que la esperanza no debe perderse.
«Como dijo Pedro Joaquín Chamorro, «Nicaragua volverá a ser República». La libertad no se puede someter para toda la vida. El anhelo de libertad y de democracia no puede ser apagado. Nada es eterno», concluyó.

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