Santo Domingo de Guzmán: la fiesta patronal que el régimen usa para proyectar «falsa normalidad»

Las festividades en honor a Santo Domingo de Guzmán vuelven a desarrollarse en medio de cuestionamientos sobre el uso político de una de las principales expresiones de religiosidad popular de Nicaragua.
Mientras la Alcaldía de Managua asumió nuevamente un papel protagónico en las celebraciones, especialistas sostienen que la dictadura aprovecha estos actos para proyectar una imagen de «normalidad» pese a la persecución contra la Iglesia católica.
La alcaldesa de Managua, Reyna Rueda, volvió a autoasignarse este año la tajona, símbolo de la mayordomía de las festividades en honor a Santo Domingo de Guzmán, y participó en la tradicional Roza del Camino, una de las actividades que marcan el inicio de las celebraciones patronales.
En paralelo, los medios y plataformas de propaganda del régimen han difundido fotografías y videos de las actividades dedicadas al santo patrono de Managua, en las que aparecen multitudes de fieles.
Sin embargo, analistas y defensores de derechos humanos coinciden en que este despliegue busca maquillar la severa represión que sufre la comunidad eclesial en el país.

El especialista en temas católicos, Israel González Espinoza, explicó en entrevista para Artículo 66 que la permisividad oficial hacia esta festividad en particular responde a un cálculo político para esconder el aislamiento internacional, el aplastamiento de las libertades y la constante persecución religiosa.
«¿Por qué el régimen permite la procesión de Santo Domingo? La razón es muy sencilla: aparentar una falsa normalidad que no existe en el país», afirmó González.
Una tradición modificada tras la crisis de 2018
González aclaró que que la mayordomía de las fiestas patronales tiene un origen histórico ligado al apoyo que determinadas personas o instituciones brindaban a las celebraciones religiosas.
«La mayordomía de las fiestas patronales recaía habitualmente en aquellas personas o instituciones que aportaban más recursos a las festividades religiosas. En el caso de Managua, y de muchas otras ciudades del país, la mayordomía era otorgada al alcalde o alcaldesa de la localidad», señaló.
González recordó que esa práctica cambió con el inicio de la crisis sociopolítica de 2018 y el deterioro de las relaciones entre el régimen y la Iglesia católica.
«Hasta 2018, la mayordomía de las fiestas de Santo Domingo recaía sobre el alcalde de Managua. Todos recuerdan las imágenes de los exalcaldes Herty Lewites, Dionisio Marenco, Alexis Argüello o Daysi Torres recibiendo de manos del cardenal Leopoldo Brenes la tajona de las fiestas, que era el símbolo de la mayordomía», afirmó.

Añadió que, tras el estallido de la crisis, la Iglesia designó como mayordomos a los párrocos de las iglesias de Las Sierritas y Santo Domingo, en el centro histórico de Managua.
Durante la pandemia de COVID-19 tampoco hubo procesión oficial, luego de que la Iglesia solicitara evitar las aglomeraciones. Sin embargo, el régimen organizó entonces una procesión paralela sin autorización eclesiástica.
«En 2023 y desde entonces, la mayordomía de las fiestas fue autoadjudicada a la alcaldesa de Managua, algo que no contó con la aprobación de la Iglesia», sostuvo.
«El régimen busca vender una falsa normalidad»
Para el especialista, la autorización de la procesión de Santo Domingo contrasta con la prohibición de cientos de actividades religiosas en otras fechas del calendario litúrgico, especialmente durante la Semana Santa.
«El régimen orteguista mantiene desde 2018 una persecución religiosa constante contra la Iglesia católica», afirmó.
A su juicio, esa política no ha impedido que el oficialismo intente aprovechar las expresiones de religiosidad popular para sus propios intereses.


«Intentan manipular la religiosidad popular del pueblo de Nicaragua mediante la creación de procesiones paralelas con imágenes religiosas no autorizadas por la Iglesia», dijo.
González considera que la permisividad hacia las festividades de Santo Domingo responde a una estrategia política.
Según explicó, las celebraciones reúnen cada año a miles de devotos que participan con profunda fe, pero el Gobierno aprovecha esa masiva asistencia para proyectar una imagen distinta a la realidad que enfrenta el país.
«Si el régimen permite la fiesta de Santo Domingo de Guzmán es porque le genera esa imagen de falsa normalidad, principalmente en un contexto de represión interna a la disidencia, persecución religiosa y aislamiento internacional», señaló.
Por su parte, la investigadora y abogada Martha Patricia Molina, autora del informe Nicaragua: ¿Una Iglesia perseguida?, también ha denunciado el uso propagandístico de estas actividades frente al encierro generalizado que sufren los patronos en los templos de casi todos los municipios del país.
«Ayer celebramos a Santiago y la dictadura únicamente permitió la procesión del santo en Nagarote pero bajo la vigilancia y coordinación de la Alcaldía. Seguramente las fotos juntos con las de Santo Domingo serán utilizadas por Su Eminencia Reverendísima Leopoldo Brenes para ser enviadas a El Vaticano junto a una carta diciendo que en Nicaragua todo está normal», señaló Molina en sus redes sociales.
Los fieles distinguen entre la fe y la propaganda
González aseguró que la mayoría de los católicos identifica la diferencia entre la tradición religiosa y el uso político que, a su juicio, intenta hacer el oficialismo.
«Los cristianos verdaderos siempre escuchan la voz de la Iglesia, sus obispos y sacerdotes. La población nicaragüense sabe que las acciones del régimen son un acto de manipulación de las conciencias», afirmó.
También sostuvo que muchas de las actividades promovidas por el oficialismo solo logran convocatoria mediante simpatizantes del partido de Gobierno y empleados públicos.
«Los católicos nicaragüenses están conscientes de dos cosas: que el régimen persigue a la Iglesia y que el orteguismo intenta manipular la fe del pueblo», agregó.

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