Padre que desenterró a su hijo en Pantasma muere por suicidio: psicóloga señala un «duelo extremo» y ausencia del Estado

La comunidad de Santa María de Pantasma está consternada tras la muerte de Héctor Geovanny Hernández, de 48 años, quien hace apenas un mes desenterró el cuerpo de su hijo adolescente y lo llevó a su vivienda en medio de una crisis emocional.
Su fallecimiento, por suicidio, deja en evidencia el deterioro de la salud mental en Nicaragua y el abandono institucional que viven miles de familias en las zonas rurales del país.
El drama inició la madrugada del 6 de noviembre, cuando Hernández, sumido en una fuerte depresión y bajo los efectos del alcohol, llegó al cementerio municipal para exhumar el cuerpo de su hijo, Héctor Armando Hernández, de 17 años, fallecido días antes en un accidente de tránsito.
Las cámaras de seguridad de un local cercano registraron el momento en que el hombre salió del camposanto cargando el cadáver. Aunque fue atendido inicialmente por personal del Ministerio de Salud, esto no fue suficiente para evitar el trágico desenlace. Semanas después, el padre perdió la vida después de ingerir veneno.

En Nicaragua, entre 2017 hasta 2021, los casos de suicidio superan los 300 por año. Actualmente, en el país no hay un registro público que lleve el pulso a este drama silente, que según los propios datos de la Organización Mundial de la Salud va en aumento en la región de América.
«No puede analizarse sin ver el contexto»: psicóloga
Para la psicóloga nicaragüense Tamara Dávila, esta tragedia solo puede entenderse desde un ángulo más amplio que combina pobreza estructural, aislamiento y un Estado que no brinda atención preventiva.
«Es imposible analizar lo ocurrido sin ver el contexto en el que surge. Santa María de Pantasma es una de las zonas más empobrecidas del país, profundamente rural, con escaso acceso a servicios públicos básicos», explicó Dávila.

La especialista sostiene que, en condiciones normales, una persona en duelo requiere acompañamiento psicológico y comunitario durante un proceso que suele extenderse al menos dos años.
Sin embargo, en Nicaragua, afirma, las familias carecen de instituciones confiables, servicios de salud mental y redes de apoyo que les permitan atravesar esas etapas sin quedar expuestas a crisis extremas.
«Este señor claramente estaba viviendo un duelo profundo y una depresión severa. La muerte de su hijo ocurre en un país donde no existe acceso efectivo a salud mental, donde no hay dictámenes transparentes ni información pública sobre accidentes de tránsito -la causa de muerte de su hijo-, y donde la gente vive múltiples duelos acumulados sin posibilidad de sanarlos», añadió.
Un país en duelo
Dávila explicó que en Nicaragua esta mezcla de duelos, que provienen de la guerra, la pobreza crónica, las migraciones forzadas y la represión política. Esto aumenta la vulnerabilidad emocional de las comunidades, especialmente en zonas históricamente golpeadas como Pantasma.
«Hay una enorme cantidad de elementos que hacen que en Nicaragua la depresión, la tristeza y los duelos estén presentes cotidianamente en muchísimas personas en el país sin que haya ninguna medida para apoyarlas», advirtió.
A ello se suma el miedo. «La gente ve cuando un vecino no está bien, pero no acude a las instituciones públicas porque no confía en ellas. Y la persona que está sufriendo tampoco busca apoyo comunitario porque también tiene miedo. Se rompen los vínculos, las redes, todo lo que normalmente ayuda a prevenir una tragedia como esta».

La psicóloga también subrayó que el consumo de alcohol, muy extendido en las zonas rurales, es un factor de riesgo que agrava las crisis emocionales.
La responsabilidad del Estado
Para Dávila, la responsabilidad principal recae en el Estado nicaragüense. «El Estado no está actuando para cuidar a la población, para prevenir enfermedades y trastornos mentales como la depresión, como el alcoholismo, ni tampoco está haciendo absolutamente nada por evitar accidentes de tránsito porque todo el aparato del Estado comandado por Rosario Murillo y Daniel Ortega está destinado a la persecución política, al hostigamiento y a la corrupción, digámoslo en esos términos, por tanto es responsabilidad del Estado».
La especialista lamentó que Nicaragua ya no cuente con organizaciones comunitarias, ONG, grupos de apoyo o redes locales que antes ofrecían asistencia psicológica básica o seguimiento a personas en duelo.
«La muerte de este padre es un reflejo de un Estado que no existe, que no garantiza la salud, que no garantiza derechos, que no garantiza el acceso a los recursos necesarios para enfrentar los problemas de la vida cotidiana».

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