Policía bicéfala: caída en desgracia de Francisco Díaz, más control y la fragmentación del poder de Ortega-Murillo

La reciente reforma para nombrar a dos jefes, con igual rango, en la Policía Nacional ha generado reacciones y críticas entre expertos, quienes coinciden en que esta medida responde a un patrón autoritario de control absoluto y deja en evidencia la desconfianza que existe dentro del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Este 27 de agosto, los diputados de la Asamblea Nacional controlada por la dictadura aprobaron sin ningún trámite la reforma parcial a la Constitución y a la Ley 872, con la que se establece el nombramiento de dos jefes de la Policía Nacional en lugar de un único director general, cargo que desde 2018 ostentaba el consuegro de la pareja presidencial, Francisco Díaz.
Artículo 66 conversó con tres expertos que dan luz sobre esta nueva reorganización dentro de una institución clave para mantener en el poder a la dictadura, bajo el control y la represión de la disidencia.
«Hay temor de sublevaciones»
El activista cívico, Donald Múñoz, explicó que la eliminación de la figura de director general único y la instauración de una doble jefatura busca precisamente minar cualquier autoridad o mando que pueda surgir dentro de la institución policial, debilitando potenciales contrapoderes.
«La dictadura está super paranoica con el tema de las sublevaciones y las conspiraciones internas. La reforma refleja un mecanismo de vigilancia mutua y sometimiento a los intereses del régimen», afirmó Múñoz.
El especialista señaló que no existe justificación técnica para la duplicidad en el mando policial, ya que mantener una sola cabeza es esencial para la eficiencia y la cohesión en cuerpos armados. Para el entrevistado, el propósito es político. «Fragmentar la autoridad y fomentar la desconfianza para impedir que algún jefe acumule suficiente poder que lo convierta en una amenaza, como ha ocurrido con figuras históricas del régimen».
La reforma impacta directamente en la figura de Francisco Díaz, consuegro de Ortega y uno de los principales operadores de la represión ciudadana desde 2018. Según Muñoz, compartir el mando con otra persona reduce el riesgo de traiciones y permite un reparto de cuotas dentro de la policía, manteniendo el control y la vigilancia férrea del régimen en estas estructuras.
Para Múñoz, esta estrategia de vigilancia no es nueva y ya se ha venido replicando desde hace algún tiempo dentro de las Fuerzas Armadas, donde se busca crear múltiples canales de control y espionaje interno, con los llamados «orejas» y «otros ojos».
«La caída en desgracia de Francisco Díaz»
Por su parte, la historiadora y exguerrillera Dora María Téllez interpreta el nombramiento de dos jefes como un signo de la caída en desgracia de Francisco Díaz, a quien, según ella, la pareja presidencial ya no considera apto para dirigir solo la policía.
«Díaz queda como una figura decorativa, mientras se nombra a un nuevo jefe policial bajo la selección directa de Rosario Murillo», indicó Téllez.
Según la investigadora, este cambio no implica grietas dentro del núcleo familiar gobernante, sino una reorganización para mantener el control total. Aseguró que el nuevo nombramiento recaerá sobre una figura de total lealtad y servilismo a la figura de Murillo.
«Los Ortega Murillo ya tienen el control total y lo van a seguir teniendo con el nuevo jefe policial que nombren. Esto se traduce a que Díaz ya no está apto para conducir la estructura policial en la soledad y ejecutar eficientemente las órdenes de los dictadores».
«Aumentará la persecución a la disidencia»
Para la activista Alexa Zamora, la reforma refleja la lógica autoritaria de Ortega y Murillo para mantener un control centralizado y expandido sobre las instituciones, incluida la policía.
Advirtió que, aunque es poco probable que ocurra una ola represiva como la de 2018, la reforma servirá para intensificar la represión contra la oposición y profundizar la erosión institucional.
«La policía tendrá un nuevo jefe incondicional que ejecutará las órdenes del régimen de manera más efectiva. Es muy probable que continúen las detenciones arbitrarias, la erosión de las instituciones públicas y aumenten los mecanismos y procesos para perseguir a la disidencia y esto probablemente estará vinculado a la reforma de la policía».

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