¡Síndrome de Estocolmo! Francisco Díaz se resigna y celebra la decisión «acertada» de Ortega y Murillo de recortarle poder en la Policía

El primer comisionado Francisco Díaz, director general de la Policía Nacional y consuegro de Daniel Ortega y Rosario Murillo, salió este jueves a respaldar públicamente la reforma constitucional y legal que impone una jefatura bicéfala en la institución policial, pese a que la medida lo relega y dispersa su autoridad.
En una conferencia brindada a medios oficialistas, Díaz salió con el comisionado general Victoriano Ruiz, jefe de la Dirección de Auxilio Judicial y quien funge como uno de los subdirectores de la Policía, para elogiar la decisión de Ortega y Murillo, a quienes llamó «Jefatura Suprema».

Aseguró que la disposición de crear dos jefes al frente de la Policía es «acertada» y que viene a «fortalecer y reforzar» el trabajo de la institución.
«¿Por qué dos jefes de Fuerzas Policiales? Esta decisión acertada de nuestra Jefatura Suprema, del comandante Daniel y la compañera Rosario, viene a fortalecer y a reforzar el trabajo de la Policía Nacional», dijo Díaz, en un tono que buscó aplaudir lo que en la práctica significa compartir el mando que durante años ejerció de forma exclusiva.
Aplausos a su propia reducción de poder
La reforma al artículo 125 de la Constitución y a la Ley 872 de la Policía Nacional establece que la jefatura será ejercida por dos directores, bajo subordinación directa a Ortega y Murillo. Con ello, Díaz deja de ser el único jefe y pasa a compartir responsabilidades, diluyéndose así su poder dentro de la institución.
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Lejos de cuestionar la medida, el primer comisionado insistió en que la reforma permitirá una Policía «más eficiente» en la prevención del delito, el combate al crimen organizado y la protección de la paz. «Esta decisión acertada de nuestra Jefatura Suprema viene a fortalecer, a consolidar y reforzar el trabajo de la Policía Nacional en todo su territorio», remarcó.
Críticas: dispersión del mando y desconfianza interna
Horas antes, en declaraciones recogidas por Artículo 66, los opositores Dora María Téllez, Alexa Zamora y Donald Muñoz advirtieron que la decisión refleja desconfianza dentro del régimen y supone una dispersión del mando. Según los críticos, Ortega y Murillo buscan evitar que un solo jefe acumule demasiado poder, debilitando la cadena de mando policial.
«La dictadura está super paranoica con el tema de las sublevaciones y las conspiraciones internas. La reforma refleja un mecanismo de vigilancia mutua y sometimiento a los intereses del régimen», afirmó Donald Múñoz.
Por su parte, la historiadora y exguerrillera Dora María Téllez interpreta el nombramiento de dos jefes como un signo de la caída en desgracia de Francisco Díaz, a quien, según ella, la pareja presidencial ya no considera apto para dirigir solo la policía.
«Díaz queda como una figura decorativa, mientras se nombra a un nuevo jefe policial bajo la selección directa de Rosario Murillo», indicó Téllez.
Según la investigadora, este cambio no implica grietas dentro del núcleo familiar gobernante, sino una reorganización para mantener el control total. Aseguró que el nuevo nombramiento recaerá sobre una figura de total lealtad y servilismo a la figura de Murillo.
Francisco Díaz «ya no está apto»
«Los Ortega Murillo ya tienen el control total y lo van a seguir teniendo con el nuevo jefe policial que nombren. Esto se traduce a que Díaz ya no está apto para conducir la estructura policial en la soledad y ejecutar eficientemente las órdenes de los dictadores».
Para la activista Alexa Zamora, la reforma refleja la lógica autoritaria de Ortega y Murillo para mantener un control centralizado y expandido sobre las instituciones, incluida la policía.
Advirtió que, aunque es poco probable que ocurra una ola represiva como la de 2018, la reforma servirá para intensificar la represión contra la oposición y profundizar la erosión institucional.
«La policía tendrá un nuevo jefe incondicional que ejecutará las órdenes del régimen de manera más efectiva. Es muy probable que continúen las detenciones arbitrarias, la erosión de las instituciones públicas y aumenten los mecanismos y procesos para perseguir a la disidencia y esto probablemente estará vinculado a la reforma de la policía».
En contraste, Díaz prefirió alinearse al discurso oficialista y presentar su relegamiento como un supuesto fortalecimiento institucional. Con ello, quedó retratada la resignación del consuegro de Ortega, convertido en vocero entusiasta de una reforma que recorta sus propias atribuciones.

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