Ortega nombra como embajador en Francia a Maurizio Gelli, el hijo del mafioso italiano Licio Gelli y su ficha en Europa

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo oficializó el nombramiento del ciudadano ítalo-nicaragüense Maurizio Carlo Alberto Gelli como embajador extraordinario y plenipotenciario de Nicaragua ante el Gobierno de la República Francesa, con sede concurrente en Madrid, España, donde ya ejerce como jefe de misión. La designación fue publicada este lunes, nueve de junio, en La Gaceta, diario oficial número 102, bajo el Acuerdo Presidencial 82-2025.
Con este nuevo encargo, Gelli acumula siete embajadas bajo su responsabilidad, una cifra que lo posiciona como el diplomático con más representaciones activas dentro del cuerpo diplomático del régimen. Su designación en París se suma a sus actuales misiones en España, Andorra, Grecia, Eslovaquia, República Checa y ante la Organización Mundial del Turismo (OMT).
Hijo del «hombre de las mil caras»
Maurizio Gelli, nacido el 25 de octubre de 1959 en Pistoia, Italia, es hijo de Licio Gelli, el polémico líder de la logia masónica Propaganda Due (P2), señalado por su participación en operaciones de blanqueo de dinero, conspiraciones políticas, vínculos con la mafia siciliana y escándalos financieros que marcaron una época oscura en la historia reciente de Italia.
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En 1999, Maurizio fue investigado por las autoridades austriacas por su presunta participación en intentos de lavar parte de la fortuna familiar, estimada en más de 1.200 millones de dólares. Aunque el caso no concluyó en una condena, su apellido quedó asociado a una de las redes de corrupción más notorias de Europa.
Nacionalización exprés y ascenso meteórico
Gelli obtuvo la nacionalidad nicaragüense el 11 de mayo de 2009, en un proceso considerado exprés. Apenas tres meses después, fue nombrado encargado de negocios y ministro consejero en la embajada de Nicaragua en Uruguay, iniciando una carrera diplomática marcada por la confianza del régimen. En 2013, fue promovido como embajador en Uruguay y en 2017 fue trasladado a Canadá, donde permaneció hasta su llegada a Madrid en 2022.

Durante los últimos años, su hoja de servicios diplomáticos ha crecido de forma acelerada. A su representación ante el gobierno español se le han sumado sucesivamente otras misiones diplomáticas concurrentes, hasta alcanzar el nuevo encargo en Francia.
Una red de super embajadores
El caso de Maurizio Gelli no es aislado. Desde hace varios años, el régimen de Ortega ha consolidado un modelo de representación diplomática múltiple, otorgando a una misma persona varias embajadas concurrentes, especialmente en países de Europa, África y Asia. Esta estrategia ha favorecido principalmente a figuras leales al partido de gobierno o con vínculos personales con la pareja presidencial.
Entre los casos más notorios están Luis Andino, exdirigente de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), actual embajador en Nigeria, quien representa también al régimen en Burkina Faso, Togo, Níger, Benín y Ghana. Otro ejemplo es Carlos Eduardo Díaz Moreira, también exlíder universitario, con varias embajadas africanas bajo su cargo. Asimismo, Tatiana Daniela García Silva, nombrada en Turquía, representa a Nicaragua de forma concurrente en Egipto. Varias de estas figuras tienen escasa o nula experiencia diplomática previa.
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Estos “super embajadores” responden a una lógica de control político antes que profesionalismo diplomático. La mayoría de estas representaciones no cuentan con embajadas físicas, personal local o actividad bilateral sostenida, y operan principalmente desde sus sedes centrales designadas por Managua.
Uso político de la política exterior
Analistas internacionales han advertido que el régimen de Ortega ha convertido su política exterior en una extensión del modelo autoritario interno, utilizando las embajadas como espacios de propaganda, control y legitimación simbólica, más que como plataformas reales de relación bilateral. Esta práctica también ha facilitado el premio político a quienes el régimen considera aliados incondicionales, desplazando por completo el principio del servicio exterior profesional de carrera.
Con su designación como embajador ante Francia, Maurizio Gelli se convierte en el rostro más representativo de esta estrategia. Su nombramiento no solo subraya la alianza del régimen con figuras de pasado turbio o cuestionable, sino que confirma la consolidación de una red de diplomáticos con múltiples sombreros, al servicio de un poder que prioriza la obediencia sobre la experiencia.

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