Resucita Alfredo César, alias «Siete Puñales», reaparece como “gurú político” y predice un «cambio democrático inevitable» en Nicaragua

Alfredo César Aguirre, conocido como «Siete Puñales» por sus hábiles y cuestionables maniobras políticas, ha reaparecido en la escena pública tras años de silencio, esta vez con un artículo de opinión publicado por La Prensa, medio que ahora opera en el exilio. La publicación marca el regreso del viejo zancudo conservador, que intenta una vez más posicionarse como analista de la política internacional y gurú de predicciones sobre Nicaragua.
César, un político de larga data y escasa confiabilidad, se presenta en su escrito como un entusiasta defensor del presidente estadounidense Donald Trump, a quien elogia por sus primeras acciones de gobierno en su segundo mandato. Retoma su vieja estrategia: venderse como un hombre con vínculos en los pasillos del poder en Washington, con capacidad de interpretar el rumbo político del continente. Su texto, sin embargo, no pasa de repetir lugares comunes del discurso republicano más radical y al final ensaya una predicción genérica sobre el destino de las dictaduras latinoamericanas, sin atreverse siquiera a mencionarlas con nombre y apellidos: las dictaduras de Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel.
«¿Podrán sobrevivir las tres dictaduras en Hispanoamérica los cuatro años de Trump?», pregunta el exzancudo, sin referirse directamente a los regímenes de Nicaragua, Venezuela y Cuba. Acto seguido, remata: «En Nicaragua debemos prepararnos para el cambio democrático inevitable, que traerá a nuestros ciudadanos el progreso en paz y libertad».
No es la primera vez que Alfredo César busca proyectarse como un interlocutor privilegiado entre Nicaragua y Estados Unidos. Durante años se presentó como un conocedor de la política norteamericana y un operador con acceso a sectores conservadores de Washington, imagen que cultivó para mantenerse a flote en la política criolla. Su partido, el Conservador (PC), sobrevivió por décadas como parte del zancudismo nicaragüense: sin votos, sin estructura real, pero con curules y financiamiento público.
César fue presidente de la Asamblea Nacional entre 1991 y 1993, en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, y después tomó las riendas del Partido Conservador, desde donde pactó reiteradamente con el Frente Sandinista. Bajo su liderazgo, el PC fue señalado por múltiples irregularidades, entre ellas inscribir candidatos muertos y migrantes en las elecciones municipales de 2012. Una investigación del programa Esta Semana documentó con evidencia cómo el partido inscribió listas fraudulentas bajo su mando aquel año.
El expresidente del Partido Conservador también exhibió su escasez de escrúpulos en los últimos años de vida de esa organización política. Después de las elecciones de 2016, por ejemplo, cuando Daniel Ortega se reeligió por tercera vez y ya con su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, César denunció que el FSLN había cometido fraude para robarle a su partido la cantidad de diputados que se habían ganado «limpiamente» en las urnas.
Tras denunciar ese «fraude», Siete Puñales dijo públicamente que no asumiría la única curul que la dictadura le estaba reconociendo, que era la suya, porque iba como primer candidato a diputado en la lista nacional, pero no cumplió.

«No reconocemos los resultados y yo no voy ejercer la diputación porque no nos reconocieron los diputados que nos ganamos por el voto popular», dijo César en 2016 después de las elecciones presidenciales.
Inmediatamente después, César argumentó una «orden» de sus compañeros de partido para asumir la curul. Años más tarde dijo que se retiraba del Parlamento, ya controlado por el FSLN, pero otra vez, volvió a dejar claro que sus actos estaban bastante largo de sus palabras: Dejó en el hemiciclo legislativo a su suplente, Wendy Guido, una joven conservadora que, siguiendo los pasos de su caudillo, se quedó como aliada de la dictadura hasta que finalmente el régimen no la quiso más y la desechó con más penas que glorias.

Se hace el «sueco»
Volviendo al artículo de Alfredo César en La Prensa, el exdiputado, en lugar de condenar el autoritarismo de Ortega, con quien pactó durante años, ahora reaparece como si tal nunca hubiera estado en las lides por donde se paseó mientras el sandinismo desmantelaba el sistema democrático y montaba su dictadura. Su texto no reconoce la responsabilidad que él mismo tuvo como facilitador de la institucionalidad ficticia con la que el régimen se mantuvo en apariencia democrática. Por el contrario, pretende asumir el papel de visionario político, anunciando que el segundo mandato de Trump traerá libertad para Nicaragua, como si no hubiese contribuido a todo lo contrario.
Desde su rol como expresidente del Banco Central, de la Asamblea Nacional y eterno dirigente del Partido Conservador, Alfredo César fue parte activa de la degradación del sistema político nicaragüense. Su retorno, ahora desde la tribuna digital de La Prensa, revive la sombra del zancudismo reciclado: figuras que sirvieron a la dictadura y que ahora reaparecen con discursos de redención y «análisis» gastados.
Con una retórica grandilocuente y un intento de reposicionarse como gurú político, Alfredo César concluye su artículo con la frase: «En Nicaragua debemos prepararnos para el cambio democrático inevitable».

La política nicaragüense es simplemente asquerosa, desde que nacemos hasta que morimos han sido las mismas figuras de siempre desde Arnoldo Alemán, Alfredo Cesar, Daniel Ortega, los Montealegre, Edwin Castro etc etc los mismos putrefactos que solo ven por sus intereses, como si estuviésemos condenados a vivir bajo el yugo de ellos.
Porque sacan a esa basura en sus noticias. Al igual que Monica Baltodano y otros criminales que han participado en todas las lineas politicas por sus propios intereses economicos, deberian de ser excluidos de estos medios para no darles ninguna oportunidad de engañar al pueblo nuevamente.