Siete años del asesinato del periodista Ángel Gahona: un crimen transmitido en vivo que sigue impune

Este 21 de abril de 2025 se cumplen siete años del asesinato del periodista nicaragüense Ángel Eduardo Gahona López, ocurrido en plena cobertura periodística en Bluefields, en el Caribe Sur del país. Gahona fue ultimado de un disparo en la cabeza mientras transmitía en vivo, a través de Facebook Live, los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas policiales durante las protestas ciudadanas contra el régimen de Daniel Ortega.
El crimen ocurrió frente a decenas de testigos y cámaras. El país entero, al igual que la comunidad internacional, observó estupefacta cómo la violencia estatal alcanzaba a la prensa en tiempo real. A la fecha, no hay justicia: el asesinato de Ángel Gahona permanece en total impunidad, y su nombre se ha convertido en símbolo de la represión, el silencio forzado y la censura oficial.
Narraba la represión y la rebelión
Ángel Gahona era el fundador y director del noticiero El Meridiano, un medio local que transmitía noticias de Bluefields y del Caribe nicaragüense. También había sido corresponsal del oficialista Canal 6. Conocido por su estilo cercano, Gahona era una figura querida respetada tanto por sus colegas blufileños como por los habitantes de la región.

La noche del 21 de abril de 2018, salió a reportear los disturbios que se daban en las afueras del complejo judicial de Bluefields. Transmitía en vivo desde su celular cuando fue alcanzado por una bala que le impactó en la cabeza. Su celular siguió grabando unos segundos después del disparo. Otra transmisión, hecha por colegas que iban detrás, captó el momento en que cayó al suelo, entre gritos y conmoción.
Juicio amañado, crimen sin castigo
Días después del asesinato, el régimen de Daniel Ortega capturó a dos jóvenes afrodescendientes: Brandon Christopher Lovo Taylor y Glen Abraham Slate. Los presentó como autores del disparo que mató a Gahona. Sin embargo, múltiples inconsistencias en la acusación, y el hecho de que la zona estaba bajo control de la Policía Nacional, levantaron sospechas inmediatas.

Organismos nacionales e internacionales —incluyendo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI)— cuestionaron la versión oficial. En su informe de diciembre de 2018, el GIEI fue contundente: «Las evidencias disponibles no sustentan que los jóvenes acusados hayan sido los responsables. Hay elementos razonables que apuntan a la participación de agentes estatales en el crimen».
Pese a la condena judicial que recibieron los jóvenes, ambos fueron posteriormente indultados, en una maniobra del régimen que solo confirmó la falta de voluntad política para esclarecer los hechos. El asesinato de Gahona quedó así en el archivo de los crímenes impunes que la dictadura de Ortega ha acumulado desde abril de 2018.
El dolor transmitido al mundo
La muerte de Ángel Gahona no solo fue presenciada por los habitantes de Bluefields. Fue vista, reproducida y denunciada por miles de personas en redes sociales. Las imágenes de su asesinato, grabadas en tiempo real, se convirtieron en un testimonio irrefutable del nivel de represión estatal que vivía Nicaragua y la crudeza con la que el peso de los fusiles empezaba a desangrar al país, en una orgía macabra que en los próximos tres meses terminaría con la vida de por lo menos 355 nicaragüenses.
La noticia estremeció al gremio periodístico nacional e internacional. Fue uno de los primeros asesinatos de un periodista en el marco de las protestas de abril de 2018 y, hasta la fecha, el caso más emblemático de la represión directa a la libertad de prensa en Nicaragua.
Todavía duele
Su esposa, Migueliuth Sandoval, periodista también y ahora desde el exilio en Estados Unidos, ha sido una de las voces más persistentes en la exigencia de justicia. En múltiples entrevistas ha recordado que Ángel solo hacía su trabajo y que fue asesinado por informar. También ha denunciado el uso del caso por parte del régimen para encubrir a los verdaderos responsables.

A siete años, no hay una nueva investigación, ni avances en el proceso judicial. El caso fue archivado como un expediente cerrado, sin condenas reales. La Fiscalía, controlada por el régimen, nunca abrió líneas de investigación que incluyeran a los policías desplegados aquella noche en Bluefields.
En Nicaragua, recordar a Ángel Gahona es también recordar la valentía del periodismo en tiempos de dictadura. Su cámara, su teléfono y su voz quedaron silenciados por una bala en la acera de una calle céntrica de la cabecera departamental del Caribe Sur.
El crimen que fue transmitido en vivo permanece como uno de los testimonios más claros de cómo la dictadura ha tratado de aplastar la verdad. Pero también es prueba de que hay testigos, hay memoria, y hay un país que no olvida.

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