Régimen de Nicaragua recula y notifica a la Corte Internacional de Justicia que desea continuar su demanda contra Israel

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo dio marcha atrás en su decisión de abandonar el caso contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y anunció que retomará la causa por las violaciones a los derechos del pueblo palestino.
En un comunicado oficial, la dictadura de Managua informó que «el 1 de abril de 2025, Nicaragua había decidido descontinuar los procesos radicados ante la Corte Internacional de Justicia relacionados con las gravísimas violaciones de los derechos del pueblo y Estado palestino». Según el texto, esta decisión se debió al «alto costo financiero» que implica sostener este tipo de procesos judiciales, especialmente para «un país en desarrollo y con las restricciones económicas que sufre Nicaragua».
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Sin embargo, el comunicado señala que en los últimos días se ha registrado «un recrudecimiento en las violaciones en contra del pueblo Palestino e inclusive en contra de los servicios humanitarios internacionales», lo cual expone, según el gobierno nicaragüense, «el atropello a todas las normas de derecho internacional por parte de Israel» y la «total complicidad particularmente de algunos países occidentales».
Frente a esta situación, el régimen anunció que, «haciendo un gran esfuerzo», ha decidido «notificar a la Corte Internacional de Justicia que desea continuar con los procesos judiciales por las violaciones de los Derechos del Pueblo Palestino». Agrega además que esta decisión fue influida por «los ofrecimientos de ayuda y colaboración» recibidos para dar continuidad a la causa ante la CIJ, sin especificar quién está detrás de esos apoyos.
Los argumentos del primer retiro
En su comunicado del cuatro de abril, titulado «Nicaragua con Palestina siempre», el régimen aseguró que descontinuaba su participación en los procesos radicados ante la CIJ «relacionados con las gravísimas violaciones de los Derechos del Pueblo y Estado Palestino», alegando «el alto costo financiero» como la principal razón. Aseguraron que seguirán apoyando al pueblo palestino «en todos los otros ámbitos a su alcance» y reafirmaron su supuesto «compromiso con el Estado de Derecho a nivel internacional».
Sin embargo, no hubo detalles sobre porqué se retiraban de un caso en el que ya habían tomado partido ni explicaciones sobre el cambio de rumbo diplomático. Tampoco se ofrecieron cifras concretas que justificasen el argumento económico. Esta ambigüedad alimentó la percepción de que se trata de un viraje táctico ante la posibilidad de una relación conflictiva con la Casa Blanca en una nueva era Trump.
En el tablero internacional, la actitud del régimen revela una combinación de miedo y pragmatismo: temen provocar a Trump y apuestan por no levantar olas mientras evalúan cuál será la nueva correlación de fuerzas.

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