Paranoia y represión: Ortega y Murillo encarcelan a exmilitares nicaragüenses por miedo a «traiciones» en el Ejército

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha intensificado en los últimos meses su estrategia de represión al interior de Nicaragua, enfocando ahora sus ataques contra exmilitares que, para el Estado sandinista, representan una amenaza potencial a su permanencia en el poder.
La detención de figuras como el mayor en retiro Eddie González, el coronel en retiro Víctor Boitano y el comandante de la Revolución Henry Ruiz evidencian el temor del gobierno a cualquier intento de disidencia dentro de las fuerzas armadas, filtración de información o traiciones de sus altos mandos militares.
Según la exguerrillera y presa política excarcelada Dora María Téllez, el caso de Eddie González es especialmente crítico. Con 67 años, González enfrenta un aislamiento extremo en condiciones precarias. Su salud, ya deteriorada por enfermedades crónicas, se ha agravado debido al maltrato y la falta de atención médica.
Noticia relacionada: Corte IDH exige la liberación inmediata de seis presos políticos en Nicaragua, entre ellos Eddie González, Víctor Boitano y Stedman Fagot
«Ha adelgazado muchísimo, está en una condición muy precaria», advierte Téllez. «Ha sido maltratado y está en una celda aislada, oscura, en condiciones de confinamiento grave», reveló en una entrevista para el podcast AHORA de Artículo 66.
Por su parte, la situación del coronel retirado Víctor Boitano es aún más alarmante. Su familia no ha recibido información sobre su paradero ni su estado de salud, lo que lo sitúa en una condición de desaparición forzada. «La familia sigue sin saber una sola palabra. No saben si está en El Chipote o en La Modelo. Es una desaparición forzada», denuncia Téllez.
Henry Ruiz, comandante de la Revolución y antiguo aliado del sandinismo, también se encuentra bajo arresto domiciliario, lo que evidencia el patrón de persecución a figuras con peso histórico dentro del movimiento. Con más de 80 años, Ruiz sufre de enfermedades crónicas y está sometido a un estrés extremo.
«Los Ortega Murillo no toleran que haya gente que se les oponga», explica Téllez. «Ellos creen que todo el que ha sido sandinista tiene obligación de arrodillarse ante ellos», remarcó.
Un régimen asfixiado por su propio miedo
Para Dora María Téllez, el encarcelamiento de estos exmilitares responde a la paranoia que domina a Ortega y Murillo. «Viven con temor a la reacción del pueblo nicaragüense, a que se reediten las grandes movilizaciones de abril de 2018. Saben que su poder se basa en la fuerza bruta y no en un respaldo popular», declaró.
Téllez destaca que el régimen teme especialmente a quienes conocen desde dentro la dinámica del Frente Sandinista y del Ejército. «Muchos exmilitares participaron en las protestas de 2018 y en los tranques. Enfrentar a estas personas es de una naturaleza distinta». Aunque Téllez considera improbable un levantamiento armado, el régimen actúa en función de su miedo, persiguiendo y castigando a todo aquel que pudiera desafiar su autoridad.
«Para la dictadura eso no es un asunto de probabilidad, sino que es un asunto de su propio miedo. Si él siempre van a tener miedo de la reacción del pueblo nicaragüense», recalcó.
En el caso de Ruiz, la analista política insistió en que la inconformidad es por su oposición a los codictadores. «Y esa es la razón por la cual lo tienen en esa condición de casa por cárcel, porque también tienen temor de que él eh pueda tener contacto dentro del Frente Sandinista o pueda tener simpatía dentro de gente del Ejército y eso les preocupa», apuntó.
Saña contra disidentes
Los recientes arrestos de exmilitares se suman a una larga lista de figuras históricas del sandinismo que han sido perseguidas por el régimen. Dora María Téllez, Hugo Torres y Víctor Hugo Tinoco, quienes fueron parte de la revolución que llevó a Ortega al poder en 1979, también fueron encarcelados en el marco de la represión política.

Hugo Torres, capturado el mismo día que Téllez, falleció en prisión bajo custodia policial por la falta de atención médica y las condiciones deplorables en que estuvo detenido. Su muerte, como la de Humberto Ortega, quien falleció tras un periodo de cuatro meses de arresto domiciliario, demuestra que el régimen no solo utiliza el encierro como un castigo, sino que además lo convierte en una sentencia de muerte para los opositores de edad avanzada. «En la cárcel no importa si estás enfermo, te dejan morir», sentenció Téllez.
La dictadura Ortega-Murillo ha convertido la represalia en una política de Estado. La paranoia dinástica que los consume los ha llevado a cerrar filas y a sofocar cualquier indicio de disidencia, incluso dentro de sus propias estructuras. Sin embargo, como subraya Téllez, «el régimen no tiene para dónde correr», y el repudio del pueblo nicaragüense sigue creciendo, acortando el margen de maniobra de la dictadura.

Comentarios