Tres poemas «críticos» para Rosario Murillo, la coordinadora del «Vamos con todo»

La codictadora de Nicaragua, Rosario Murillo, ordenó a los maestros que sus estudiantes, en el marco del Día Internacional de la Mujer, escribieran sobre «heroínas», incluyéndose ella misma entre las figuras prominentes del sandinismo. En un país donde el culto a la personalidad se impone como deber escolar, en Artículo 66 decidimos responder con ironía, pero abriendo la plaza a los lectores.
Si el régimen exige alabanzas forzadas, nosotros abrimos un espacio para que nuestra audiencia escribiera sobre Rosario Murillo con absoluta libertad. Invitamos a nuestros lectores a enviar sus textos, sin restricciones de género o formato, y el resultado ha sido una serie de escritos donde la sátira, el sarcasmo y la crudeza pintan un retrato muy distinto al que la dictadura pretende imponer.
Aquí les compartimos tres poemas más inspirados en Murillo enviados por tres lectores de Artículo 66, que por razones de seguridad algunos recurrieron al anonimato.

«Vamos con todo »
Hay gritos y balas en todas direcciones. Camina en cuclillas entre los matorrales, en medio del caos. De repente, siente un fogonazo que le recorre el cuerpo. Cae sobre su costado derecho, baja la mirada y observa una pierna incompleta que escurre sangre. Cumplía su segundo año de servicio militar obligatorio cuando la mina antipersonal le amputó la extremidad. Tenía 19 años.
Ahora, con más de 50, es empleado público y camina con ayuda de una prótesis. No le gusta recordar esos días de guerra; le incomoda que le pregunten sobre la pierna cercenada. Nunca quiso disparar un arma, lo obligaron, de la misma forma que ahora lo obligan a reprimir a los manifestantes. «Vamos con todo por instrucciones de la compañera», indica el WhatsApp grupal que acaba de recibir.
La cita es para el día siguiente en el Estadio Nacional. Pasa la noche en vela, atormentado por recuerdos que creía superados. Por la mañana, incrementa la ansiedad con cada sorbo de café. Moja la galleta simple dentro de la taza antes de llevársela a la boca con mano temblorosa. Termina el desayuno, guarda el arma que le asignaron dentro del pantalón y sale rumbo al punto de encuentro por las calles aún oscuras.
Autor: El Danto
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Para ti compañera
Mujer, tú eres ser de luz, estrella de la mañana. La seguridad de tu voz al hablar cada mediodía me confirma los intensos temores que recorren tu ser. La pausada y, a veces, cansada pronunciación de tus proclamas me recuerda el aliento de los moribundos, esforzándose por decir sus últimas palabras.
Por eso, las tuyas no solo se graban en los códigos digitales, también en la memoria de los nicaragüenses, que —te aseguro con la certeza de que el sol sale todos los días— nunca se olvidarán. Y serás recordada, compañera, como la mujer que más daño le ha provocado a toda una nación, capaz de todo lo malo posible. Son testigos de lo que dijo tu cuñado, que tuvo miedo a morir y murió por el poder de tu mano, y también tu hija, la que testifica el horror de ser abandonada por su madre y ver cómo te quedabas con el agresor, el violador.
Compañera copresidenta, sé que tu captor, el comandante, siempre te ha opacado. No quiere que seas «presidenta» y, de consuelo, te ha dado la copresidencia. Lo noto en tus discursos de la sección El chingaste, con la compañera Rosario, que hábilmente presenta un medio de comunicación digital. Hablas al final, después de las palabras de Daniel, el nombre que te ves obligada a repetir. Sé que eso te quita la paz y la felicidad que tienes derecho a gozar.
Reflexiono e imagino tu cuerpo cansado en las noches, a la orilla de tu cama. Miras la pared de tu cuarto y, en las fotos de familia, está ausente tu hija. Esa que te convirtió en madre. La que provocó un cambio en tu cuerpo y en tus sentimientos, la que te hizo sentir los «dolores de parto» la que seguramente «pariste con dolor». Ella no está, pero aún podría estar a tu lado, abrazarte y decirte:
—Mamá, te perdono. No he dejado de amarte. Hoy te perdono por lo que me hiciste, quiero que construyamos nuevos recuerdos.
¿Cómo será eso? —diría un amigo periodista.
Hoy, Día de la Mujer, empodérate, ponte tu pañuelo distintivo de mujer, alza tu voz. Que tu coraje sea tu fuerza, que tu empeño por ser la pupila en los ojos de los nicaragüenses brille. Levanta tus manos, seguras, rompiendo las cadenas donde sigues atada, en esa sombra que te opaca, la oscuridad de Daniel, el comandante, que nunca te ha dejado ser… ser tú misma.
Aprovecha, heroína de sangre indígena, y cuenta con tus palabras, sobre todo esas con las que melodiosamente denigras y ofendes con múltiples y variados epítetos. Relata la verdad del abuso que sufrió tu hija, en manos de tu captor, en las garras del agresor del fruto de tu vientre, milagro de la vida.
Cuenta, compañera, y hazte libre diciendo la verdad. El abuso de Daniel podría ser un buen titular… no sé, es solo una idea. Tú, ser de luz, estrella de la mañana, iluminada por las llamas del fuego consumidor del infierno que vives… Hoy, Día de la Mujer, rompe el silencio y cuéntanos la verdad, tu verdad.
Hoy decidí escribirte. Ante tu solicitud de ser enaltecida, hoy te coloco en el pico del monte de Sodoma, para que le hagas compañía a Edith y seas recordada por siempre en lo más alto del horror que sufre nuestro país.
Por: José Delgado

A ti flor marchita
A ti, que ennegreces cada día el alma de muchos,
A ti, flor marchita, que nos llamaste «puchos»,
A ti, anciana siniestra que aparentas calma,
Te dedico mis versos desde el fondo de mi alma.
Siempre ordinaria fuiste, aunque ahora de escarlata te vistes.
¿De qué te sirve tu preparación, si eres una total decepción?
Siempre presidenta quisiste ser,
No te quedó más remedio que trabajar
Detrás de la sombra de Daniel,
La pareja perfecta de gobierno,
Como sacados del mismo infierno.
Te crees muy poderosa
Y vives en total engaño.
Según tú, eres hermosa…
¿Quién te ha hecho tanto daño?
De tu boca de culebra,
En tus pláticas de mediodía,
Te burlas y celebras
Semejante tiranía.
El karma llega tarde o temprano,
¿Llegará mientras estés acá?
No le importa si es invierno o verano,
Y, si no, llegará en el más allá.
Dicen por ahí
Que trabajas la brujería.
Pobre de ti,
Con la hechicería…
Recuerda que en los cielos no hay paso,
Estás destinada al fracaso.
¿De qué te sirve el poder,
Si igual vas a arder?
El Dios vivo te habla,
Pero no lo quieres entender.
Humillación e hipocresía
Te describen fácilmente.
¿Pena da tu vida,
Mujer mala e indecente?
Y ya con esto me voy despidiendo,
Porque si no, nunca acabaría.
Pero te dejo corriendo
esta magnífica melodía.
A cada cerdo le llega su sábado.
Tiembla y sigue teniendo pesadillas,
Que esto aún no ha acabado,
Hasta que dobles tus rodillas.
Al Altísimo, porque, si no es así,
Déjame decirte que… pobre de ti.
Por: Némesis Escarlata
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Qué más poema, que la tragicomedia que es la estirpe sangrienta de los ORMU. Será Un poema final el final de los ORMU, a lo Ceçescu o Mussolini en un majestuoso drama Nazi-Fascista a lo Wagneriano. Le vendieron el alma a Mefistófeles, sin comprender que el final será el mismo que tuvo Fausto.