Sexto aniversario del Diálogo Nacional: oposición fue a dialogar «de buena fe» y Ortega a ganar tiempo dice J.S. Chamorro,

Eran aproximadamente las 10 de la mañana de aquel miércoles 16 de mayo, cuando un numeroso y fuertemente armado dispositivo policial y militar, desplazándose a la carrera y visiblemente tensos, anunciaba la llegada de dictador Daniel Ortega a las instalaciones del Seminario Arquidiocesano de Managua, donde ya estaba instalada la representación de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) para iniciar el primer «Diálogo Nacional», en el contexto de las protestas ciudadanos contra la dictadura.
La entrada de Ortega estuvo marcada por un simbolismo histórico. Cuando entraba al salón donde se daría la reunión, decenas de estudiantes empezaron a gritarle «asesino, asesino…». Es la primera vez que le gritaban en su cara a Ortega «asesino».
Tras 29 días de manifestaciones y levantamientos populares prácticamente en todo el país, y al menos 60 asesinados, hasta ese momento, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) convocó al primar Diálogo Nacional, donde la ACJD, que en ese momento reunía a todos los grupos opositores, que habían surgido en el fragor de las protestas, y el Gobierno, se sentaban frente a frente para dialogar y buscar una solución a la crisis.
Así se instaló ese diálogo que para algunos opinadores fue «fallido» y para otros fue oportuno; que dejó fracasos y logros, aunque las dos principales demandas fueron ignoradas por la dictadura.
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Además, otros analistas señalan que ese diálogo en sí, fue una cortina de humo que lanzó Ortega para ganar tiempo, organizar los grupos de paramilitares y lanzarlos contra la población.
Las principales demandas que puso sobre la mesa la Alianza Cívica eran, en principio, el cese de la represión, la entrada al país de organismos internacionales de Derechos Humanos, justicia para las víctimas de la represión, y sobre todo, la democratización del país, que incluía adelanto de elecciones generales para el 2019, renovación del Consejo Supremo Electoral, reformas a la constitución Política de Nicaragua que abarcaba la no reelección y a despartidización de la justicia.
Ortega, por su parte solo pedía el levantamiento de los «tranques», las trincheras que hizo el pueblo en cada barrio para protegerse de los paramilitares.

En medio de los dialogantes estaba la CEN, con todos sus obispos, como mediadores y garantes de los acuerdos que ahí se lograran. Los lideres religiosos al aceptar mediar en ese diálogo advirtieron que, si los encuentros entre oposición y Gobierno no daban frutos positivos en 30 días contados a partir de la primera reunión, se retirarían del Diálogo.
La inauguración no podía ser más tensa. Ortega, su mujer y segunda al mando de la dictadura, Rosario Murillo, y su asesor para temas económicos y Bayardo Arce, presidían la mesa del Gobierno, y frente a ellos, la Alianza Cívica, donde destacaban caras como el recientemente fallecido intelectual Carlos Tünnermann, el universitario Lésther Alemán, la feminista Azahálea Solís, el economista Juan Sebastián Chamorro, ente Otros.
Los mediadores y garantes dieron la bienvenida, elevaron sus plegarias para el buen término de la reunión y cedieron la palabra a Daniel Ortega y justamente cuando el dictador empezaba a hablar fue que se dio el hecho más altisonante de ese diálogo. El joven universitario Lésther Alemán lo interrumpió y lo conminó a rendirse, a entregar el poder y lo llamó asesinó.
«Esto no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida», le espetó cara a cara el universitario al dictador Ortega.
Logros y fracasos
La ACJD presionó durante las sesiones del Diálogo porque la dictadura Ortega-Murillo aceptara todos o al menos la mayoría de los puntos demandados, pero Ortega no cedió.
Un mes duró ese diálogo y cuando ya faltaban horas para que se cumpliera el plazo dado por la CEN para alcanzar acuerdos o se retiraban de la mediación, cuando de la mesa de diálogo salió humo banco, aunque más que blanco era gris, porque los acuerdos alcanzados no tocaron ni de refilón las demandas principales: la democratización del país y adelanto de elecciones»
El gobierno de Ortega y la Alianza Cívica acordaron el ingreso al país de manera «inmediata» de organismos internacionales de derechos humanos, y la creación de una comisión para un eventual levantamiento de los tranques que tenían paralizado al país.
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Inicialmente, el régimen de Ortega no aceptó ninguna de las propuestas de la Alianza Cívica, que exigían la invitación al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas (ONU), y a la Unión Europea (UE).
El gobierno cedió en lo referente al ingreso de la CIDH, del alto comisionado para Derechos Humanos de la ONU y la Unión Europea, pero también conseguía involucrar a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), timoneada por Luis Almagro, al proceso.
El acuerdo también estableció la creación de una «Comisión de Verificación y Seguridad», en cuyas funciones tendría la elaboración de un plan «para la implementación a la brevedad posible para la remoción de los tranques». Y hasta ahí llego el primer dialogo. El dictador no cedió más nada.
Juan Sebastián Chamorro: «Ortega se burló de la comunidad internacional»
En resumen, el primero diálogo nacional que se desarrolló con Nicaragua paralizada por las protestas no puede calificarse de exitoso, han dicho analistas, pues se logró poco y eso poco que se logró, Ortega lo cumplió a medias o simplemente no lo cumplió.
El exreo político Juan Sebastián Chamorro, uno de los protagonistas en el primer Diálogo Nacional, salió en defensa de lo que se logró en esos encuentros con la dictadura, y dijo que no se le puede calificar como «diálogo fallido» pues fue precisamente en esas reuniones que se logró la entrada al país de las principales organizaciones internacionales de derechos humanos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y se invitó al Alto Comisionado de Derecho Humano de las Naciones Unidas ACNUDH.
Chamorro destacó que la importancia más visible de la llegada al país de los organismos de DD.HH. es que gracias a su trabajo realizado en Nicaragua y a que pudieron comprobar de primera mano la represión es que se logró documentar pruebas para las acusaciones por crímenes de lesa humanidad contra la dictadura.
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«No hubiera sido posible la documentación de todos estos delitos, sin el acuerdo del Diálogo Nacional», recalca Chamorro.
Chamorro rememoró que los acuerdos alcanzados en ese primer diálogo, se logaron «bajo mucha presión. Nosotros amenazamos con retirarnos de la mesa si esto no se hacía, al final ellos (el Gobierno) no regresaron más a la mesa, fue el régimen el que, en ese primer diálogo nacional, se levantó de la mesa trabajo, como consecuencia de la llegada de los organismos, que ahora, años después, están sirviendo como evidencia contundente, comprobable, documentada por terceros, para los casos de delitos de lesa humanidad», sostuvo el dirigente político.
Diálogo desenmascaró a Ortega
Para Chamorro, desde el punto de vista de la democratización del país que era una de las demandas principales de la oposición «los resultados no fueron los que esperábamos y esto no fue por culpa de la oposición, de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, sino que esto ocurrió así porque desde un principio la dictadura no tenía intenciones de ceder nada con relación a libertades políticas, adelanto de elecciones o reformas electorales».
Recordó que tampoco quisieron abordar ese tema en el segundo diálogo. «Entonces, como enseñanza aquí estamos viendo una dictadura que básicamente se burló de la comunidad internacional y del pueblo nicaragüense, porque nosotros estábamos negociando de buena fe, en la búsqueda de un buen resultado, que obviamente no se llegó.
«Yo creo que cuando ellos se levantaron, se quitaron la máscara de lo que son en realidad: una tiranía que no quiere soltar el poder bajo ningún costo, y en eso también sirvió la mesa del diálogo nacional, para desenmascararlos», enfatizó el dirigente .de la Alianza Cívica.
Finalmente, Chamorro instó a los colaboradores de Ortega, que todavía lo acompañan «que abandonen ese barco, que está condenado al hundimiento y los que se vayan con él se van a ir a la profundidad de la ignominia, de la injusticia, de la vergüenza histórica. Todavía están a tiempo de cambiar el rumbo y estar del lado correcto de la historia», concluyó.

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